21 octubre 2014

Capitulo 89 Alma, Corazón y Vida






Me quedé mirándolo entre sorprendida y asustada. No entendía muy bien si lo que me decía era en serio o no, o si yo estaba delirando o algo así. Jamás lo había escuchado decir tantas cosas  ni mirarme de esa manera. Pestañeé y me di cuenta que tenía que dar una respuesta a eso que todavía no alcanzaba a entender, y que él esperaba esa respuesta. Tomé aire con lentitud y bajé la mirada.
-Yo…-comencé a decir, aunque no sabía cómo seguir. Tomé aire nuevamente.
-¿Qué pasa Mercy? ¿No…no querés?
Sentí el miedo en sus preguntas, pero no supe qué hacer.
-No sé.
Esta vez, el sorprendido fue él y me arrepentí de haber hablado y decir la respuesta que le dije, así que me sacudí la confusión para que no se sintiera mal por mi culpa.
-Esperá, dejame que te explique.
-No, no importa…
-Ey, Rich. –le tomé las manos y lo obligué a mirarme-En serio, dejame explicarte.
-Es que…no tendría que habértelo dicho, sabía que me contestarías eso porque es muy precipitado. Perdón. Creo que será mejor que me vaya.
-¿Qué? Vos de acá no te movés. –le agarré las manos con aún más fuerza.-¿Cómo se te ocurre pedir perdón por eso? A ver…sí pienso que es un poco rápido, por eso me quedé colgada, no me lo esperaba en absoluto.
-Lamento haber sido un poco bruto para decírtelo.
-Nunca sos bruto, al contrario, sos lo más dulce que hay. –le tomé la cara para darle un profundo beso, en el que sentí que el mareo por la propuesta desaparecía dejando lugar nada más que a claridad: por supuesto que quería casarme con él, por supuesto que quería clavar mi vida a la de él.
-Sí.
-¿Sí qué?
-Que sí. Que quiero casarme.
-¿Vos me hablás en serio?
-Ay, Starkey…-suspiré conteniendo la risa-Sí, te hablo en serio. ¿O ya te arrepentiste?
-Para nada. –sonrió-¿Entonces sí?
-Que sí…
-¿Estás segura?
-Sí, sí, sí, ¿te lo digo en chino también?
-No hace falta. –sonrió otra vez, y me dio un suave beso.
-¿Es verdad todo lo que me dijiste? Mirá que vas a tener que aguantarme, eh.
-Lo mismo digo. Pero quiero estar con vos siempre, aunque te aburras o te canses de mí.
-Eso jamás pasará, te lo juro. Nunca me voy a cansar de quererte.
Me acarició el rostro, pensativo.
-Me hace feliz escuchar eso, señora Starkey.
-Uy, señora…-reí y me tapé la cara-Qué vieja me voy a sentir.
-Doña Starkey será peor –dijo uniéndose a mis risas-Mercy Starkey suena muchísimo mejor, ¿no?
-¿Y por qué yo tengo que ser Mercy Starkey y vos no serás Richard Wells, eh? Me parece injusto.
-Salió la feminista…Mejor sigamos como estamos.
-¿Qué? ¿Ahora no nos casamos nada?
-No, me enojé. –se cruzó de brazos, aunque le costaba ponerse serio. Le di un beso en la mejilla.
-Vamos, no se enoje señor Wells. –susurré, y él amplió su sonrisa para abalanzarse sobre mí y darme un gran beso.








