Antes que el timbre, me despertó una horrible puntada en la
cabeza. Sin abrir los ojos, recordé qué había pasado, y escuché el viento agitando
las ventanas. Ya no llovía, y cuando entreabrí los ojos, una luz mortecina
iluminaba la escalera. Reparé en el tic tac del reloj de pared y lo miré. Las
siete. No sabía si era de tarde o de mañana, pero lo mas probable era que me
hubiera pasado la noche durmiendo, así que apenas amanecía. El timbre sonó otra
vez y ahí me di cuenta de que había estado sonando desde antes. Me acurruqué
aún más, rezongando contra aquel idiota que tan temprano molestaba, encima un
día lunes.
Otro timbrazo. Me sobresalté pero seguí en la misma
posición. Sentía frío, y si quería volver a dormirme tendría que levantarme a buscar
una manta. Lentamente me senté, y bostezando me puse de pie. Caminé trastabillando
hacia la puerta. No era que tenía intención de abrir, sólo quería ver quién era
el inoportuno. Vi a un hombre, de espaldas, fumando y tiritando de frío. No fue
hasta que vi que se disponía a irse, cuando lo reconocí.
-¡¡¡JOOHNNN!!! –grité corriendo, antes de tirarme sobre él.
-¡Ay la puta, qué susto! –trató de zafarse, pero yo estaba
muy bien agarrada a su espalda. -¡Salí de arriba mío!
Riendo, lo solté, pero lo volví a agarrar, mientras le
revolvía el pelo y le apretaba los cachetes.
-¡Johnnny volviste! ¡Qué alegría! ¡Te extrañé un montón, hermanito
loco!
Por un momento dejó sus gestos de fastidio para esbozar una
sonrisita..
-Y yo también te extrañé, loquita.
-¡Awww sos un amor! –otra vez me abalancé sobre él.
-¡Pará, dejá de darme besos! ¡Qué asco!
-Bueno, ¡es que estoy feliz! Ay pero....-cambié a una mirada
pícara –Ay pero qué lindo se vino mi hermano...¡qué churro!
-Jeje...-dijo con una expresión autosuficiente.
-Mirá, estás todo guapote...Habrás causado estragos en
Hamburgo.
-Repito: Je-je. Es una lástima que no pueda decir lo mismo
de vos.
Me miré. Estaba desarreglada, despeinada, y seguro que
tendría unas ojeras dignas de exposición.
-Bueno...es que no he estado tan bien como vos.
-¿Y eso? Pará, ya me vas a contar. Antes que nada, ¡FELIZ
CUMPLEAÑOS! Espero ser el primero en saludarte.
-¡Por supuesto! ¡Y muchas gracias! –lo abracé y él me separó
enseguida, metiendo una mano en el bolsillo de su chaqueta de cuero.
-Momento –dijo rebuscando -¡Acá está! ¡Mi regalo!
Blandió un paquete rosa metalizado, que tomé con emoción.
-¿Para mí?
-No, para el perro, que hoy también cumple años. ¡Claro que
es para vos!
-¡Gracias! –abrí el paquete y saqué una fina pulsera plateada,
con piedritas rosas –John...¡es preciosa! ¡Gracias, me encanta! Pero...te debe
haber costado cara.
-Naaa...se la robé a una prostituta. ¡Mentira! Me costó algo,
pero merecía la pena. Espero que no quede grande en tu flaco brazo –me la
quitó, abrió el ganchito y me la colocó.
-¡Queda perfecta! –le di un sonoro beso, que se encargó de limpiar
con el dorso de la mano.
-Es una suerte que haya llegado justo para tu cumple, la
verdad era que no quería llegar tarde.
-John...gracias...
-¡Y después decís que no te quiero! Bueno, espero que la
lleves siempre puesta, como la cadenita que te regaló tu papá.
-Te lo aseguro, la llevaré conmigo, para recordarme a los
dos hombres que siempre me cuidan.
-Y espero que algún día seamos tres....
-John –lo miré, escéptica –no agregues mas gente.
