13 septiembre 2012

Capitulo 41 "18"


-Ni sueñes con que dé clases. Estoy de vacaciones
-Pero sólo quiero practicar con vos, antes de empezar la uni.
-Dije que no.
George se negaba terminantemente a darme clases. Y eso me hacía enojar. Pero cada vez que quería agarrar su cuello y retorcérselo, él hacía unas caritas capaces de conmover a Stalin.
-Está bien, como siempre, te salís con la tuya –di media vuelta para irme de su casa, pero él me alcanzó.
-¿No querés ir  a ver como ensayamos?
-¿Para qué? ¿Para que mi hermano, Paul y Pete me echen? No, gracias.
-A mí no me molestás.
-Aww cosita....¿Entonces me darás cla....?
-NO. Sólo es para que veas a la gran banda, preparándose para otro triunfo –dijo con unas ínfulas dignas de una estrella de Holliwood.
El “otro triunfo” al que se refería, era la próxima actuación que tenían en el Casbah. Habían debutado la semana anterior y yo, como siempre que tenía algo importante, me engripé. Sí, gripe en pleno verano. Por lo tanto no pude verlos, así que tuve que escuchar la “versión oficial” o sea, lo que ellos contaban: que les había ido tremendamente bien. Algo que me costaba creer.
-Está bien, voy a ir –quería sacarme la duda, ver si de verdad eran tan buenos o si sólo eran cuentos chinos.

-Traigo compañía –anunció George abriendo la puerta.
-¡Bien! ¡Harrison tiene novia! –exclamó John.
-No es mi novia, es tu hermana –me dio paso y entré.
-¿Vos otra vez? Ya te dije que....
-George me invitó.
Todos le clavaron unas miradas asesinas, que de haber sido balas, el pequeño y adorable Harrisoncito hubiera caído acribillado.
-¿Tenés algo con mi hermana? –John levantó una ceja, mientras nos miraba con cara de repugnancia.
-Lennon ¿por qué te parece que todo el mundo tiene algo conmigo o que todos quieren tener novia? –pregunté enojada. Esas actitudes que tenía me reventaban.
-Está bien. ¿Qué viniste a hacer acá?
-Te decía que George me invitó, para que los vea ensayar. Ya saben, la semana pasada no pude verlos....
John miró al resto. Stu parecía no tener problema con que me quedara, Paul parecía reticente y a Pete directamente parecía no importarle. Volvió a mirarnos a George y a mí.
-Está bien. Quedate.
-¡Bien!
-¡Shh! Te quedás quieta y sobre todo CALLADA. Sentate ahí –señaló un banquito en un rincón.
Paul soltó un bufido de fastidio, mientras le hacía no sé qué a su guitarra. Era evidente que mi presencia lo incomodaba. Por no decir que le rompía las.....guindas.  
-Si Paul va a estar así, me voy –dije poniéndome de pie.
-¡No! –contestó McCartney –Por mí quedate. Pero a cambio quiero que hagas algo.
-Mmm....depende de lo que sea. No quiero problemas con tu novia.
-¡Pero que mente podrida! No te voy a pedir una barbaridad. Sólo quiero que me des una opinión. Es sobre una canción que canto. Éstos –miró al resto –me dicen que lo hago bien, y al otro día me dicen  que está horrible. Quiero la mirada objetiva de alguien.
-Qué bien se expresa Macca, se nota que lo eduqué.
-John....
-Ok Maccacito. ¿La canción es tuya? Porque si es así debe ser feísima.
-No tonta. Es de Little Richard.
-Juas, justo “Richard” –dijo John tontamente, pero a cambio recibió un golpe mío.
-Ey, eso dolió....
-Marica. Bueno Maccacito, empezá.
Paul miró a sus vagos compañeros, y juntos comenzaron a tocar “Oh My Soul”. Justo esa canción, que hacía que me revolcara por el suelo. No hace falta decir que terminé cantando (mejor dicho, vociferando) junto con Paul. Cuando terminaron se me quedó viendo con cara de idiota.
-¿Qué te pasa? ¿Se te perdió una igualita a mí o qué?
-No....-contestó con la misma cara de idiota –Lo hacés increíble....
-Ya lo sabía –le guiñé un ojo –Vamos McCartney, no mientas. Si yo “canto” increíble ¿entonces Frank Sinatra qué es? ¿Dios? Vos lo hacés muy muy muy bien. La verdad, te felicito.
-Gracias, pero vos no te saques méritos....
Sólo le sonreí. Pese a que siempre nos llevábamos a las patadas, a veces tenía gestos lindos y sinceros que me enternecían. Y eso lo valoraba mucho.
-Bien chicos, creo que es hora de irme –miré mi reloj pulsera –Tengo que comprar cosas para la uni.
-Ah, linda –miré a Stu, él siempre tan galán –No te preocupes por tu fiesta de cumple.
-No me preocupo, ni siquiera me acuerdo –reí.
-John ya te ha organizado todo.
Miré a mi hermano, que cruzado de brazos, me observaba con gesto triunfal.
-No quiero imaginarme el desastre. Mas les vale que no terminemos con la policía en la puerta.
-Tranquila muchacha....-se sonrió –tengo todo fríamente calculado.



Con algo de nostalgia, revisaba mi caja de recuerdos. Era una caja de zapatos, llena de fotos, tarjetas, papeles de toda clase y cositas varias. Cosas tontas, pero de gran valor para mí. No voy a negar que se me caían unas lágrimas. Faltaba poco para las 12 de la noche, para que comenzara el día en el que a las 13.30 se cumplirían 18 años de mi nacimiento. Me sentía insegura, no veía con claridad mi futuro y tampoco mi presente. Digamos que la “vida adulta” se me presentaba como un gran interrogante. Me sequé los ojos y cerré la caja, para guardarla bajo mi cama, su lugar. Bajé, y vi a mi madre terminando de decorar la torta, y a mi padre contemplando con satisfacción su nuevo mueble, lleno de anaqueles para exhibir una inminente colección de botellitas de todo tipo.
-¿Gustás? –dijo ofreciéndome una copita de algo –Es cognac.
-Ah –me lo tomé de un trago.
-No tomes –mi madre pasó a mi lado, con rapidez, buscando una bolsa de confites.
-Es rico.
-Te va a hacer mal.
-Tiene razón –mi padre me quitó la copita y guardó todo en su mueble. Luego se despidió y se fue a dormir.
Espié a mi madre, seguía concentrada en la decoración, así que aproveché para tomarme otra copita. Después de todo, estaba a punto de ser mayor de edad.