Despertarme al día siguiente y entender, por fin, todo lo que había ocurrido la noche anterior, me paralizó, pero luego me inundó de una alegría tan grande, pero tan grande, como nunca había sentido, algo que borró mi cotidiano malhumor de las mañanas. Me iba a casar….Algo que era tan común, lógico, obvio, esperable, impuesto, normal que le sucediera a cualquier chica, pero que no era ni común, ni lógico, ni obvio, ni esperable, ni impuesto, ni normal, que me sucediera a mí. Sobre todo esperable. Vamos, que mi familia ya me veía en un convento o rodeada de gatos.
Más allá de lo raro que podía parecerle a todos, a mí más que raro me parecía extraordinario. No sé si muchas podían decir que se casarían con el amor de sus vidas, o que compartirían esa vida junto a ellos, como en los cuentos infantiles. Yo podía asegurar que era una afortunada. Y en ese momento, levantándome y sintiendo el calor y la luz del sol en la cara, quería seguir viviendo mi cuento, un cuento en el que las había pasado feas y jodidas, y que por fin tenía final feliz. O principio. Sí, principio era mejor, mucho mejor. Y aún mejor era que para nada quería pensar si el cuento seguiría feliz o si se iría poniendo gris y gastado como la mayoría de las cosas de la vida. Mi cuento era mi presente, y mi presente era el más lindo que podía tener.
Todo ese globo inflado de filosofía barata se pinchó, claro que sí, al recordar que tenía que ir a ver a la viuda de Smitch. Si bien esa visita podría traerme otra alegría más, la confirmación de que me quedaría en mi negocio, tener que ver  a alguien que había perdido hacía muy poco a alguien querido (o no, eso no lo sabía) y andar presentando condolencias, no era muy agradable. Hablando en bruto: me la bajaba terriblemente.
Suspiré y me vestí con ropa oscura y empecé a prepararme el desayuno. Casi me puse a llorar al ver que pronto se me acabarían las excusas para aprender a cocinar. Si es que mi abuela tenía razón cuando me decía que cuando me casara, lo único que importaría sería que supiera cocinar. Nunca le hice caso, claro, yo qué sabía que me iba a casar.
Antes de llegar a la casa del finado Smitch, pasé por la tienda en la que trabajaba Juliet. Disimuladamente miré los vestidos de novia, pero me mareé. No le dije nada sobre el tema, sólo la saludé y compré, por fin, una campera azul con lacitos que me gustaba y que nunca podía comprar por falta de dinero en el bolsillo. Así, un poco más optimista y sobre todo, más despierta, llegué a la casa de la viuda. Todas las ventanas estaban cerradas, por lo que casi salgo huyendo de no haber sido por un dedo desobediente que tocó el timbre. Enseguida abrió la puerta una sirvienta, que me miró de arriba a abajo. Ahí recordé que no me había peinado, un pequeño y gran detalle. Intenté remediarlo con una sonrisita inocente, que no causó efecto alguno porque la mujer siguió mirándome mal.
-Soy Mercy Wells, venía a hablar con la señora por el asunto de…
-Pase. -dijo interrumpiéndome y haciéndose a un lado para que entrara. Desapareció sin decir nada más, dejándome ahí parada y sosteniendo con manos temblorosas la bolsa de la tienda. No había practicado qué decirle por la muerte de Smitch, ni qué decirle si me informaba que  vendería todo. Si eso pasaba, quería ser educada y parecer comprensiva con lo que le había ocurrido, pero sin haber practicado un pequeño discursito, lo único que me saldría sería un impulsivo “Vieja cornuda usted es igual que el muerto de su marido” y eso no sonaba muy educado y diplomático.
Desde otro ambiente de la casa tronaba el “Invierno” de Vivaldi. “Ay señora no me la complique tanto”, pensé. Al fin apareció la mujer, bajita y flaquita como yo, aunque mucho más arrugada, claro. Vestida completamente de negro, lo único que resaltaba de ella eran los dientes blanquísimos de su sonrisa al verme.
-¿Así que sos la chica Wells? Sentate. –señaló uno de los sillones, también negros. Parecía que toda esa casa respiraba luto.
-Siento mucho lo de su esposo, me imagino cómo se sentirá y…-asintió con la cabeza y con una mano, señalando otra vez el sillón. Me dio pena, se notaba que ya estaba harta de que le dijeran lo mismo. Me senté frente a ella con la bolsa de la tienda sobre mi regazo.
-No te haré perder mucho tiempo, Mercy. Sé que mi marido te dijo que vendería todo.
-Sí, así es.
-Era una idea pésima, se lo dije cientos de veces. Pero insistía en que se quería ir, nada menos que a Las Vegas. Estaba fascinado con ese lugar, y yo sabía que nunca se adaptaría, pero no había forma de hacérselo entender. A mí me parece una ciudad horrible, ¿a vos?
-Ehh…no sé, nunca fui.
-No perdés nada. Ahora, pobrecito, ya no está y esa loca idea no la cumplirá.
Asentí, por la mente se me cruzó si ella no lo habría matado. La miré bien, no parecía capaz de hacer algo así, pero nunca se sabía. Después pensé que estaba traumada con las novelas de crímenes.
-Como estarás suponiendo –prosiguió–yo no llevaré a cabo semejante cosa, así que me quedaré en Liverpool, o quizás viajando a Londres, o a París…¿Has ido a París?
-No, tampoco.
-Probá ir un día, es una ciudad encantadora. ¿Estás casada?
-Lo haré pronto. –me sentí rara porque ella era la primera en saberlo.
-Andá con tu marido, pero mientras sigan enamorados, sino te mandará a comprar ropa y él se quedará durmiendo. Todos hacen lo mismo.
-Ah.
-Bueno, lo que te quería informar era que no venderé. Así que podrás seguir donde estás, siempre y cuando pagues, claro.
-De eso no se preocupe. –sonreí, tratando de que fuera una sonrisa chiquita, que no delatara mi alegría. Eso chocaría con el clima de la casa. –Gracias señora.
-No hay nada que agradecer, no hice nada. –se encogió de hombros–Cuando el abogado tenga todo listo, te llamará para que vengas a renovar el contrato.
-De acuerdo.
-Bien, era eso, siento si te molesté con otras cosas que no venían al caso. Suerte con tu matrimonio.
Me despedí, agradeciendo internamente que no se haya puesto a llorar o recordar sus años felices con Smitch porque ante esas cosas me desesperaba y no sabía qué hacer.