-Si vos lo decís....Bueno, ¿no pensás invitarme a pasar o
querés que me siga cagando de frío acá?
-Tenés razón, pasá.
Hasta que no hice dos pasos, no me percaté de una cosa: mi
casa era un desastre y hasta donde recordaba, habían quedado botellas
desparramadas por todos lados. Si John veía eso se pondría furioso, y con toda
la razón del mundo.
-Ehh...eh....mejor vamos a otro lado.
-¿A otro lado? –dijo frunciendo el ceño.
-Si...a...¡a la cafetería!
-Todavía está cerrado y...dale, dejate de joder, abrí la
puerta, tengo frío.
-Pero podríamos...
-Mercy Ramona Wells, esa actitud me es sospechosa.
-¿Ramona?
-No me cambies de tema. ¡Ah, ya sé! No querés que entre a tu
casa...¡porque estás con un tipo! –se echó a reír a carcajadas, hasta que lo
reté, diciéndole que su escándalo despertaría a todos.
-¿Y entonces qué pasa? –dijo tratando de calmarse.
-Nada...nada...sólo es que...
-¿Que qué?
-Que...
-¿Qué? –dijo ya serio, demasiado serio.
-Ehh...nada.
-Basta, abrí esa puerta.
Suspirando, abrí y entré, quedándome a un costado. John
entró, y miró todo. Cerró la puerta con un pie, y después de volver a mirarlo todo,
clavó sus ojos en mí.
-Decime qué es todo esto.
Tragué saliva, y cuando iba a contestarle, él prosiguió.
-No me digas nada, a la vista está. Y lo peor es que no me estoy
imaginando que estuviste de fiesta.
-Y hacés bien en no imaginarlo...
Se pasó la mano por el pelo, suspirando y mirando todo otra
vez.
-¿Cuántas veces te lo dije?
-Muchas.
-¿Y porqué lo hacés?
-No sé...Yo...me sentía sola...¡Pero ahora ya no, porque
volviste!
-Está mal Mercy, esto está muy mal.
-Lo sé.
-Y también está mal que dependas de una persona.
-Es que no solo te extrañaba a vos, extrañaba a todos, a
muchas cosas y...
-Ya, me lo imagino. Pero está mal. Te vas a cagar la vida
Wells, es la segunda vez que te veo así. Y seguro que mientras no estuve esto
se repitió.
No contesté, solo traté de que los ojos no se me inundaran
de lágrimas.
-No, no, llorando no se solucionada nada. Vení. –me atrajo hacia
él y me abrazó. Hacía mucho que nadie lo hacía y me hizo sentir bien.
-Gracias –fue lo único que le pude decir.
-Tranquila. Prometeme que no lo harás más.
-Te lo prometo.
-No, no, con seriedad y compromiso.
-Si estoy seria, no me río, tonto –no pude evitar una
risita.
-¡Ah, te reíste! No, en serio, prometemelo.
-Está bien –me separé y lo miré a los ojos. –Te lo prometo.
-Igual ya tendrás una cirrosis puta
Reí y le hice ademán para que me siguiera hasta la cocina.
-¿Te tomaste una botella de vodka? –dijo levantando una del
suelo.
-Esa botella estaba empezada, y casi no tenía nada.
-No sé cómo haré para creerte...Ey, haceme un té bien
cliente. Te diría que vayamos a Strawberry, pero hace un frío....Clima de mierda.
Puse a calentar agua mientras él se sentaba en una silla.
-¿Cuándo llegaste?
-Recién. ¿Ves? Lo primero que hice fue visitarte, eso para
que no digas que soy un hermano malo.
-¿Cómo te portaste en Hamburgo?
-Iba a decirte que muy mal, pero viendo cómo te has portado
vos, te diré que fui un angelito y que en mis ratos libres era monaguillo en una
iglesia.
Solté una carcajada y él se puso de pie, para volver a sentarse
pero esta vez sobre la mesada, a mi lado, mientras preparaba el té.
-¿Qué? ¿Me lo vas a negar? Anduviste con ese buitre.
-¡Ay, no me hagas acordar!