-¡Feliz cumpleaños! –exclamaron mis padres ni bien me vieron bajar por la escalera,  a la mañana.
-Gracias....-dije con algo de entusiasmo, que fue completo cuando vi el regalo: sobre la mesa, mas de una docena de libros que les había pedido. Ahora sí me biblioteca se caería por tanto peso, y eso, lejos de enojarme, me llenaba de orgullo y alegría.
Después del almuerzo comimos la torta, ellos ya estaban avisados por Mimi que John y sus cómplices habían “hecho algo”. Eso, la verdad me asustaba. Pero saber que Mimi (y que también mi madre) habían metido sus naricitas en el plan o proyecto de Lennon, me tranquilizaba.
Así pasó la tarde, hasta que, agobiada por el calor, me duché con agua fría. Elegí un lindo vestidito fresco y ni me peiné, sólo dejé mi cabello suelto, aprovechando que estaba largo y bien lacio. Mis únicas alhajas fueron mi “MW”,  mi anillito del humor y un par de aritos.
Diez minutos después de terminar de acomodarme un poco, tocaron el timbre.
-Feliz Cumpleaños fealdad –John me tendió su mano –Ahora vamos al lugar sorpresa.
-Johnny, sabés que soy muy ansiosa, decime dónde es. ¡Dale, no seas malito!
-Ni sueñes que te voy a decir que es en  el club.
-Tarado. Acabás de decirlo.
-¿Eh? –me miró desconcertado, hasta que pareció darse cuenta -¡Pero que pelotudo soy!
-Y si, yo creo que te recibiste en la escuela de pelotudos con promedio de 10.
-Dejá de hostigarme ¿No ves que soy yo quien te ha organizado tu fiesta? –mostró sus dotes de actor con una conmovedora escena de llanto, que a cualquiera le hubiera partido el alma, pero que a mi me partía de risa.
Caminamos por el medio de la calle, ya que no andaba nadie. Llegamos al club, el mismo donde John festejó su cumple. De entrada me emocionó ver el detalle de poner globos rosas colgando en la puerta, y es que para esas cosas era bastante tontuela.
Entramos y ya estaba lleno de gente, todos charlando. En una larga mesa estaba dispuesta la comida ¿y quién podría estar allí? Harrison, por supuesto. En una mesita al costado se amontonaban paquetes ¡mis regalos! Al fondo todo estaba armado para que actuaran los Quarrymen y de todos lados colgaban guirnaldas y globos.
-¡Johnny! –grité abrazándolo –¡Es la fiesta mas linda que me hayan hecho!
-Pero si todavía ni empezó....-trató de zafarse, odiaba mis demostraciones de cariño, y mas en público.
-¡No importa! –para empeorarla, le di un gran beso en la mejilla.
-No me agradezcas a mí, todos han colaborado.
-Qué lindo, la gente me quiere –me sequé los ojos. Sí, ya estaba llorando.
-No es que te quieran, es que con tal de que haya fiesta, se esfuerzan
No le contesté, porque comenzé a saludar y agradecerles a todos. En eso estaba, mientras charlaba y comía a lo bestia, cuando John se me acercó.
-Afuera tenés un regalito –lo dijo muerto de risa, y se fue con George, que también se reía.
Extrañada, dejé la comida y caminé hacia la puerta.
-Hola Mercy, feliz cumpleaños.
-¿Ri...Richard? –dije entrecortadamente, tanto por la sorpresa como por la duda, ya que afuera estaba muy oscuro, y encima no llevaba mis anteojos, por lo tanto no veía un pomo.
-Si, soy yo –dijo en una carcajada.
-¡No sabía que ibas a venir!
-Tu hermano.....Es tu hermano, ¿no?
-¿John? Sí,así nos llamamos –reí.
-Bueno, tu hermano me invitó. Perdón por llegar algo tarde, había visitas en casa, de esas que no se van mas, y no podía irme.
-No te preocupes, entrá. La fiesta está muy buena.
-Esperá. Esto es para vos –me dio un paquete cuadrado, plano, envuelto en papel brillante y con una gran moño.
-¿Para mí? –pregunté tontamente.
-Y si, es tu cumpleaños. Si querés se lo doy a algún perro, no sé....-rió.
Yo también reí y comenzé a abrir el paquete con cuidado. Pero ese cuidado parece que lo exasperó.
-Pero rompé todo ese papel –dijo a la vez que colaboraba en destrozar el envoltorio –Romper el papel de los regalos trae suerte.
-Ya lo sé, pero es bonito y me da lás....-no pude seguir, porque exploté en una carcajada. Ante mí estaba el disco de Elvis, aquel por el peleamos tanto y que terminó tirado en la calle.
-Lo conocés, ¿no? –dijo él, también riéndose.
-¡Y cómo no! ¡Gracias Rich! –aproveché y le di un gran abrazo, que para mi suerte, correspondió.
-Pensé “A Mercy le gustará, después de todo se casará con él”
-Obvio que si –me separé –En unos años me conocerás como Mercy Presley. Mmm....no suena muy bien....
-¿Y a quién le importa cómo suena? ¡Tendré una amiga casada con él, por lo tanto lo conoceré!
Y dale con lo de “amiga”. Esa palabra debería ser abolida, salvo en los casos en los que sí corresponda su uso, no EN ÉSTE.
-Bueno, entremos –simulé una sonrisa y él me siguió.


La fiesta no podía estar mejor. De algún lugar secreto, John y Pete Shotton habían traído mas bebidas, y yo corría desesperada tras un fernet. Cuando Paul me consiguió uno, mi hermano me paró el carrito.
-No-to-mes.
-¿Por qué? Es mi fiesta y te recuerdo que fuiste vos quien metió de contrabando estas bebidas. Así que no me jodas.
Me miró serio y me dejó seguir. Pese que me molestaba que me retara, me sentía bien, porque sabía que lo hacía para cuidarme. Aunque no había de qué preocuparse.....
Cerca de media hora después, la música empezó a sonar fuerte. Hora del baile. Todos nos metimos en la pista, a bailar sin pareja definida. Como estaba feliz, y encima media entonada por el alcohol, podría decirse que estaba desinhibida. Por no decir atrevida. Hasta que mi hermano, otra vez, me paró el carrito.
-No me gusta que bailes así.
-¡Ufa sos un pesado! –respondí enojada.
-Es que....estás moviendo mucho las caderas.
-Ay que ver como sos....-dije entre risas, a las que él se unió –No seas tan “guardabosques”.
-Está bien, lo que pasa es que me cuesta aceptar que mi hermanita ha crecido
-No, otra escena de drama, no....
-Si, tenés razón, son demasiadas para una sola noche, mi talento actoral se agotará.
-Digo yo....en vez de estar acá parloteando ¿por qué no vas con Cris?
Miró al suelo, escondiendo un evidente sonrojo.
-Es que....no sé qué decirle....
Otra vez estallé en risas. Que John Lennon no supiera qué decirle a una chica era algo surrealista.
-Decile que quiero helado- Ella trajo, lo sé –le di un empujoncito y el “tímido” fue hasta ella. Al rato los vi conversando, aunque podría decirse que también discutían. Normal en ellos dos.
Dejaron de hablar porque Cris se fue y reapareció con una gran torta con velitas. Después del clásico cantito de Feliz Cumpleaños y de los tres deseos (ya se imaginan lo que pedí, ¿no? Las tres veces fue lo mismo, y tiene nombre y apellido) soplé las dichosas velitas y arrancó con todo el entusiasmo la actuación de la banda. A los primeros temas poca gente les puso atención, ya que todos estaban ocupados en comer la torta, y pronto la propia banda dejó de tocar justamente para comer.
-Gracias por la torta Cris. Te salió deliciosa.
-De nada. Te sorprendiste, ¿no?
-La verdad, pensaba que no te dabas maña con la cocina.
-Vos te pensás que todas las mujeres son iguales a vos.
-Jaja. ¿Qué te parece si vamos a bailar?
-Me parece perfecto.
Aprovechamos para bailar cuando la banda dejó de comer desaforadamente para ponerse a hacer música nuevamente. Era raro bailar con mi jefa. ¿Por qué digo “jefa”? Cris ya era mi amiga. Aunque no me dejara comer helados.
-¡Un momento, un momento! –gritó John al micrófono –Quiero que se acerque la cumpleañera.
-¿Yo?
-No, la vecina de enfrente. Dale Wells.
Me acerqué y John casi me enchufó el micrófono en la boca.
-¿Qué digo?
-Vos sabrás....
-Ehh....ehh......Bueno, quiero agradecerles a todos lo que ayudaron a hacerme esta fiesta, y a todos los que vinieron, de verdad no esperaba algo asi, y no les miento si les digo que es el mejor cumpleaños de mi vida. Los quiero mucho a todos ¡y a seguir divirtiéndose!
Todos aplaudieron y chiflaron, mientras Pete e Ivan gritaban “Mercy Presidenta”.
Después, la banda siguió tocando, incluso me prendí a cantar “Oh my Soul” con Maccacito.
-¿Bailamos ésta morocha?
No puedo explicar lo que sentía cuando Richard me decía “morocha”·. Y mucho menos cuando me salía con ese “¿Bailamos ésta, morocha?”. Me producía un despelote de hormonas, nervios y sentimientos. Ganas de agarrarlo y.....mejor me callo. Claro que todo esto era disimulado con una sonrisita dulce y un “Si”, que en realidad era un “Si”  a muchas cosas.
Bailamos juntos todo lo que restaba de fiesta y otra vez vuelvo a decir que baliar con él era un placer, no sólo por lo que significaba para mí, sino porque lo hacía realmente bien.
La fiesta terminó  cuando John y sus secuaces se re pudrieron de tocar, cantar  y gritar, coincidente con la misma hora en la que pasaba el último bondi para que cada uno regresara a su casa. Todos se despidieron de mi, y otra vez les agradecí.
-Mercy, yo me voy  con los chicos –informó John.
-Ok chacales, entonces yo me voy caminando
-No, no, es peligroso
-No te preocupes Stu, no pasa nada
-Tranquilos –dijo Cris –La llevaré en mi auto.
-¿Tenés auto? –pregunté sorprendida.
-Claro. Aparte así podrás llevar todos los regalos.
-Perfecto entonces.