Tanto muerto me condujo inevitablemente al cementerio. Entré indiferente, como quien entra al supermercado chino de la vuelta de su casa. A unos metros de la puerta, sentada en un banquito, una nena de no más de ocho años bostezaba y me contagió. Me acerqué a ella cuando me percaté de que estaba rodeada de jarrones con flores. Miré a todos lados, estaba solita.
-¿Querés flores? –dijo desperezándose.
-¿Estás sola? –otra vez miré a todos lados.
-Mi madre anda por ahí, creo que fue al baño
-Ah, pensé que encima que te hacen trabajar, te dejan sola en un lugar como este.
-No me da miedo, están muertos.
Reí y busqué dinero en los bolsillos
-Dame algunas flores amarillas, cualquiera.
-¿Y a vos no te dan miedo? Porque también estás sola. –dijo mientras sacaba las flores de distintos jarrones.
-No, tampoco.
-¿Y a qué viniste? Hoy es día de semana, no anda nadie.
-Vine a ver a mi papá. Bueno, ver es una forma de decir.
-¿Es su cumpleaños?
-No, vengo a decirle que me voy a casar.
-Tenés suerte, te casás y tu padre no podrá decirte que no le gusta tu novio.
Solté una carcajada que supongo resonó en todo el cementerio. La maldita cría tenía razón. Agarré las flores perfectamente envueltas en un papel gris  y le pagué, dejando que se quedara con el cambio. La vi sentarse otra vez y bostezar, mientras yo me alejaba por uno de los caminos empedrados, todavía riéndome.
-Hola pá, traje flores. Bueno, es un poco inútil esto de las flores, ya lo sabés, pero…en fin.
Suspiré  y comencé a acomodarlas en un florerito. Justo había una botella plástica abandonada al lado de otra tumba, y estaba hasta la mitad de agua de lluvia.
-Esto tendrá un dengue que te morís. –comenté, y enseguida reí porque decirle eso a alguien que ya estaba muerto no era muy acertado, y también porque recordé a la nena de la entrada. Me quedé sentada en la tierra, mirando la extrema cantidad de cruces, placas, monolitos, y estatuas, que se extendían hasta donde alcanzaba la vista. Era propiamente la ciudad de los muertos, si algo se movía, era por el viento.
-Bueno, no sé muy bien a qué vine….-susurré-Anoche Richard me propuso casamiento. Acepté. Hice bien, ¿no? Creo que te caería bien como yerno, además me cuida casi demasiado y eso sé que te gustaría. Me…me hubiera gustado mucho que te hicieras el enojado con él como hacías cuando era niña y algún chico me decía algo, já. En fin, ya te diré qué tal va todo. Sería lindo que estuvieras pero…bueno, eso.
Otra vez  me quedé en silencio, hasta que sentí que algo me tocaba un hombro.
-Hola fea.
-¡AAAAAAAAAAAAAAHHHHHHHHHH!
John se dobló de la risa, y me puse de pie y le arrojé un puñado de tierra en el pelo, cosa que pareció no importarle.
-¡Ay, cómo te asustaste! –siguió riendo, ya secándose las lágrimas.
-¡No es chistoso, pedazo de idiota! –grité indignada-¡¿Cómo me vas a asustar así?!
-Uy, olvidé lo de los infartos –trató de ponerle seriedad a sus palabras, en vano.
-Ya veo que te olvidaste.
-¿Pero estás bien?
-Sí.
-Y bueno, ¿de qué te quejás?
-¡Ay John, te juro que a veces me da ganas de agarrarte del pescuezo como a las gallinas!
-Dejá de gritar, estás en un cementerio, no respetás nada. ¡Auuu! ¡Más tierra, no!
-Te tendría que llenar el culo de tierra también.
-Epa, epa, no te pases que tampoco fue para tanto. –se sacudió el cabello, escupió dos veces.
-Puta madre, ya ni en el cementerio una puede estar tranquila, no tengo paz nunca.
Soltó una risita al verme rezongando por lo bajo.
-¿Me seguiste o qué?
-No, vine y ya me estaba yendo y justo te vi. Es fácil encontrar vivos acá jaja. Parece que hoy es día de visitas a los padres.
-A mí me parece que es día de sustos. Tomá, llevá esto. –le arrojé las flores secas y medias podridas en el papel de las flores nuevas. Las miró con asco y las tiró al suelo. Sólo suspiré fastidiada, si le decía algo más, terminaríamos más peleados aún. Me siguió caminando un par de pasos por detrás.
-Ay, ¿por qué tan apurada? No te alcanzo.
-Mejor.
-Pero Mercy, sólo me acerqué a saludarte…
-¡No mientas!
-Bueno, bueno, no te alteres. Está bien, perdón. ¿Es eso lo que querés oír? Perdón, perdón, perdón, perdón, perdón, perdón, per…
-Basta.
-¿Me perdonás?
-No sé.
-Uy, qué dura estás. ¿A qué viniste? Tengo entendido que jamás lo hacés.
-Y yo tengo entendido lo mismo sobre vos.    
-Vine a ver a Julia. Le conté sobre…bueno, mis proyectos.
Me paré en seco y lo miré, él hizo lo mismo pero más desconcertado.
-¿Qué proyectos?
-Lo que sabés, la banda, que voy a ser padre, que me voy a juntar…¿por qué preguntás eso?
-Por nada. Yo vine a algo parecido también.
-Conexión de hermanos, no me lo niegues. –comenzó a caminar despacio y lo imité–Justo el mismo día, a la misma hora. ¿Y cuáles son tus proyectos?
Se me escapó uina sonrisita, y miré el suelo.
-Me caso.
-Pff y yo soy el nuevo papa Juan XXIII.
-Te hablo en serio.
-Y yo también, voy a ser Papa.
-Richard me lo propuso anoche, y yo acepté.
-Mierda. Pensé que todo era producto de tu imaginación. ¿Ese tarado se va a casar? ¿Y encima con vos?
-¿Y con quién querés que sea? Y no le digas tarado.
-Ese traidor ahora encima se casa con vos.
-No empieces, al final nadie te entiende: si no me daba bola, lo querías matar, cuando me dio bola, lo querías matar, ahora que quiere hacer todo en serio y se quiere casar conmigo, también lo querés matar. ¿Ves que sos loco?
-Lo sé y no me quejo. Así que aceptaste.
-Claro.
-Já, quiero ver eso, vos casada. Es un hecho insólito, digno de un documental. Bueno, felicidades.
-Gracias John, sé que lo decís en serio aunque trates de que no lo parezca.
Rió entere dientes y me dio un golpecito en el hombro.
-Me alegro de que te des cuenta, y de que te cases. En serio, hermana horrible.
-A veces sos bonito, eh. Aunque me des sustos de muerte. Ey, ojo que la nena de la entrada es muy bicha. Va a pensar que mi novio sos vos.
-La conozco, vive cerca de los Harrison y una vez casi me roba una bolsa de caramelos que iba comiendo por la calle. Parece yo.
-Pobre criatura…
-¿Y por qué va a pensar que soy tu novio? Qué horror.
-Le dije que me casaba.
Sin embargo, John no hizo caso, obvio. Pasó caminando delante de la nena agarrándome de una mano y diciéndome “mi amor” mientras la nena tironeaba a su madre y nos señalaba. Lo odié mucho.
-¡Aggghh qué asco! –me miré la mano ni bien salimos –¡Te dije que te quería agarrar como a las gallinas, y me parece que lo voy a cumplir!
-¿Qué? ¿No te gusta, mi amor?
-Andate a la mierda John Winston.
Su segundo nombre no le causó ninguna molestia, sólo siguió retorciéndose de la risa y sacándome la lengua.
-Vamos, “señora”.