-Bueno, es la verdad. Anduviste con el coso ese, te echaron
a patadas de la universidad, te encuentro en plena resaca...Decime qué pasó.
-Bien, pero es muy largo.
-Tengo todo el día hasta que Mimi descubra que ya llegué.
La charla con John se había extendido hasta el mediodía.
Sentía una especie de liberación, le había contado todo lo que me había pasado
y lo que había sentido y lo que había pasado por mi cabeza en todos sus días de
ausencia, con lujo de detalles. Él hizo lo mismo. Sabía que conmigo no
necesitaba reparos, podía contarme hasta
su peor y mas degenerada travesura, que yo lo escucharía y solo lo regañaría,
pero le guardaría el secreto y no lo andaría acusando. Bien, se había portado
como un cerdo, pero lo bueno era que me lo contaba.
Cuando terminamos nuestras confesiones, me ayudó a acomodar
un poco el desastre de mi casa y se cruzó a saludar a Mimi. Ella nos invitó a
almorzar, para celebrar mi cumpleaños.
Mientras comíamos, Mimi reía. Sí, se reía y eso era raro, pero lo hacía porque ambos
comíamos como primates, se notaba que habíamos pasado hambre.
-No merecen comer tanto, ambos se han portado mal.
-Ey, yo me porté bien –dijo John con la boca llena,
guiñándome un ojo.
-Como si no te conociera...Ay por favor, comé con la boca
cerrada, ¿dónde están los modales que te enseñé? Los has perdido todos.
John rió mientras Mimi me servía mas.
-¿Vas a hacer alguna fiesta? –me preguntó.
-Cris me invitó esta noche a tomar algo. La verdad es que
muchas ganas no tengo.
-Tonterías. Cumplís 20, no 80. Tendrías que festejarlo. John
te puede ayudar a organizar algo.
-¿Yo? Mimi recién llego, no tengo ganas de organizar
fiestitas.
-No se preocupen, estaré bien. Sólo es que...no quiero
festejar y eso.
John se fue a la casa de Paul y luego de ayudar a Mimi a
lavar los platos, yo volví a la mía. Mi madre me llamó y charlamos largo rato,
y luego llegó Abby. Se enteró por mí que Paul ya estaba de regreso en
Liverpool.
Pronto se hizo de noche y simplemente me cambié para ir
hasta la cafetería. Al contrario de otras veces, puteaba porque me había abrigado
de más, y tenía calor, ya no había viento y poco a poco el frío repentino se
iba yendo para dejar tranquilo al verano, como correspondía.
Llegué a la cafetería,
que ya estaba cerrada para todos...menos para mí. Jejeje.
Entré con una sonrisita traviesa.
-¡BUUUUU!
-¡Ay, la conciencia tuya, Wells! ¡Me vas a matar a sustos!
–gritó Cris –Ah, feliz cumpleaños.
-Gracias....-dije sentándome en una de las mesas –Vamos, traeme
una cerveza.
-No, no –de la cocina, apareció John.
-¿Qué estás haciendo acá?
-Es tu cumple, vine.
-Pero yo no te invité.
-No te vengas a hacer la exquisita, que bien sé que me
extrañaste –se sentó frente a mí, con una amplia sonrisa.
-Me alegro de que estés acá –le dije con sinceridad.
-Nada de alcohol.
-Pero John...
-¿Qué me prometiste esta mañana?
-Pero..sólo una cerveza.
-NA-DA. Cris, a la cumpleañera traele un jugo. El más feo
que tengas.
-¡No, Cris, el jugo multifruta no!
De nada sirvió que protestara, sólo me dieron eso, un vaso
de multifruta, el jugo mas marginal de todos.
-¡Hola bestia! –George también salió de la cocina, junto a
Paul. Venían comiendo papitas.
-¡Chicos! ¡Qué gusto verlos! –me puse de pie para abrazarlos
–Los extrañé un montón...
-¿A mí también?
-Sí, a vos también McCartney, aunque no puedas creerlo.
-Bueno, feliz cumpleaños –Paul me extendió un papel, que
tomé extrañada. Era una entrada.