Cris me llevó en su lindo coche hasta mi casa, en el corto trayecto no puede sacarle una palabra acerca de su conversación con John. Me ayudó a bajar los paquetes y se fue. Entré ami casa, mis padres aún estaban despertos, mirando un programa cómico de televisión, que emitían muy tarde en la noche. Dejé los paquetes en la sala, y luego de contarles lo bien que la habia pasado, me despedí de ellos y fui a ducharme otra vez, ya que estaba transpirada como un chivito. Luego me acosté, y cerré los ojos. Escuchaba las risas de mis padres y recordaba lo bien que la había pasado en mi fiesta. Realmente estaba asombrada por el cariño que había recibido, hasta pensaba que no merecía tanto. Sonreí. Había sido un día perfecto. Después de todo, cumplir 18 no estaba tan mal.....


 *-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*
Yo quieroooo seeerrrrr el amooorr de tu vidaaaaaaaaaa!!!!!!!Ejem, perdón, estaba cantando una canción de Axel. Como les va chacalas? Yo muy bien, toda primaveral jeje. Les cuento que ayer iba a sacarle una foto a una pared que desde hace un monton tenía un grafitti que  decía "Te amo morocha". ¡pero ya pintaron de vuelta la pared! Casi rompo todo! jajajajaja
Juli, de verdad esta historia influye en tu vida? Ay, tengo miedo de las consecuencias jajajajjaa. Bueno, espero que tengas suerte con tu amor platónico.
Bueno mis chacalas (me gusta eso de "chacal", "chacala" jaja) las dejo, un besoooo!!!!!!!!

06 septiembre 2012

Capitulo 40 Verano, Libros, Despedidas.


Una cosa mas que el fin de la escuela significaba era el verano. Ese año, la estación del sol sería corta para mí, ya que los talleres de ingreso a la uni comenzaban justo a la mitad del verano. Por eso había decidido disfrutar ese verano a fondo.
Lo primero fue aprender  a coser. Quería que mi madre me enseñara antes de que se mudara a Londres. Me costaba entender, y mucho menos utilizar las máquina. Pero logré hacerme un vestido sencillo y liviano, con botones y florcitas.
Lo segundo fue leer todo lo que quería. Logré que mi padre se hiciera socio de la biblioteca pública, para así llevarme los libros a casa y leerlos tranquila.
Y lo tercero.....lo tercero era “espiar” a la banda de John. Ya no quería entrar a tocar en ese “grupo de ratas”, como a veces los llamaba con la intención de hacerlos enojar. Sólo quería ver qué tanto hacían.
Un día, gracias a Abby, me enteré que estaban ensayando en la casa de George, aprovechando que su padre –que no estaba muy de acuerdo con que su hijo fuera músico- estaba trabajando.
-Mmm....no creo que sea buena idea que los veamos ensayar –dijo Abby, mirando hacia arriba.
Ambas estábamos en la vereda, escuchando el despelote que provenía desde el altillo de los Harrison.
-No me importa –toqué timbre, decidida, y uno de los hermanos de George abrió la puerta, con cara de dormido –¿Está George?
No respondió, sólo nos dió paso y Abby, que conocía bien la casa, me guió hasta las escaleras.
-¡HOLA! –grité, y todos se giraron, asustados.
-WTF? ¿Qué hace ésta acá?
-Mas respeto McCartney.
-Wells, te vas ya mismo de acá –John señaló la puerta, enojado.
-No quiero.
-No vas a estar en la banda. No insistas.
-No quiero estar con ustedes. Sólo quiero verlos.
-¡Nos verás pronto! –George no parecía enojado –Pequeña bestia, tenemos una noticia.
-Ya sé. Van a ir presos. ¡Gracias Dios por escuchar mis oraciones!
-Naaaa –rió John –No es eso. Vamos a empezar a tocar en un club.
-¿De verdad? –quise parecer indiferente, pero estaba muy contenta por ellos y lo notaron.
-Si, en el Casbah Club.
-¡Y eso quién lo conoce? –dije solo para molestarlos.
-Es el club de la madre de Pete....-respondió George, temeroso.
Miré a Pete. Había metido la pata.
-Ahh....no sabía –fue todo lo que dije, hasta que reaccioné -¡Un momento! ¿Cómo dijeron que se llama?
-Casbah –respondió Pete, de mala gana.
-¡Ahí toqué yo!
Todos me miraron como si me hubiera vuelto loca, hasta que me expliqué mejor.
-Un día me sacaron de la escuela por esto –mostré triunfalmente mi trenza. Aún la tenía.
-Ah si, me acuerdo –dijeron John y Abby, juntos.
-Me fui por ahí, y me terminé metiendo en un club y....
-¡Y ganaste 30 pesos! –completó Stu, al que ni siquiera había visto.
-¡Si! ¿Cómo te acordás?
-Fue el día que te regalé mi dibujo.
John lo miró, serio, y se volvió a mirarme a mi.
-Ah. El día que te quisiste escapar, ¿no?
-Si...-respondí avergonzada. –La  cuestión es que el club donde gané ese dinero ¡era el Casbah!
-Oh que bien –dijo Pete, escéptico.
-Perdón Pete, sólo lo dije para molestarlos a ellos, yo no sabía que...
-Está todo bien –me interrumpió, pero sonaba ofendido.
Miré a los otros, sólo se encogieron de hombros.
-Chicos me voy, sólo pasaba a....saludarlos –di media vuelta y salí casi huyendo.



-Te lo dije –Abby me miraba enojada.
-Vos me dijiste que no les gustaría que los viéramos ensayando ¡no que iba a meter la pata como la metí!
-Eso te pasa por hablar de mas. Al final, no los felicitamos....
-Tenés razón. –bajé la cabeza –Bueno, vos tendrás la oportunidad de felicitarlo a tu Macca jeje
-¡Mercy! –gritó escandalizada.
-Yo no dije nada, son tus imaginaciones...
-Si, si, mis imaginaciones.....¡Uy mirá la hora que es! –mostró su reloj pulsera –Tengo que ayudar a mi madre con su “té de amigas”. Será mejor que vaya, o me recibirá con sus sermones.
-Está bien, tendré que q volver sola....Suerte con el té.
Abby se fue corriendo, y yo miré a todos lados. Hacía calor, y no tenía ganas de caminar hasta mi casa, estaba lejos. Bufé, cansada, y comenzé a caminar, arrastrando los pies.
-¡Morocha!
Algo en mí se dio vuelta. Esa voz, y ese apodo, sólo provenían de alguien. Me giré, buscándolo. Mi cara sería la de una completa idiota.
-¡Rich! –grité cuando lo vi, en bicicleta. Estaba despeinado, con una remera blanca, unos pantalones gastados, y alpargatas. Aún así era un churro, por no decir un monumento. ¡Qué calidad!
-Eyy....-dijo frenando, casi al lado mío.
-¿Cómo estas, tanto tiempo?
-Bueno, tampoco tanto......Apenas pasaron 20 días desde que terminó la escuela.
-Pero yo estaba acostumbrada a verte todos los días, y ahora no.
-¿Qué? ¿Me extrañaste?
Sentí como me ponía colorada, y bajé la vista.
-Algo así....
-Subí, te llevo ¿Adónde vas? -¿Por qué me cambiás la conversación, Starkey?
-A mi casa
-Dale, subí que te llevo.
-¿Yo, en bici, con vos? Ni loca. Me voy a matar y no quiero morir tan joven.
-Te he visto con John, que no ve ni una vaca adentro de un baño, y que yo sepa no te pasó nada. Yo veo bien.
-Está bien....-suspiré, y me subí.
-Agarrate porque voy rápido.
-Uy si, me imagino la velocidad que tomarás –me reí, pero el desgraciado iba rápido, y a propósito, comenzó a hacer “firuletes”. Creo que su objetivo era que yo me cayera.
No tuve mas remedio que agarrarme de él. Mala idea Wells. Después, no quería soltarme por nada del mundo. Me grabé en la memoria y en la nariz el olor de su perfume.
-¡Llegaaamoooos! –anunció, como si se tratara de un chofer de bondi.
Me bajé y me planché el vestido con mis sudorosas manos. Levanté la cabeza y me encontré con su mirada. Sentí un impulso, algo que me empujaba. Sólo me acerqué, lentamente, aunque habrán sido milésimas de segundos. Pero reaccioné, y antes de meter la pata por segunda vez en el día, me desvié y le di un beso en la mejilla.
-Gra...gracias por traerme –fue todo lo que dije, antes de entrar corriendo a mi casa, agradeciendo y a la vez maldiciendo el hecho de haber tomado conciencia en el momento justo. Y es que Richard era, para mí, una tentación y a la vez una barrera infranqueable.