Llegó el día en el que los chicos debían irse a grabar. La idea seguía sin convencerme, muy a mi pesar, porque sabía que eso estaba mal pero no podía evitar sentirme así. Milagrosamente, John no había dicho ni media palabra, algo más que raro, así que me despedí de Rich con una sonrisa de saber que teníamos un secreto juntos muy importante, pero estaba claro que no me iba a aguantar mucho más en contarlo. La evidencia estaba en Cris, que lloraba de pura emoción mientras yo la miraba deseando que se calmara o que me abriera la puerta para irme de ahí.
-¿Ya está?
-Que no, ¿no puedo llorar? Alma insensible, ¡qué es algo lindo! ¡Te vas a casar!
-Bueno, pero no es para llorar tanto…
-Lloro y punto. Además es algo de no creer, hasta hace un tiempo eras un trapito triste y ahora te casás.
-Gracias por lo de trapito.
-¿No será muy rápido todo? ¿Te sentís bien?
-No me voy a morir de emoción, tranquila. Todo está en orden.
-Mejor, no quiero que mi hijo crezca sin su madrina.
-¿Eh?
-Que vas a ser la madrina, quieras o no. Bueno, si no querés, no hay problema…
-¿Y cómo no voy a querer? ¡Claro que sí!
-Pero mirá que tendrás que cuidarlo, no sé si querrás…
-¡Serás! Lo voy a cuidar, y lo voy a llevar a la escuela, y al cine, y le compraré golosinas y…¡Ay, qué alegría!
-John está de acuerdo, pero es obvio que no te lo diría, ya lo conocés. –rió.
-¡Gracias, gracias! Ay me muero….¡Hola repollito, soy tu madrina Mercy! No digas nada, pero te enseñaré a hacerles maldades a tus padres.
-Ey, ey, no te pases. Te veo haciendo eso y te saco todos los títulos.
-Me vengaré de todas las que me hicieron vos y tu novio.
-¡Si yo no te hice nada!
-Ah, es verdad. No importa, lo malcrío y ya está, que para algo seré la madrina. ¡Tendré un ahijadito repollo!
-Jack. Se llamará Jack.
-Repollo Jack, genial. Si juega al fútbol, cosa probable, vas a ver que de apodo le dirán repollito. Ay…Jack…¡qué lindo! Mierda, ahora lloro yo…-me abracé a ella llorando como una condenada, tanto que la asustó.
-Mercy,¿estás bien? Tomá aire por lo menos. ¿Te pasó algo?
-Es que son muchas alegrías juntas y no estoy acostumbrada. Qué horror eso que acabo de decir.
-Pero es cierto. –me alcanzó un pañuelo–¿De verdad estás bien?
-Sí, me siento un poco mareada, no sé porqué.
-Wells, ¿no te habrás copiado de mí? ¿No estarás…?
-¿Eh…? ¡Ay no! ¡No, no, no, eso es imposible!
-Yo dije lo mismo. –se rió de mi cara–¿Te sentís mareada?
-Sí, pero ya se pasa. De verdad, gracias por este honor. Prometo cuidarlo muchísimo.


Después de varias horas de dudas, idas y vueltas, agarré el teléfono para darle la noticia a la persona más importante: mi madre. Conociéndola, era impredecible saber cuál sería su reacción, pero me inclinaba por la posibilidad de que se pusiera feliz.
-Hola má. –dije cuando oí su voz–¿A qué no sabés quién soy?
-El barrendero. –rió-Qué raro que llames a esta hora, ¿hoy no trabajás?
-Voy después. Ehm…mamá, tengo una noticia para darte.
-¿Qué pasó? –su voz dejo de ser risueña y pasó a ser angustiada. Siempre pensando lo peor, como yo.
-Es una buena noticia, no te espantes.
-Ahh…qué alivio. ¿Qué es?
-Me voy a casar.
Se hizo un silencio y pensé que había cortado la comunicación.
-¿Mamá?
-Hija…Esa es una noticia hermosa, ¡felicidades! ¡Qué alegría tan grande!
-No vas a tener una hija solterona.
-No lo digo por eso, y lo sabés bien. Que seas muy feliz, cariño.
-Gracias mamá. –escuché ruiditos, otra que lloraba y que también me hacía lagrimear a mí.
-De verdad, es una alegría enorme, vas a ver que todo saldrá bien, hija. Vas a ser muy feliz y…
Otro silencio, que pensé que era porque seguía llorando. Sin embargo, cuando volvió a hablar, su voz era completamente distinta.
-Hija…será mejor que sepas algo antes de que te cases.
-¿Qué?
-No puedo decírtelo por teléfono. Vení en cuanto puedas.
-Mama no puedo, estoy ocupada. Decime qué es.
-Por favor, me gustaría decírtelo personalmente.
La conocía muy bien como para saber que estaba preocupada y que, peor, lo que tenía para decirme no era nada agradable.







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Hola gurises y gurisas! Después de más de un mes, reaparecí! Sé que cada vez tardo más, qué se le va a hacer, ya saben, los exámenes y un bloqueo mental que me dura hasta este momento en el que les digo esto. Espero que se vaya rápido para poder actualizar con más regularidad. 
Un saludo a Juli, que yo pensaba que se había ido para siempre, y resulta que está! (Pregunta: es verdad que es la quinta vez que leés el fic? No será un poco mucho? jajaja) 
Y ahora me despido, hasta la próxima!