-¿Una entrada? ¿A The Cavern?
-Sí, pero fijate quiénes tocan –señaló George.
-The...¡Ustedes! ¡Ay, me muero!
John largó una carcajada pero no se salvó del abrazo que le
di, al igual que George y Paul.
-Es genial chicos, tocarán ahí, y los veré, y...
-Pará, pará –dijo George –aún falta otra cosa. Volveremos a Alemania.
-Uhh....
-¡Pero grabaremos un disco!
-¿Qué? ¿En serio?
-Pará Paul, la vas a hacer
morir de un ataque –dijo John –Grabaremos sí, pero como acompañantes de un tipo.
-¿Y con eso qué? ¡Por
algo se empieza!
La algarabía se cortó cuando vi a Abby. Y cuando vi que ella
veía a Paul. Le abrí a puerta.
-No voy a entrar –fue lo primero que me dijo.
-Abby, es mi cumpleaños. Entrá.
-Pero....
-Que entres, carajo. No pasará nada.
Entró temblando, con una torta en las manos. Hizo un saludo
general, pero evitó el contacto visual con Paul. Bien, la noche tendría su
tensión.
Enseguida llegó Juliet, que no tardó en pegarse a George, y
así estuvieron todos acaramelados, siendo la envidia de....la mayoría, vamos.
También llegaron los dos Pete, Ivan, sus novias, y otros vagos.
Pronto sacaron las guitarras y se armó la cantada, a la que
me sumé, con muchos regaños de George, que decía que ya me había olvidado de
“sus enseñanzas”. Igualmente, prometió volver a darme clases.
Aunque no hacía ni un día que John estaba de regreso, no
había podido evitar hacer una de las suyas. El muy tonto no había tenido mejor
idea que...invitar a Richard. Y Starkey hizo gala de su caradurez apersonándose
ahí, en MI fiesta.
-Ah no, yo a este pibe lo mato –dije ni bien lo vi por la puerta.
-Pará, pará –Cris me tironeó de un brazo, pero no fue en
vano.
Abrí la puerta, y lo miré de arriba a abajo, sin poder evitar un estremecimiento.
-Hola, John me invitó....
-Me imaginé. Y vos,
viniste.
-Es tu cumpleaños.
-¿Y con eso?
-Vine a saludarte.
-Qué bien. Gracias, ya
te podés ir.
-Mirá Mercy, sinceramente no entiendo qué carajo te pasa.
-Epa...¿Vinimos enojaditos o qué?
-¡Hola petiso! –gritó John, ajeno a lo que estaba pasando
–Entrá.
-John, es mi fiesta.
-Pero te la organicé yo.
-¡No mientas! ¡La organizó Cris!
-Es lo mismo.
-No es lo mis...
Ya, ¿para qué seguir hablándole? Richard ya estaba adentro y
John parecía a gusto con todo aquello. Sería cuestión de aguantar.
Mientras todos tomaban, charlaban, comían, o cantaban, miré
a Richard. De nada me servía hacerme la cascarrabias con él, si cuando lo veía
me derretía por dentro. Suspiré, resignada ante mi destino, pero no pude evitar
sentir cierta emoción al ver que, entre todos esos anillos que llevaba, estaba
el que había regalado yo. Miré el mío, era lo único que compartíamos.
Todos nos quedamos en silencio cuando vimos que Abby y Paul
salían a la calle. Por la vidriera vimos que hablaban. Quizás se reconciliaran,
o se pelearan aún mas, pero por lo menos estaban hablando. Era una buena señal.
Volvimos a la jarana hasta que George, que ya se había pasado
de copas, no tuvo mejor idea que preguntarme, a voz en cuello:
-¿Tu novio no vino?
Otro silencio, hasta que John le pegó en el estómago.
-Auch, qué bruto –se quejó George.
-No le pegues, pobrecito –Juliet lo consoló con un beso.
-Bueno, hace preguntas estúpidas.
-Vos me dijiste una vez que Mercy tenía novio. O que había tenido.