Sin dudas, trabajar en la cafetería en verano, era lo mejor. Todo el mundo venía por refrescos, licuados y....helados. Si, vendíamos helados. Y yo aprovechaba para comerme y tomarme todo.
-Sacá tus sucias manos de ahí
-Ehh.....Cris.....yo...yo iba....
-Ibas a comerte el séptimo helado de la tarde.
-No, ¿yo hacer eso? No, no, sólo iba a....
-Mercy Wells –me miró seria, y tragué saliva.
-¡Prometo que no comeré mas! Por hoy.
-¡Por el resto del verano!
-¿Qué? ¿Cómo voy a sobrevivir todo el verano sin un helado?
-Comprate.
-¡Pero si trabajo acá! ¿Para qué voy a comprar?
-Hay que ver la caradurez que tenés....
-Pero...
-No. Ni un helado mas.
La miré, con cara de angustia, aunque no tenía la facultad que tienen  muchos de lograr conmover. Por lo tanto, no resultó. Entonces, apelé a otro argumento.
-Ehh....Cris....-dije haciéndome la interesante -¿No viste a John?
-No.
-Mirá que ya cumplió 18, ya terminó la escuela y....
-No vino mas.
Mierda. O estaba con Marcia o de verdad se había dejado de joder con las mujeres.



Caminaba hacia mi casa, aún apesadumbrada porque se me había acabado la joda, o sea, no habría mas helados gratis. Eso era una desgracia. Pateaba piedritas en la vereda, ya era de noche, bastante tarde, pero aún así las calles tenían gente, era como un pecado irse a dormir, con la preciosa noche veraniega que hacía.
Levanté la vista y me di cuenta que era una tarada. Bueno, eso ya lo sabía, pero lo confirmé aún mas. Me había equivocado de calle. Por suerte, no estaba lejos de la mía, y faltaban pocas cuadras.
Vi una casa conocida, y de inmediato la reconocí, era la casa de Isabella. La hora me impedía ir y tocarle el timbre, pero vi como la puerta se abría y un par de hombres sacaban un armario, para luego cargarlo en un camión estacionado enfrente. Otro hombre empujaba un sillón, y por detrás, Isabella, con una enorme caja entre las manos.
-Me acerqué, con curiosidad, y ella me vio.
-Mercy....-dijo en un tono apenado.
-Ey Isa ¿te cambiás de casa?
-Algo así. Justamente mañana iba a visitarte y decirte que.....
-¿Qué? –pregunté ansiosa por su suspenso, algo triste.
-Que me voy de Liverpool.
Me quedé estupefacta, mirándola.
-Pará, pará, ¿me hablás en serio?
-Si....Trasladan  a mi padre. Ya sabés, el trabajo y esas cosas.
-Si lo sé...-recordé cuando, por trabajo, a mi padre lo habían mandado a Liverpool.
-Pero no te irás muy lejos, ¿no?
-Ehh.....Me voy a Escocia.
-¿QUÉ?
-Si....-pasó sus dedos por sus ojos, ya que los tenía húmedos.
-Pero....pero....¿y la escuela?
-Ya me anotaron en otra, allá.
-¿Y...nosotros?
-No sé.....No sé cuando podré volver.
-¡No Isa, no! ¡No podés irte!
-Ojalá tuviera tu edad Mercy.....pero sólo tengo 15. Debo ir con mis padres, no me queda otra.
-No, no. Pensá en nosotros, pensá en John.
-Oh vamos Mercy, John seguirá viviendo feliz sin mi, es mas, ni siquiera se dará cuenta que me fui.
-Pero....
-Lo lamento Mecy. Lo lamento.
-Isa....
-¡Isabella ayudame con esto! –se escuchó una voz femenina desde adentro de la casa
-Me tengo que ir....
-Está bien. Nos vemos mañana, u otro día.


Era viernes por la mañana y ordenaba mis libros, pensando en lo de Isabella. A veces, me parecía que Liverpool era un lugar de paso para muchas personas. Llegaban, conocían gente, se hacían amigos, y después, las circunstancias de la vida hacían que se alejaran. Bueno, si no fuera porque me mantuve firme, yo me habría convertido en una de esas personas.
Dejé mis pensamientos cuando, contando mis libros (era muy obsesiva con eso) me percaté de que faltaba uno. Pero, ¿cuál? Haciendo memoria, lo recordé. Wordsworth. Lo tenía Lennon, me lo había prácticamente robado en la escuela y, obviamente, no me lo había devuelto.
Bajé rápido las escaleras y me encontré con mi padre.
-¿Adónde vas?
-A la casa de John, tengo que pedirle algo. ¿Y eso? –pregunté cuando noté que algo llevaba en su mano derecha.
-¿Esto? –mostró una botellita de vidrio blanco y tapa dorada, con un líquido trasparente dentro. –Esto es anís.
-¡Anís?
-Si, probalo si querés. –me dio la botellita, la abrí y olfateé.
-Parece fuerte –después, le di un sorbo -¡Es horrible!
-Deja de serlo cuando te acostumbrás –dijo cuando paró de reírse de mi expresión.
-A ver, tomaré otro poco –le di otro sorbo y me di cuenta de que tenía razón, ya no parecía tan fuerte.
Entró mi madre desde la calle, y me vio con la botellita.
-¿Qué estás tomando? –preguntó con tono de regaño.
-Es....¿qué era? –miré a mi padre.
-Anís.
-Eso, es anís.
-Que cosa mas fea. No vayas a volver a tomar –entró a la cocina y mi papá y yo nos miramos con complicidad, antes de que yo tomara otro sorbo.
-Quiero armar como una pequeña bodega –dijo –Tener botellitas de diversos colores y formas, aunque sea sólo para mirarlas.
-Me parece bien, aunque me tomaré todo.
-Ni se te ocurra –rió.