15 septiembre 2014

Capitulo 88 Apostando al futuro






-¿Nunca te sacás esta cadenita?
-Jamás. –cerré los ojos y suspiré, porque me estaba besando el pecho con lentitud y eso me hacía ver las estrellas. Seguro que sentía algo de morbo por esa maldita cicatriz que no veía las horas de borrarme, pero que a él parecía encantarle.
-Será mejor que vaya a bañarme. –dije incorporándome.
-No, no, quedémonos otro ratito más. –me tironeó de un brazo.
-Rich, Astrid llegará en cualquier momento.
-Dijiste que iba a dormir en la casa de Juliet porque se hicieron muy amigas, y no veo porqué tendría que volver. Así que buscando otra excusa, señorita. –me dio un gran beso en la mejilla, traté de disimular todo lo que en ese momento estaba sintiendo, a saber, ganas de tirarme encima de él.
-Vamos, si te morís de ganas de quedarte acá conmigo. –genial, no había resultado. Reí tontamente, dejándome hacer hasta que lo separé antes de que mandara todo al carajo y le hiciera caso.
-Tengo que bañarme, hoy ceno con tus padres.
-Auch, esa fue una estocada tremenda. No tengo argumentos contra eso.
-Si yo siempre te gano.
-Lo noté. Uy, en este momento deben estar preguntándose dónde estoy.
-Mientras no supongan que estás acostado conmigo, todo bien.
-Iba a decirte que lo más probable es que supongan eso, pero…
Me tapé la cara con las manos, sintiendo como los colores se me subían de la pura vergüenza. Él se echó a reír.
-¡No es gracioso!
-No te pongas así…Vení que te saco la vergüenza.
-Que no, Starkey.
-Cuando decís mi apellido, tiemblo.
-Y hacés bien. Bueno, ahora sí me baño.
-Te acompaño.
-Dejá de hacerte el vivo.
-Si te encanta…
Me vestí con su camisa porque quería hacer eso que hacían siempre en todas las telenovelas y películas, pero él otra vez se echó a reír a carcajadas.
-¡Pareciera que llevás un kimono! –le arrojé un almohadón-¡Ey! ¡Violencia doméstica!
-Andá acostumbrándote.
El timbre sonó, sobresaltándonos. Pensé que me diría que no atendiera, pero sólo me guiñó un ojo, ya que estaba medio vestido.
-Dejá que voy yo, vestite tranquila.
Bajó corriendo y mientras, me vestía cerca de la puerta para escuchar quién sería. No pude reconocer la voz de un hombre que Richard hizo pasar. Bajé peinándome el pelo con los dedos, y vi que Rich estaba descalzo y que el hombre miraba eso y me miraba a mí. Bien, otra vez morir de vergüenza ante un desconocido.
-El señor es abogado, quiere hablar con vos. –me miró preocupado.
-Mercy, ¿no me recuerda? –el hombre sonrió y lo reconocí.
-¡Ah sí! Rich, éste es el hombre con el que hablamos cuando elegimos el local.
Frunció el ceño, mirándolo, y enseguida sonrió.
-¡Ahora me acuerdo! Me parecía que de algún lado lo tenía visto.
-Soy abogado del señor Smitch. Supongo que ya se habrá enterado de la noticia.
-Sí, que vende todo.
-No…Bueno, parece que no lo sabe. El señor falleció esta madrugada.
-¿Qué?
Miré a Richard, estaba boquiabierto y me miraba.
-Pero...¿qué le pasó? Ayer hablé con él, parecía estar bien.
-Aún no se sabe, su esposa fue a llevarle un té a su despacho porque trabajaba hasta tarde, y lo encontró muerto en el sillón.
-Qué mal…Lo siento mucho.
El abogado se encogió de hombros, como si mucho no le importara que su cliente hubiera muerto.
-Son cosas que pasan…
Asentí. Smitch me caía peor que el aceite de hígado de bacalao, pero que se hubiera muerto era algo muy fuerte.
-A lo que en realidad venía era para decirle que la viuda desea hablar con todos los inquilinos que ocupan los locales. Al parecer, no quiere venderlos.
-¿De verdad? –lo miré esperanzada, olvidándome de Smitch.
-Hablamos bastante poco, pero sé que ella no estaba de acuerdo con la venta. La espera la semana entrante, cualquier día, ella no sale nunca y menos lo hará ahora.
-Iré lo antes posible para saludarla por esto que pasó.
-De acuerdo señorita Wells, buenas tardes.
Cerré la puerta, sintiéndome bastante rara.
-¡Bien! ¡Se murió el tipo!
-¡Starkey!
-Pero si te estaba jodiendo la vida…¡Lo mataste vos!
-En su momento, ganas no me faltaron. Bueno, festejemos que…no, no hay que festejar nada de antemano.
-Al diablo con eso, festejemos que parece que nadie te sacaré de tu lugar. Y que el tipo se murió.
-Rich, cuando te ponés imposible…-sonreí y jugueteé con los botones de su camisa–Ojalá esto sea verdad, porque me preocupa mucho este tema.
-Ya te dije que todo se iba a solucionar. Y ahora me pondré  los zapatos y me iré a arreglar para parecer un muchacho decente.
-Y yo aún no sé qué ponerme….
-Te dije que con cualquier cosa quedarás hermosa, más de lo que sos. –me dio un pequeño beso en los labios y corrimos arriba, porque ya era muy tarde.