-Hola Mimi –saludé en cuanto me abrieron la puerta.
-Mercy ¿cómo estás? Si buscás a John te digo que, como siempre, no está.
-Ohhh....Bueno, vengo en otro momento.
-¿Para qué lo necesitabas?
-Él tiene un libro que le presté yo y...
-Y no te lo  devolvió –completó  -Pasá, subí a su habitación y buscalo.
-Pero....se enojará.
-Da igual que se enoje, demasiado me hace rabiar  a mí.
Reí y entré a la casa. Mimi me señaló las escaleras, que subí rápidamente. No me costó nada encontrar la habitación de mi vecino, tenía la puerta abierta y se veía un completo desorden. Entré y enseguida vi una biblioteca abarrotada de libros. Supuse que el mío estaría ahí, así que comenzé a buscarlo. Justo escuché que la puerta de calle se cerraba, y la voz de John hablando con su tía. Después, pasos en la escalera. Con la sola intención de enojarlo, tomé su guitarra, que descansaba en su cama. Cuando John entró a la habitación, me encontró tocando y cantando.
-Go, go, gooo Johnny go, go!
-¿Qué hacés con mi guitarra? –preguntó algo enojado pero también sorprendido.
Pero no le contesté, sólo seguí tocando hasta que a mí se me dio la gana parar.
-Hola Johnny –lo saludé como si no hubiera pasado nada.
-Hola cosa extraña. No puedo creer que una fea como vos pueda tocar tan bien.
-¿Entonces...?
-No, no estarás en la banda.
-Para que veas que ni me importa estar con ustedes, ratones.
Se rió y me sacó la guitarra.
-Andá a buscar a tu Violeta.
-¿Eh?
-Que vayas a buscar tu guitarra. Toquemos juntos, estoy aburrido.
Lo miré, incrédula. Cuando reaccioné, salí disparada, bajando las escaleras como un rayo, cruzando la calle sin mirar, entrando a mi casa llevándome todo por delante, subiendo las escaleras, y otra vez todo lo mismo, salvo que con Violeta en la mano.
Irrumpí en la habitación, John tocaba cualquier cosa.
-Qué rapidez, deberías ser bombero.
No hice caso, sólo me colgué la guitarra, emocionadísima. Y con la misma emoción, lo miré, expectante, esperando que me dijera qué tocar. Se puso de pie, con una cara de picardía digna de un monumento.
-A ver si te sabés ésta –dijo desafiante.
-Me sé todas, queridito –le contesté sacándole la lengua.
-Que mal educada la señorita...
-Dale, decime qué hago.
-Runnin’ to-and-fro-hard workin’ at the mill
never fail in the mail-yeah, come a rotten bill!
Tardé medio segundo en reconocer “Too much monkey business”, así que lo seguí, cantando a voz en cuello, como él. Por la mitad de la segunda estrofa ya nos sentíamos unas estrellas de la música, y mas si nos poníamos espalda contra espalda, sacudiendo los pelos, haciendo gestos a lo Elvis y bailes extraños, mirándonos en un espejo que tenía. Si, mirarnos ahí era como imaginarnos que estábamos en televisión. Llegó el momento del solo, y en dos furtivas miradas no logramos ponernos de acuerdo en quién lo haría. Y parar semejante actuación....no daba. Así que salió un contrapunto: matarnos para ver quién hacía mas mamarrachos con la guitarra. Porque eran eso, mamarrachos. Terminamos la canción con el puño en alto, y ya imaginándonos un público delirando por el gran dúo.
Pero la realidad abrió la puerta.
-¿Qué es todo este barullo?
-Barullo –contestó John con sarcasmo.
-No entiendo como pueden llamarle música a eso –Mimi negó con la cabeza –El almuerzo ya está casi listo –se fue, dejando la puerta abierta.
-Vaya, eso fue genial –John dejó guitarra sobre la cama.
-Lo mismo digo. No esperaba tocar con vos algún día. Como siempre me estás subestimando.....
-Vas a tener que acostumbrarte, cuando esté sin hacer nada, te voy a molestar.
-Eso lo hacés siempre.
-Che, tocás bien.
-Eso es porque tengo un buen profesor.
-Bahh.....no sé qué te puede enseñar ese chiquito....
-Sabe mas que vos.
-Si, si, como digas. A todo esto ¿qué hacías en mi habitación?
-Vine a....a....¿a qué vine? ¡Ah si! A que me devuelvas el libro que jamás te presté.
-Ahh....si....-se agachó, y prácticamente se metió bajo su cama.
-¿Qué hacés?
-Creo que estaba por acá....
-¿Qué?
-Acá está –asomó una mano, que agarraba mi libro.
-¡John te dije que lo cuidaras y lo tenías tirado ahí!
-Los libros que me gustan los pongo acá. Y ese me gustó mucho. Mirá éste. –salió de debajo de la cama, con un libro de tapas negras. Lo tomé y leí su nombre.
-¿”Cuentos de humor y horror”? ¡Debe ser horrible! Por algo lo leés.
-No digas que es horrible si nunca lo leíste. Y mucho menos si el autor es Saki.
-¿Quién?
-Saki. Literatura inglesa, pedazo de papanatas.
-La vieja de literatura jamás lo nombró.
-Porque es una anticuada. –abrió el libro en una página marcada, y ante mi vi un título: “El ratón”.
Tomé el libro, porque él me obligó. Comenzé a leer, sin ahorrarme todo tipo de gestos de fastidio, no quería leer las mismas locuras que a él le gustaban, seguramente era algo  lleno de sangre o cosas chabacanas. Sin embargo, el texto me atrapó, y empezé a leerlo con gusto. Me senté en la cama, al lado de él, que improvisaba con la guitarra. De vez en cuando me miraba de reojo, podía sentirlo, ante alguna risita que se me escapaba, aunque quería seguir pareciendo enojada por tener que leer eso. Pero la risa me ganó, y terminé casi tirada en la cama, riéndome como loca.
-¡John esto está buenísimo! ¡Quiero leer otro! –hojeé el libro, buscando un título que me llamara la atención -¡Éste! ¡”El buey cebado”! Ja, como yo cuando estoy CEBADÍSIMA.
-No se refiere a eso, cuadrada. Y ahora dame eso –intentó arrebatarme el libro
-Ah no, olvidá que te devuelva este libro –me puse de pie, agarré mi libro de Wordsworth y a Violeta. -¡Chau!
-¿Eh? ¡Devolveme eso!
-Ni sueñes
-¡Vení para acá, ladrona!
Salí corriendo, casi saltando los escalones de tres en tres, para llegar rápido a la puerta y huír para siempre con ese libro. Ya estaba a punto de poner mi mano sobre el picaporte de la puerta, cuando...
-Mercy
Mimi me había hablando y yo no podía ser tan maleducada en salir corriendo. Así que paré mi carrera y John, por supuesto, me alcanzó.
-¿Si? –dije tratando se parecer una chica buena.
-¿Querés quedarte a almorzar?
La propuesta me había tomado por sorpresa, así que sólo la miré, casi desconcertada, y luego miré a John, que parecía estar igual que yo, sólo que lucía una sonrisita.
-Ehh...eh....yo.....no sé.....Mi madre ya debe haber preparado la comida, y si le digo que no voy....
-No te preocupes, acabo de verla y le pedí permiso para invitarte. Dijo que no tiene problema.
-Bueno....-miré a John, buscando su aprobación o no, pero parecía contento -...si es así....entonces ¡SI!
-Perfecto, vengan –Mimi entró al comedor y John y yo nos miramos.
-Lo hace porque piensa que sos un buen partido para que seas mi novia.
-¿QUÉ? –no quise gritar, me así me salió. John largó una carcajada, y Mimi también, ya que al parecer, había escuchado.
-No hagas caso a las cosas de este salvaje. Sé que te quiere como si fueras su hermana, auque las tiene....
-Mimi, no las veo nunca –dijo él, fastidiado.
-Es verdad. Por eso, creo que sería lindo que almuercen juntos, ¿no?
-Mientras John no me robe la comida, estará todo bien –bromeé.
-No te preocupes, me aseguraré de que se comporte como un caballero.
La “caballerosidad” de John duró apenas quince minutos, porque al rato, ya estaba molestándome, y buscando mil formas de hacerme reír para que escupa la comida. Mimi sólo se la pasó retándolo, aunque la mayoría de las veces fue en vano. Aún así, me divertí mucho con ellos.
-Gracias por quedarte, fea –dijo John, cuando me acompañó hasta la puerta (porque Mimi lo obligó)
-De nada
-La hiciste poner contenta.
-Por eso lo hice, no creas que fue por vos –reí.-Ah, me llevo tu libro.
-Uff...está bien –contestó resignado.
-Ehh....John, tengo una noticia. Isabella se va de la ciudad.
-¿Por?
-Trasladaron a su padre a Escocia.
-Ohh....que lástima. Supongo que no la volveremos a ver.
-Y...no sé.
-Es una buena chica.
-John, está enamorada de vos.
Me miró como si hubiera dicho un disparate, y yo lo reafirmé asintiendo con mi cabeza.
-Nunca...nunca me dijo nada.
-Es obvio, es tímida. Yo lo sé desde hace un tiempo.
-Me hubieras dicho...
-¿Para qué? ¿Acaso alguna vez te gustó o algo?
-No, no....Quizás hubiera hablando con ella o...no, no hubiera dicho nada, soy cobarde para esas cosas. Aparte,  ¿qué le diría? “Hola, mirá, no estés enamorada de mi, porque solo te veo como una niñita de 1º año”. No, soy cruel, pero no tanto. Quizás le haga bien irse, por ahí se encuentra un chico como la gente, y no un zabandija como yo.
-Lo mismo digo....
-Ey, arbusto
-Y dale con lo de arbusto ¡Superalo!
-No quiero. Te iba a preguntar algo: ¿Qué harás para la semana que viene?
-¿Qué pasa la semana que viene?
-¿Como que qué pasa? ¡Es tu cumpleaños!
-Oh....me había olvidado. ¡John cumplo 18! ¡No quiero!
-No seas tonta, al fin serás mayor de edad.  No te preocupes, yo te organizaré todo.
-Uy no....
-¡No te quejes!
-Como digas....John, será mejor que me vaya. Quiero leer tu maldito libro.
Cruzé la calle, como siempre sin mirar,  y al llegar  a mi casa vi a mi padre tomando medidas para poner un mueble que usaría como bodega, o algo así me dijo. Subí a mi habitación y me tiré en la cama, a olvidar que me había olvidado que estaba próxima a cumplir 18 y a deleitarme leyendo.


*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*
Por ser el capitulo 40, tendría que haber salido algo mejor, porque la verdad que es una BERRETADA! Pero qué quieren que le haga? Este capitulo lo saqué con fórceps de mi cerebro (si no saben lo que es, búsquenlo en Google, y espero que no les duela XD) Aún así, se lo dedico a mi Cris (ella sabe porqué)
Les dejo una especie de acertijo: en este capitulo pasa algo que a Mercy la afectará después. A ver quién se da cuenta de lo que es muejejjee
Y ahora sí, una mega recomendación. Les digo, las obligo a leer a Wordsworth y a Saki. Miren, hasta les dejo los links con varias cosas de ellos:
Wordsworth:

Saki: 

Ahora si, este café literario ha finalizado XD
Saludos a todas!


25 agosto 2012

Capitulo 39 Graduados


Hacía mucho calor en el salón de actos. Y estaba lleno de gente. Sentados, nos echábamos viento con el programa del acto. Perdón, acto no. “Colación de grados”. Así lo llamaban los profesores y así decía en el programa, que dentro tenía impreso los nombres de quienes nos graduábamos. “Colación de grados”. ¡Qué denominación tan horrible!
El director daba su discurso, que como todo discurso, era largo. Nos decía que ahora debíamos salir al mundo, que seríamos hombres y mujeres de bien y bla, ba, bla, bla. Todos fingíamos prestar atención. Yo estaba sentada en la cuarta fila, entre todas las chicas, y agradecía estar ahí y no con John, porque sino estaría a las carcajadas y acabarían echándome. También agradecía no verlo desde donde estaba, ya que a él lo habían sentado en la primera fila, para mantenerlo vigilado.
Cuando el director finalizó su discurso, lo aplaudimos y pensábamos que el aburrimiento había acabado, pero no. La vieja momia de literatura también había preparado “unas palabras”. Yo diría “unas cuantas palabras”. O “unas 100.000 palabras”, porque no terminaba mas. Vieja falsa, todo el año hostigándonos, y el último día venía a decirnos que éramos sus mejores alumnos y que nunca nos olvidaría. La aplaudimos haciéndole creer que la queríamos y le llegó el turno a Ivan, que como futuro maestro, le tocaba pronunciar el discurso de despedida en nombre de los 30 alumnos que dejábamos la escuela. Oh, dejábamos la escuela. Ese sería el último día que la pisaría, el último día que vestiría el uniforme. Era  raro, sentía que extrañaría esa escuela como si hubiera ido toda la vida, y sólo fui un año. Un año en el que pasaron mas cosas que en el resto de mis 17 años. Pero salía de la escuela con un pequeño triunfo: aún seguía con mi trenza en el pelo. Se habían cansado de retarme, y me dejaron, y ya había chicos y chicas de 1º y 2º año que las llevaban y no les decían nada.
Cuando Ivan finalizó, se dio comienzo a la entrega de medallas. Cada alumno era llamado al frente, le daban su medalla y se tomaba la foto de rigor con la familia, que casi siempre no podía creer que el chico/chica haya terminado, por fin, la escuela.
A los primeros cinco los aplaudieron conmovedoramente. Después, ya saben, la gente se cansa y va bajando el entusiasmo. Pensaba que cuando me tocara a mi, la última de la lista, el salón estaría vacío, la escuela cerrada, y rodarían, empujadas por el viento, esas bolas de espinillos que aparecen en la películas del Lejano Oeste, donde todo es desierto. En eso estaba pensando, cuando vi cómo el profesor de matemáticas miraba, extrañado, unos rayones en los amplificadores. Seguramente estaría pensando qué les había pasado, pero lo que menos se imaginaría era que esos rayones fueron hechos cuando mi lindo hermano tonto los sacó por la ventana. Ese hermano que ya estaba posando para la foto, haciendo morisquetas, junto a una Mimi que disimulaba mal su emoción. No era para menos. Su salvaje sobrino al fin terminaba algo en la vida.
Los minutos pasaron, y yo esperaba, ya somnolienta, tanto por el aburrimiento, como por el calor que hacía.
-Mercy Wells –anunciaron al micrófono.
Me puse de pie, ya la gente bostezaba, habían visto 29 veces lo mismo. Caminé hasta el frente, acomodándome la corbata. Mis padres, sonrientes, se acercaron. El director me colocó la medalla, me dio el anuario, y la de literatura me alcanzo la rosa roja que cada alumno debía entregarle a su madre a modo de agradecimiento por haberlo mandado a la escuela, supongo. Después, todos posamos para la foto.
-¡Vamos Wells! –gritó John, arengando a las masas, e increíblemente, todos aplaudieron.



Ni bien puse un pie en casa, luego de regresar del acto, mi madre me sentó, me sacó la cinta del pelo y comenzó a.....ponerme ruleros. Sonreí, se le había pasado el enojo y había comprendido mis razones para quedarme en Liverpool. Mi padre lo había tomado como un triunfo propio, y cuando entendió mis palabras, se enojó porque yo no lo elegía a él, elegía a la ciudad. Pero después, también se disipó su enojo. Ahora estaban los dos contentos, viendo a su pequeña Mercy terminar la escuela.
El resto del día se pasó demasiado rápido, cuando me di cuenta, otra vez me estaban sometiendo a los “procedimientos de belleza”.
El timbre sonó y fui a atender, en pantuflas y con los ruleros puestos. Parecía una vieja chusma.
-Ho......JAJAJAJAJAJAJAJAJA  MERCY MIRÁ TU CARA!!!! –John por poco se tiraba al suelo y se revolcaba de la risa. Yo lo miraba, inmutable.
-¿Qué querés?
-Esperá, esperá que me calmo........JAJAJAJAJAJAJA  ESOS RULEROS JAJAJA!!!!
Luego de media hora de estar parada en la puerta, esperando que esa cosa dejara de reírse de mí, se calmó.
-Ya....ya.....-se secó los ojos, ya que lloraba de la risa
-¿Qué querés? –repetí.
-No vine a hablar con vos, vine a hablar con tu padre.
-¿Y POR QUÉ NO ME DIJISTE ANTES?
-JAJAJAJAJA ¡Tu cara cuando te enojás es épica! No te dije antes –tomó aire, tranquilizándose –porque me estaba.....RIENDO!  JAJAJAJAJAJAJAJAJAJA
Le cerré la puerta en la cara, y él volvió a tocar timbre, tantas veces que mi padre se cansó y fue a abrir. John, lo único que quería saber era a qué hora papá nos llevaría a la fiesta. Cuando se fue, vi como cruzaba la calle, todavía riéndose. Tarado.



-Levantá los brazos –dijo mi madre, a punto de ayudarme a ponerme el vestido. Le obedecí y ella subió el cierre, o cremallera, como le digan.
Me miré al espejo. Me veía muy bien. Que me viera bien significaba que no era yo, porque siempre andaba vestida como una pobre diabla.
El vestido había quedado perfecto. Era bordó, bordeaux, borravino, granate, no sé bien su nombre. Era largo, porque así debía ser, y las mangas era cortas. La falda era de raso, una tela suave y con brillo, y la parte de arriba era de otra tela opaca, pero que en su trama formaba unos dibujos, como arabescos, todo del mismo color. Estaba un poco apretujada dentro de él, ya que era corsé y estaba todo emballenado. Me puse unos zapatos con unos tacos cuya altura rozaba mi límite de tolerancia y me prendí la cadenita con el dije de la  MW  en el cuello. Decidí maquillarme yo misma, aunque mis conocimientos en la materia eran mas bien nulos. Mi madre terminó de peinarme y me ahogó en spray para pelo.
-¡Estás hermosa!
-¿De verdad?
-Si, si mirate en el espejo.
Eso hice, y otra vez vi a una chica, muy linda, pero que no era yo. Pero ahí estaba mi chiste: demostrarles a todos que la machona, petisa, malhablada, y desgarbada Mercy, podía verse realmente bien.
Bajé las escaleras despacio, desconfiaba de los tacos.
-¡Quedate ahí! –gritó mi padre, cámara en mano –Voy a tomarte una foto, estás muy linda en la escalera.
Sonreí, y él tomó la foto. Después, los dos corrieron a arreglarse ya que al comienzo de la fiesta, los padres y todas las personas que quisieran podían estar para ver a los nuevos graduados de la ciudad.
-Ya estoy –mi padre bajó ajustándose la corbata, seguido de mi madre, que iba pasándose el peine por el pelo.
El timbre sonó, seguramente sería John, así que fui a atender. Cuando abrí la puerta, los dos nos quedamos pasmados, mirándonos.
Nunca había visto tan lindo a mi querido vecino y hermano. Estaba perfectamente peinado, no llevaba sus anteojos, sus zapatos brillaban y, según tenía entendido, tenía puesto un traje de su tío George que le quedaba pintado. Aparte, su corbata era del mismo color que mi vestido, mas o menos una semana antes me había preguntado de qué color me vestiría. Era algo que hacían casi todos los chicos, la mayoría obligados por sus madres. Pero el motivo era que la ropa de cada  pareja combinara. En la mano llevaba una rosa amarilla, otro “rito” que debían cumplir: darle una rosa a su pareja.
-Se....señora Elizabeth –dijo sin quitarme los ojos de encima -¿Cuándo dio a su hija en adopción y trajo a ésta otra?
Mi madre lanzó una carcajada.
-John, estás....demasiado bien –lo miré casi con la misma expresión que la que llevaba él.
-Pero...¿vos sos Mercy? Dios....estás.....preciosa. Si no fueras mi hermana..... uffff
-¡John, no empieces! –me reí, que él dijera un halago, aunque fuera mínimo, era todo un acontecimiento. –Vos también estás precioso hermanito –me lanzé a apretarle los cachetes, hasta que logré enojarlo.
-¡Salí loca! –se quejó –Mirá, te traje la rosa. ¿No tenías otro color mas fácil para elegir? Todo el mundo tiene rosas rojas ¡no amarillas!
-Pero a mi me gustan esas.
-Vos con tal de joderme la vida hacés cualquier cosa.
-¡Hola Mercy! ¡Qué bien te ves! –saludó Mimi –Yo ya estoy lista.
-Perfecto –contestó mi padre –Subamos al auto.