-¿Y no necesitás la ayuda de un experto?
-George, ¿experto? ¿Vos? ¡Si la que te tuvo que ayudar a que aunque sea pudieras decirles “Hola” a tus suegros sin que te asesinaran, fui yo! Y ahora andate, que todavía me falta maquillarme.
-A las suegras no les gustan las nueras muy maquilladas. -dijo entrando y cerrando la puerta.
-Decime a qué viniste justo en este momento nervioso de mi vida. –destapé la máscara para pestañas, y me salpicó–¡Mierrrrrrda! ¡Odio ser mujer!
-Si fueras hombre, Ringo sería gay. –se apoyó en el respaldo de una silla, mirándome como si lo que yo hacía fuera la cosa más interesante del mundo.
-Mientras no sea tu novio, todo bien. ¿Qué querés?
-Vine para saber si vas a seguir con las clases de guitarra.
-Ay George…-suspiré, cansada–¿A eso viniste?
-Perdone señorita, no sabía que usted es tan importante que mis cosas le parecen estupideces.
-Es que lo son.
-No. Primero: te pregunto porque hace mucho que no vas. Segundo: como ahora soy famoso, la tarifa aumentó. Tercero: te pintaste un diente con labial.
-Me cago en…-me miré en el espejito que tenía sobe la mesa–¿Dijiste famoso? No me hagas reír. Y dejá que me organice un poco, cuando solucione el quilombo que tengo, vuelvo a tus clases.
-O sea, nunca.
-Algún día tendré una vida ordenada. Bueno, ¿eso era todo?
-Sí.
-Ok. Chau. Ah no, decime si estoy bien.
-Nunca estás bien porque estás loca. Pero hoy, de ropa, sí estás bien. Me pongo en el lugar de una suegra y te miro y lo que veo es una chica un poco fea…
-¡Te odio!
-…pero que parece decente –continuó–, que no usa minifaldas y gusta de  tejer suéteres y se peina bien. O sea, que veo puras mentiras.
-Lo que vale es la primera impresión.
Sonó el timbre y George abrió.
-¿Qué hacés vos acá? –escuché a Richard.
-¡Llegó el novio!
-Decime qué hacés en la casa de mi novia. Mercy yo no sé qué pasa entre ustedes, pero yo a éste lo voy a m…
-Vine a darle apoyo moral. –lo interrumpió.
-Dejalo Rich, él te ama y busca llamar tu atención para que no lo abandones por mí. Lo siento George, la vida es así de dura.
-Siempre la misma bestia…Me voy. Que tengan suerte, aunque a vos, Mercy, te irá bien, la madre de Ringo es buena onda. Ahora cuando Ringo cene con la madre de Mercy…bueno, dudo que haya suerte ahí.
-¡Harrison, si apenas conocés a mi madre!
-Repito tus palabras: lo que vale es la primera impresión. Y tu mamá es un poco…
-Andate antes de que te mate.
-Ok, ok. ¡Suerte! Mañana cuenten qué tal.
George se fue silbando y por sus gritos supusimos que se había encontrado con alguien conocido en la calle.
-Estás preciosa. –Rich me acomodó un mechón de pelo para que cayera sobre mi hombro.
-Vos también. ¿Creés que…?
-Sí, a mamá le encantarás, ya te dije mil veces. Vamos en mi auto.
-¡Ay me había olvidado que tenías!
-Lo uso poco, ya sabés, el combustible está caro. –rió.
Con el auto llegamos rápido. Demasiado rápido para mi gusto.
-Hola Mercy, ¿qué tal? –Elsie me saludó guiñándome un ojo, lo que me ayudó a distenderme un poco.
-Qué suerte que viniste, Mercy, pensábamos que te arrepentirías. –bromeó Harry.
-Por cinco minutos no se cumplieron sus pensamientos.–reí–Ah, traje esto para usted, Elsie.
Le di un ramo de flores que esa mañana había comprado.
-¡Muchas gracias! Están preciosas, las pondré en un florero. Rich, hijo, por favor, guardá el abrigo de Mercy, no pensarás dejarla que cene toda abrigada.
-Ah sí, perdón. –me quitó el abrigo y fue a colgarlo.
-Es que no hay drama…
-Dejá que sea un poco caballero. –rió Elsie.
-¿Querés un poco de vino?
-Gracias Harry, pero no bebo.
-Pero si sos mayor de edad.
-Es que…-miré a Richard, dudando-…es que no puedo por…por mi enfermedad. Digo, por lo que me pasó.
-Oh es cierto, lo había olvidado, disculpame. Richard, hombre, hacela sentar, ¿qué esperás?
Reí porque al final, Rich estaba más nervioso que yo, lo que lo hacía parecer aún más adorable si se podía. Corrió una silla para que me sentara y se sentó junto a mí tomándome de la mano. Elsie apareció con una fuente humeante de…canelones. Mi comida preferida. ¿Por qué no hacía una comida que odiara, como la sopa, para comerla lenta y prolijamente? ¿Por qué hacía el plato que me convertía en un cerdito por mis maneras de comer? Estrategia de suegra, sí. Aunque era un plato que llevaba demasiado trabajo hacer así que tomé eso como un halago. Un sabroso halago.
-Mmm…¡esto es una delicia! ¡Me encanta!
-Richard me dijo que era tu comida favorita.
Iba a contestarle que la comida que más me gustaba era su hijo pero me contuve en mi brutalidad. Sólo lo miré, agradecida por haberle dicho sobre mis gustos.
-¿Y cuándo se van a comprometer?
Suegro directo, pensé. El Harry de Richard no era como mi Harry. Iba al grano, sin vueltas ni diplomacias.
-Ya estamos comprometidos.
Miré a Rich, sorprendida, y me mostró su anillo del humor.
-Ay Rich, eso es cosa de niños…
-Para mí, cuenta. Mirá Harry, ambos tenemos el mismo anillo, ¿qué significa?
-Que están comprometidos. –sonrió cómplice.
-Pero cuando te lo regalé no lo hice con esa intención.
-Vamos morocha –me miró, riendo-¿Acaso no la tenías?
-Richard no avergüences a la chica.
-Tu mamá tiene razón, no me avergüences.
-Pero reconocé la verdad.
-Richard. –dijimos, al unísono y para nuestra sorpresa, Elsie  y yo. Sonreímos.
-Estás en el horno, Rich. –rió Harry, señalándonos.
-Bueno vamos a brindar. –propuso Elsie– Mercy, ¿apenas un poco de vino?
-Está bien. –puse mi copa para que Harry la llenara.
-¡Por la parejita! –exclamó Harry.









Cuando entré a casa era una máquina de hablar. No sé si era porque ya me había desacostumbrado al alcohol y una simple copa de vino me había soltado la lengua, o de verdad estaba emocionada con el resultado de la “presentación oficial”. Richard comenzó a darme pequeños besos para que me callara de una vez por todas.
-¿Creés que todo habrá salido bien?
-No parás de hablar de eso, ¿y preguntás si salió bien?
-Es que para mí salió todo genial, pero no sé qué pensarán tus papás. Vos los conocés bien, ¿me aceptaron?
-¿Cómo no te van a aceptar si les parecés encantadora? Aunque no tanto como a mí, claro.
Sonreí bajando la mirada.
-¿Sabés? A veces no me lo creo a todo esto, y me da miedo.
-¿Otra vez con eso? –me tomó  del mentón, para obligarme a mirarlo.
-Es que…tengo miedo de que pasen cosas justo ahora, cuando todo parece ir bien. Duelen más las malas cuando estás feliz.
-¿Y por qué pensás eso si estás feliz?
-No sé, porque soy tonta, seguramente. Lo de Smitch me hizo pensar otra vez en que a veces alguien está y de pronto…todo se va al carajo.
-Pero a Smitch lo odiabas.
-Sí, pero te dan que pensar esas cosas…
-Vos estás extrañando a tu papá, ¿no?
Sonreí y asentí, agradeciéndole con la mirada que lo dijera él y que no tuviera que decirlo yo.
-Cuando estoy mal pienso en él, y cuando estoy bien, también.
-Y  lo extrañás más, porque estás bien.
-Qué suerte que me conocés tanto…-suspiré y me acurruqué contra su pecho.
-No sabés cómo lamento no poder hacer nada contra eso, para que no te pongas triste.
-No te pedí que hagas nada. Sólo te pido que estés para darme abrazos así.