Llegamos al salón donde se celebraba la fiesta, mis padres y Mimi entraron, pero a nosotros nos hicieron quedar afuera, en una fila formada por todos los chicos. Allí esperamos, por suerte no hacía frío. Escuchamos que desde adentro comenzaba la música, y poco a poco, las parejas fueron entrando, entre los aplausos de los concurrentes.
Debo decir que entrar a aquel lugar me daba algo de miedo y vergüenza, pero John no sabía lo que era eso, así que me tomó del brazo y caminó con paso decidido. Al entrar, nos tomaron una foto.
Nos quedamos a un costado, mirando al resto de las parejas, entre las que estaban Pete, Ivan y...Richard. Richard con Marcia. No pude reprimir una risa cuando la vi: tenía un ostentoso vestido lleno de tules, con el que apenas pasaba por la puerta. Lo peor era el color: verde loro.
Terminaron todos de entrar y comenzaron los primeros acordes del vals. Si, como si de una fiesta de 15 años se tratara, había que bailar el vals. Primero con la pareja, y después, los varones con la madre, y las mujeres con el padre. Así que primero bailé con John, que demostró su torpeza pisándome dos veces, hasta que por suerte dijeron que había que cambiar de pareja, y bailé con mi padre, cuyas dotes para el baile eran bastante similares a las de John.
Después de unas fotos mas y de otro discurso, ésta vez pronunciado por el director de otro colegio, todos se retiraron, para que los graduados disfrutáramos de nuestra fiesta.
-¿QUE  QUÉ? –gritó John al lado de una mesa -¿No hay alcohol?
-¿Cómo? –pregunté escandalizada.
-¡No hay! Todo es Coca-Cola, gaseosa, y jugos de fruta, puaj.  NO A LA FRUTA.
-¿Me estás queriendo decir que no hay fernet?
-No. Un momento –dijo mirándome serio –Vos no podés tomar alcohol.
-¿Por qué?
-Porque sos mi hermana.
-¿Y con eso? Yo aprendo de vos.
-No, no quiero que mi hermana tome alcohol.
-Machista.
-Lo digo en serio.
Por toda respuesta le saqué la lengua, y me giré, casi chocándome con Richard, que estaba comenzado un ataque a un plato de papas fritas.
-¡Arriba las manos! –le grité.
-¡Ay!
-Je, te asustaste, eh!
-Ey petiso –“saludó” John. Richard lo miró fastidiado -¿Qué? ¿Me vas a decir que no sos petiso?
Me reí. John, mas que nada lo decía por la “pareja despareja” que Richard hacía con Marcia. La rubia se había puesto unos tacos altísimos que, obviamente, sobrepasaban la altura de Richard.
-Marcia casi me echa de su casa cuando pasé a buscarla –dijo metiéndose un manojo de papas en la boca.
-¿Por qué? –preguntó John extrañado.
-Me dijo que yo le arruinaba todo, porque ella se había comprado esos zapatos, y ahora yo quedaba bajito a su lado. Pero que no se iba a poner otros de taco mas bajo porque había comprado los que su puso especialmente para ésta ocasión y no sé cuánta cosa mas......Me tuvo media hora recriminándome el no ser mas alto.
-¡Qué mina estúpida! –fue todo lo que dije, mirándola con rabia, ya que se encontraba a unos metros, coqueteando con unos chicos.
-Fuiste el único desubicado que no se puso la corbata del mismo color del vestido –John lo miró con aires de superioridad.
-Ni loco me ponía una corbata verde loro. ¿Sabés como quedaría?
John y yo nos reímos de sólo imaginarlo. La verdad, habia tomado una buena decisión al ponerse una corbata azul.
-Bueno, me voy a conquistar chicas –John se peinó con los dedos –No pienso pasarme la fiesta con ustedes, manga de perdedores.
Le arrojé una servilleta sucia a la cara y se fue, riéndose.
-¿Bailamos? –me preguntó Richard.
-¿No deberías bailar con Marcia?
-¡Si no me quiere ni ver! Debe estar contándole a todos que soy el culpable de todas sus desgracias. Qué suerte que no la veré mas.
-¿Sabés qué? Yo pensaba que ustedes terminarían juntos. Como todos los varones quieren tirársela, y ella se la pasaba encima tuyo....
-A Marcia no la toco ni con un palo –respondió con cara de asco.
Digamos que tenía la oportunidad de seguir preguntado, de avanzar. Pero como soy la estrella en perder oportunidades, no hablé mas. Y es que había decidido que en mi fiesta de graduación no pasaría nada. No quería ningún hecho bueno o malo con Richard, o con John, o con Marcia, o con quien sea. No quería, años después, recordar esa fiesta por lo que hubiera sucedido. Quería recordarla así, como mi fiesta de graduación, normal y sin inconvenientes.
Salimos a bailar. Este pibe lo hacía realmente bien, y no lo decía porque me gustaba locamente, lo decía con total objetividad. No sé si yo bailaba tan bien como él, pero tampoco era un tronco.
Paramos porque teníamos una causa que defender: dos chicos desconocidos estaban comiendo NUESTRAS papas fritas. Y eso, no se permite. Nos miramos, cómplices, y enseguida capté el plan que él llevaba en mente.
-Hola chicos –saludé coquetamente.
-Hola....-respondieron los dos.
-Yo me llamo Mercy, ¿y ustedes? –los dos idiotas se quedaron mirándome como...idiotas. Vi como por detrás de ellos, Richard se escabullía y con cuidado y en silencio, se acercaba al plato de papas.
-Yo me llamo Frank –contestó uno, bastante feo, mientras Richard agarraba el plato y se alejaba.
-Y yo Tyler –respondió el otro, un pelirrojo lleno de acné.
-¡Mercy! –gritó Richard.
-Ay perdón, me tengo que ir, me están llamando. Un gusto conocerlos –les guiñé un ojo y corrí, levantándome apenas la falda para no caerme, en busca del “oro frito”.
¡Ey Mercy! –chistó Richard, escondido bajo las escaleras.
-¡Ahí estás! Dame eso –le arrebaté el plato y comí como desesperada. –Qué buen plan.
-Es la segunda vez que robamos papas.
-Pero ésta fue mejor. Me sentí como esas mujeres sexys que van a los casinos a conquistar tipos mientras sus cómplices les roban el dinero.
-Es que en cierto modo somos como una mafia –rió.
-¿Qué hacen acá? Ahhh.....¡con que comiendo! –John me sacó el plato y se nos unió –Me estaba muriendo de hambre, los que organizaron esta fiesta son unos ratas, poquísima comida.
Al rato, Pete e Ivan, algo aburridos en la fiesta, se unieron al “Club de la papa frita”.
-Se acabó todo –dijo tristemente Ivan.
-Tranquilo, sé dónde podemos conseguir. Seguime. –Pete, con aires de gánster de New York, caminó con las manos en los bolsillos, seguido por Ivan.
Al rato volvieron con el motín: una bolsa enorme de papas que habían conseguido en la cocina, donde se metieron en un descuido de los camareros.
-Creo que están sirviendo torta –John señaló a una de las mesas -¿Vamos?
Caminamos hasta las mesas, los chicos hicieron frente común para devorar las tortas que estaban sirviendo, pero yo, esta vez, no me uní a ellos, ya estaba cansada de comer y las tortas se me hacían empalagosas.
Otra vez llegó el baile, y John aprovechó para ir detrás de un acercamiento a Marcia. Yo me quedé mirando con cierta bronca, hasta que arrastré a Ivan hacia la pista.
-¡No Mercy, yo no bailo!
-¡Pero yo sí!
-¿Pero para qué? No es necesario....
-Lo que pasa es que yo llevo el baile en las venas, y no me entendés.
-Ay....está bien, bailemos.
Debo reconocer que, pese a sus quejas, tan mal no lo hacía. Se defendía bastante bien.
-Ya basta, suficiente, estoy cansado –dijo dejándome prácticamente plantada. Lo seguí, pero se escondió detrás de Pete.
Busqué a Richard con la mirada. No era que me interesaba, era que necesitaba seguir bailando. Ma si, ¿a quién quiero engañar? Me interesaba, por eso lo buscaba. Pero lo encontré hablando con Yasmine, una de las amiguetas de Marcia. Y hablando demasiado cerca. Sentí como los celos se apoderaban de mi. Me daban ganas de agarrar a la flaca esa y arrancarle cada uno de los pelos del bigote mal depilado que tenía.
-¿Celosa? –escuché en mi oído. Era John.
-Por favor, ¿qué decís?
-Digo lo que veo. Y veo que te salen balas de los ojos.
-No me jodas....
Richard dejó de hablar con Yasmine y se acercó.
-John, ¿no viste a Ivan? Yasmine quiere hablar con él.
-¿Con él?
-Si. Me dijo que la ayude a ponerse de novia con él, esta noche es su última oportunidad. Está loca.
John me miró y largó una carcajada, y yo no pude evitar seguirlo.
-¿De qué se ríen? –preguntó Richard, mirándonos desorientado.
-De nada –respondí –De....de una cosa, no tiene importancia.
-Decile a Yasmine que Ivan la rebotará. Creo que tiene novia, es Majo, la hermana de McCartney.
-Ah, es cierto. Bueno, que se arregle. ¿Bailamos esta, morocha?
Asentí con la cabeza, atontada por ese “¿Bailamos esta, morocha?”. Ay, cualquier estupidez que dijera, me atontaba, tenía que dejar de ser tan.....tonta.
Comenzamos a bailar, ésta vez haciendo payasadas, nos reíamos mucho de John, que me vigilaba, atento. Se tomaba demasiado enserio su “trabajo” de hermano.

La fiesta terminó cuando prendieron las luces y apagaron la música. Sin embargo, nadie quería irse. Creo que a todos les estaba pasando lo que hacía meses me pasaba a mí: no querían terminar, dejar la escuela, empezar una nueva etapa. El que se acabara la fiesta, les había hecho tomar consciencia.
-¿Vamos? –me dijo John, bostezando.
-¿No te vas a ningún lado?
-No....estoy cansado.
Creo que John había decidido lo mismo que yo, que en la fiesta no pasara nada. Yo pensaba que se iría con Marcia a tirársela en algún lado, pero dejó que ella se fuera con su disfraz de loro barranquero y con sus amigas en el auto que su padre le había regalado por su graduación.
-Si sabía que se iba en ese auto, le pinchaba todas las ruedas –dije al salir del salón, viendo como Marcia hacía alarde de su regalo ante todos.
-No seas así –me reprendió John, con seriedad.
-Es la verdad....
-Wells –dijo aún mas serio.
-Uff....está bien, no digo nada de tu bella damita verde. ¿Buscamos un taxi?
-No, vamos caminando.
-¡No puedo caminar con estos tacos!
-No iremos lejos.
-¿Como que....?
-Vos seguime.
Extrañada, lo miré, y me despedí de los chicos. Luego fui casi corriendo para alcanzarlo. Caminamos, yo parloteaba sin cesar, pero él iba muy pensativo, ni siquiera me prestaba atención. Después de un rato, me di cuenta de adónde íbamos.
-Con que acá me traés –dije al ver el cartel de Strawberry Fields –Ni sueñes con que salte esa reja con este vestido y estos zapatos.
No dijo nada, sólo me levantó por la cintura.
-¡No John, no puedo! ¡El vestido!
-Uy, qué lío con ese vestido –se quejó –Sacátelo.
-¡No seas degenerado!
-Bueno, hacé lo que puedas. Pero saltás, si o si. –como pude, me aferré a la reja, y él me soltó –Sostenete bien, yo voy a saltar, así te agarro del otro lado.
Me quedé ahí prendida, rezongando, mientras él, con gran habilidad, se trepaba y se dejaba caer al otro lado.
-Ahora sí, saltá.
Levanté la falda de mi vestido, apenas un poco, porque John era capaz de ponerse  a mirar. Rogué que no se rasgara o manchara, porque si era así, mi madre desconfiaría. Salté, y caí en los brazos de John, sin un rasguño. Caminamos hasta llegar a su árbol preferido, y se sentó, se quitó el saco y lo puso en el pasto, para que pudiera sentarme sin ensuciarme. Me convidó un cigarrillo.
-En fin....-dijo exhalando el humo –este fue el último día como estudiante secundario.
Sólo asentí con la cabeza, mientas le daba una calada.
-Que raro que no te fuiste con Marcia. Pensé que festejarías así.
-Naaa......No sé, como que quería y como que no. Ando un tanto....confundido.
-¿Confundido? ¿Vos?
-Si.....¡Mierda! El gran John Lennon ¡confundido! El mundo se está yendo al carajo, no tengo dudas.
-¿Y por quiénes estás confundido?
-Ya lo sabés. Marcia y Cris.
-Prefiero mil veces a Cris, que te lleva infinitos años, y no a la trola de Marcia.
-Lo sé....pero con Cris ya no hay esperanzas.
-¿Dudás de tus encantos como para no conquistarla? Mmm.....yo no estaría tan seguro –le hice una mirada pícara.
-Vos me parece que sabés algo. ¡Contame!
-Sé que quizás.....algún día....podría ser.....
-¡Dale!
-Está bien. Creo que le gustás. Creo.
-¡VAMOS, LOCO! –gritó –Aunque.....Marcia...-de repente, su euforia desapareció, dejando paso a una carita melancólica.
-John, Marcia es....
-Si, si, una hija de perra. Ya lo sé. Pero....me gusta.
Suspiré, y nos quedamos en silencio, hasta que él lo rompió.
-Creo que me voy a dejar de joder con las mujeres.
-¡Te vas a hacer gay!
-¡NO! ¡Idiota! Lo que quiero decir, es que me quiero quedar solo por  un tiempo.
-Ya lo éstas, nadie te da bola.
-Ayy....¡es imposible hablar con vos! Ya que estás tan divertida, ¿por qué no me hablás de Richard?
-Mmm....no hay mucho de qué hablar.
-¿¿¿Cuándo será el día en el que te decidas a hacerle algo???
-John, yo no soy así. Nunca me animaré a decirle nada. Aparte, queda muy de zorra andar encarando chicos.
-Pero si vas a esperar a que el lo haga....
-Es que....estoy confundida. Como vos.
-Me cago en la confusión –arrojó la colilla del cigarrillo, con bronca.  
-A veces pienso que debería sacármelo de la cabeza, porque jamás pasará nada. Es obvio que no le intereso, siempre me verá como una amiga. Pero a veces pienso que no, y me pongo a fantasear y a hacerme ilusiones....
¿Pero vos qué sentís?
Le aparté la mirada, y terminé mi cigarrillo.
-Yo.....siento que lo quiero. –se me empañaron los ojos, aunque ni sabía porqué.
-Uy, te hice llorar.
-¡No estoy llorando!  Jamás lloraré por un hombre.
-Hacés bien, no lo merecemos. –inesperadamente, me abrazó –Hermana, será mejor que nos dejemos de joder con todo esto. La escuela terminó, ya no somos mas nenes. Ahora hay que salir a la vida, y hacernos adultos, aunque suene aburridísimo. Como dijo el director esta mañana: “hacernos hombres y mujeres de bien”.
Sólo asentí y me aferré a él, que parecía ser él único que me entendía. Todo eso de hacerme responsable me asustaba, pero no había vuelta atrás. Había llegado la hora de ser hombres y mujeres. De bien, o de mal. Pero hombres y mujeres.



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¿Bailamos ésta, morocha? Ayyyy amo eso, lo dicen todas las tardes en un programa de radio que escucho y yo toda akskdsdkjfkjf jajajjajajajajajajjajaja 
Como les va? Yo toda vieja XD Les cuento que el sábado pasado fue la dichosa fiesta de 15, y dejé re asombrados a mis parientes con mi ropa y mis exóticos pasos de baile XD pero los escandalizé con mi manera de tomar fernet (si, la misma bebida por la que desespera la borracha de Mercy jaja)
Les dejo un video de un grupo rosarino, que tocan TODO el disco Revolver, está buenísimo! Acá tienen Eleanor Rigby

Bueno chicas lindas, princesas de mi alma! les dejo un gran beso, y nos leemos!!!