La bocina del tren cubrió todos los demás ruidos de la estación, anunciando la partida. John y yo nos giramos para mirar a Astrid que levantaba sus maletas.
-Dejá, yo se las doy al guarda para que las suba. –se  ofreció John.
-Gracias John. Bueno chicos, fue un gusto estar con ustedes.
-Fue mío. Me encantó que estuvieras en casa, espero que vuelvas pronto.
-Y yo te espero a vos.
Abracé a Astrid, que había adelantado su partida un par de días para ir a Londres y visitar una famosa muestra de arte y fotografía. Grace le había ofrecido su casa para que se quedara hasta que volviera a Alemania.
-Cuidate mucho. –le sonreí.
-Lo mismo digo. Gracias por todo.
John no le dijo nada, sólo le dio un sentido abrazo y le dio sus maletas al guarda para que las subiera. Astrid subió al tren y se acomodó cerca de una ventanilla y desde ahí nos saludó cuando el tren comenzó su pesada marcha.
Le di una palmadita a John en la espalda y caminamos hacia la salida.
-En fin…-dijo en un suspiro.
-En fin…-respondí.
Caminamos mucho trecho en silencio hasta que él mencionó algo de un auto con un neumático pinchado.
-Ey –le pasé un paquete de chicles–¿Tenés algo decidido para tu vida?
-Joder Wells, lo preguntás como quien pregunta si ya tengo entradas para el cine.
-¿Y cómo querés que te lo pregunte? ¿Por carta?
-Dejá, dejá. Sí, ya tengo todo decidido y me siento muy bien por eso.
-Vaya, vaya…me sorprendés.
-Ya tengo casa y, disculpame por el juego de palabras, no me caso.
-¿Ah, no?
-Los judíos no nos casamos.
-Si no sos judío, estúpido.
-Y menos mal, porque me habrían cortado ya sabés qué.
-Ya empezamos…
-Tu novio no puede decir lo mismo, ¿no?
-Qué raro, puede decir lo mismo porque la verdad no le falta nada, al contrario, le so…
-¡Basta, basta! ¡No puedo seguir escuchando esto!
-¿Ves que te jode?
-Sos mi hermana y estás hablando así de ese sujeto, ¡esto es el colmo! Eras inocente, pura y casta y ahora comentás esas cosas, qué horror.
-Dejá el teatro y decime qué es eso de que no te casás.
-Que no, no me caso. Con Cris queremos ser novios eternos.
Solté una carcajada que hizo que media calle me mirara.
-¡Qué cursis resultaron!
-Quién habla de cursi…Quizás nos casemos en un tiempo, y nada de iglesia y boda y todo eso. Dos firmas, y hasta mañana. Ey, ¿vas a tu negocio? Yo voy a la cafetería.
-Voy con vos, es temprano. ¿Así que tenés casa?
-Bueno, tengo, tengo…Digamos que dicho así, “tener”, no tengo. Pero vimos varias y un par nos gustan mucho, faltaría decidir. Como también falta elegir cuna, nombre…
-¿Ya está eligiendo nombres? ¡Qué dulces!
-Yo ya lo tengo. Será John El Más Grande Y mejor Hijo De Tigre Lennon.
-Sos un tarado.
Llegamos a la cafetería, que como siempre hervía de gente y empleadas que corrían bajo las órdenes de Cris. Cuando nos vio se acercó con una sonrisa de oreja a oreja.
-¿Cómo andan el chico más lindo y mi cuñada?
-Claro, yo sólo soy “la cuñada”.
-Bueno, vos también sos linda. ¿Contenta?
-Supongamos.
-¿Cómo estás? –John le dio un beso y le tocó el vientre-¿Y este repollito cómo está? –le dio también un beso allí y miré a Cris, entre extrañada  y conmovida. Jamás había visto a John así. Ella asintió sonriendo y mordiéndose un labio para no ponerse a llorar ahí mismo. Era la primera vez que lo veía siendo tan tierno y pareciendo tan feliz.
-¿Por qué repollito? –le pregunté para que no notara  mi emoción.
-Porque no sé si será niño o niña…Y repollito queda simpático, no voy a decirle “Hola feto”.
-Eso es horrible. –reímos.
-Y bueno, repollito es lindo. “Hola repollito Lennon”. Es genial, no me digan que no.
Se escuchó un estruendo que venía desde la cocina.
-Wells, fijate qué pasó.
-¿Perdón? Ya no soy tu…
-Sí, ya sé que no sos mi empleada  y todo ese discurso que me soltás siempre. Pero haceme el favor de mirar qué pasó esta vez.
-Tiene empleadas nuevas.–explicó John–No le dura ninguna porque mi chica es muy brava.
Fui a la cocina porque se escuchaban más ruidos. Me asomé y había tres chicas que habían roto varias tazas. Lo normal, lo mismo que había hecho yo. Me miraron raro y les puse cara de “Jé, respeten a las empleadas antiguas”.
-Eran tazas. –informé.
-Las fábricas de tazas se están haciendo millonarias conmigo. ¡Ey! ¿Sabías esto? John grabará un álbum completo. Bueno, John y los demás.
-John y el judío de tu novio abusador de hermanas menores.
-¿Cómo que un álbum? –ignoré lo que me decía–¡No me contaste nada!
-Era noticia exclusiva para ella. La semana que viene vamos a Londres y grabamos. Y listo, de acá a millonarios, no falta nada.








George había dicho que parecía una chica decente que tejía sus suéteres. Bien, si esa imagen daba, tenía que mantenerla. Así que había sacado de la librería el libro “El arte de tejer” y lo estaba estudiando para empezar a tejerle algo al bebé repollito. Claro que todo lo que me gustaba parecía tan complicado que resultaba más fácil construir un cohete espacial que hacer un par de escarpines. Lo dejé a un lado para leer una novela porque vamos a ser sinceros, leer novelas es más entretenido que tejer.
Sonó el timbre y ya sabía muy bien quién era y eso me preocupaba. Se daría cuenta que otra vez, yo no estaba muy bien. Saber que grabarían esta vez un álbum completo me llenaba de alegría y euforia, pero cuando esa euforia amainaba, aparecí aquel viejo escalofrío que sentí en The Cavern cuando la chica rubita me dijo que se harían famosos y jamás volverían.
Abrí la puerta y antes de poder saludar, Richard ya en estaba besando. Me encantaba ese efecto sorpresa que a veces usaba.
-¡Tachán! ¡Traje chocolate!
-¡Síííííí! ¡Gracias! –di un saltito y nos sentamos en el sofá.–Mmm…¡es una tableta enorme!
-Igual sé que no te alcanzará.
-Jé, cómo me conocés. ¿Querés tomar algo? ¿Ver tele? Hoy dan una peli de terror que te morís, es de exorcismos. ¿Cenaste? Porque me sobró un poco, ya sabés que no es lo mejor del mundo, pero…
-Mercy –me tomó una mano, la besó-Bajá las revoluciones. ¿Pasó algo?
-¿Eh? Nada.
-Mentira, algo te pasa.
-Ufff…¿es que nunca podré engañarte?
-Mejor que sea así. –rió, pero volvió a ponerse serio.–Ey, ¿qué te está pasando? Estás rara.
-Si recién me viste…
-No importa, igual te noto rara. ¿Qué hay?
-No sé…Perdón.
Me acarició una mejilla, traspasándome con la mirada.
-Otra vez miedo, ¿no?
-Si, pero no es por lo mismo. Es…me da miedo de que nos pase como a John y Cris.
-¿Eso te pasa? –sonrió.
-Bueno, no es exactamente eso, pero…
-A mí me gustaría, no me comportaría como un tonto, como hizo John.
-John se portó muy bien.
-Sí, pero al principio estaba asustadísimo.
-¿Y quién no lo estaría?
-Yo no.
-No mientas.
-Hagamos la prueba.
-¡Ni loca! –le di un golpecito en el hombro y él me revolvió el pelo.
-Dijiste que había algo más, o eso me pareció.
-Nada, dejá.
-Mercy Wells…
Suspiré,  bajé la mirada, e hice girar uno de mis anillos con los dedos.
-Supe lo del disco.
-Tu hermano siempre arruinando las sorpresas. Pero…¿pasa algo con eso?
-Me pone muy feliz. –levanté la vista, le sonreí.–Es cumplir un sueño.
-Claro. Aunque ojo, que mucho sacan un álbum y nunca más aparecen.
-¿Pero vos qué querés? ¿Qué sea un éxito o un fracaso?
-Un éxito. –sonrió–Me encantaría. Pero no te estoy creyendo tu alegría, decime qué pasa.
-Estoy alegre, estoy feliz por eso, tranquilo.
-Pero hay algo más.
-Ehh…sí. Van a ser famosos, y eso me da miedo. No van a ser los mismos, por más que lo intenten. Ni siquiera vivirán más aquí.
-Mercy, ¿qué decís? Todo será igual.
-Sabés que no. –me aparté dela caricia que quería darme. –Rich, todo cambiará. Hasta vos.
-Vos tenés miedo de que te deje por una actriz o cantante  o alguna de ésas.
-Bueno…sí. –reí apenas–Pero hay algo más. Tengo miedo de toda esa fama, del dinero, de lo que te pase. Me asusta. Dejá, no me hagas caso, soy una egoísta. Olvidate de esto que te dije, no tiene sentido.
Me abrazó con fuerza y traté de no llorar.
-No va a pasar nada de eso, te lo aseguro. Todo va a ser igual, yo no te voy a dejar, ni me la voy a creer por tener mucho dinero.
-Sí, pero…
-Mercy, mirame. –me separó y me obligó a mirarlo.–Tengo algo que decirte, algo que te sacará esos miedos y algo que quiero hacer. Decime si te querés casar conmigo, pero no dentro de dos o tres años, sino ahora, en unos meses, lo antes posible. Quiero casarme con vos, aunque  no sepas cocinar y seamos bastante desastre para todo, aunque ni tengo un lugar para ofrecerte dónde vivir….No sé, tenemos cosas en contra, pero te quiero asegurar de alguna forma que todo eso que pensás, no va a pasar. Quiero que vivamos juntos, estar siempre con vos. Creo que esperamos mucho tiempo como para seguir esperando, ¿no?
Asentí, tragando saliva sin saber muy bien si estaba entendiendo todo lo que me decía.
-Esto se pide de rodillas, y con anillo, y con coro de mariachis  y cien cosas más, pero bueno, salió así, lo que vale es lo que uno siente. Te amo, Mercy. Sólo decime si querés o no casarte conmigo. Ahora.


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¿Capitulo 88? ¿Ya? ¡Pero si mi proyecto terminaba en el capitulo 75! Bueno, no hagan caso a mis pensamientos interiores. ¿Cómo están? Aquí volví, siempre con tardanza, con el capi este. Ahora sólo queda preguntarnos si se casa o no se casa. Lo sabremos en el próximo capitulo, aunque claro, yo ya losé pero soy mala y no les diré muejeje.
Para que no me odien, les dejo una canción de una cantante con la que me re fanaticé y no cuando me fanatizo suelo ser insoportable. Es Meghan Trainor y se las dejo porque si están acá es porque les gusta toda la onda años ’50, ’60, ’70…Bueno, esta cantante tiene esa onda muy “sesentera” y además no es como la mayoría que son todas flacas y apáticas, esta es gordita (aunque eso no habría que andar aclarándolo, pero extrañamente llama la atención que una cantante lo sea porque siempre te venden que hay que ser hiper flaca) y tiene canciones divertidas y pegadizas.

Bueno, después de tanta palabra, me voy. Nos vemos en el capi 89.