-A eso no se le puede llamar novio –dije mirando asqueada mi
vaso –Y además fue hace mucho.
De reojo miré a Richard, que parecía pensativo. Pete Shotton
se apareció con la torta con veinte velitas encendidas y todos comenzaron a cantar. Desde la calle entraron Abby y
Paul, con mirarlos no pude descifrar nada, pero iban muy serios.
-Acordate de los tres deseos –dijo Ivan.
Asentí con una sonrisa hasta que soplé, ayudada por todos porque
me era imposible apagar todo eso con mi pobre capacidad pulmonar.
De inmediato comenzaron
a comer, como si nunca hubieran probado una torta. Luego, poco a poco se
fueron yendo. Richard se acercó a mí, era de los últimos que habían quedado. Yo
juntaba los vasos desperdigados, para lavarlos.
-Mercy, yo...
-Tranquilo, no pasa nada –lo interrumpí , tratando de
esbozar una sonrisa –Perdoname, me he comportado como una loca...la culpa no es
tuya.
-Bueno, yo te hablé re mal cuando llegué, eso no se hace.
Perdón.
-Estás perdonado.
-Si tan sólo supiera qué te hice, podría...
-Ya, tranquilo –volví a sonreírle –No pasa nada. Y me alegro
que hayas venido, me sirvió para darme cuenta que no tiene sentido qué te trate
así. Está todo bien.
-Esperá, no entiendo...
-No hay nada para entender, de verdad, está todo perfecto,
volvemos a ser amigos como siempre.
-Pero...si me explicaras bien qué te he hecho...No sé,
mañana podría ir a tu casa y me contás todo.
-Ya te digo, no hay mucho para explicar, y es mejor que no
sepas nada. Dejá, yo me entiendo.
-Bueno...como digas –sonrió, poco convencido.
-Veo que llevás el anillo que te regalé.
-No me lo saco nunca, ¡es muy efectivo, eh!
-Sí, por eso me encantan.
-Bueno, me tengo que ir. Espero que la hayas pasado bien, a
pesar de mí.
-No deas tonto, ya te dije que está todo bien. Gracias.
Sonrió de vuelta y se fue caminando lento. Suspirando, volví
a juntar vasos. Era una mierda lo que había hecho, pero me sentía en paz.
Pocos días habían pasado desde mi cumple, y la verdad era
que me sentía bastante bien. Mi depresión se había ido, o eso parecía. Me sentía
con ganas de hacer cosas y me la pasaba cantando todo el día. Igualmente, no
podía dejar de pensar en “mi Richie”. Sí, había pasado del amor al odio y del
odio al amor. Cuánto duraría, no lo sabía. Lo cierto era que me contentaba sólo
con imaginarme con él, independientemente de la realidad, que me mostraba con
golpes que nunca sería para mí. Pero ya no me importaba. Eso, ceo, era un rasgo
mas de madurez que había adquirido, o aprendido.
-Hola, estás atendiendo una cafetería, dejá de pensar en
cabras.
Reí por la interrupción de Cris.
-¡No estaba pensando en cabras!
-Bueno, seguro pensarías en “Ay, ¿cuántas cabritas tendré en
mi casa cuando me case con Richard?” –imitó mi tono de voz y se ganó un golpe
con el repasador -¡No le pegues a tu jefa!
-No hagas enojar a tu
empelada entonces. Te voy a denunciar al sindicato.
Seguimos riendo hasta que reparé en los dos clientes que
estaban entrando. No pude reprimir un grito.
-¡Stuuuu!
Se echó a reír, mientras Cris y yo lo saludábamos. Después,
ambas miramos a la chica que estaba tomada de la mano de él. Una rubia, alta,
que nos miraba con algo de...desconcierto.
-Chicas, ella es Astrid.
Perdón por molestar tanto con ese animal, pero es que está en mi top four de animales: gatos, gallos, cabras y cóndores jajajaja
Bueno, nota para Juli: el anillo ese tenés que buscarlo en ferias hippies, o en encuentros de motoqueros (al mio lo compré ahi) y si no te vas a San Luis, ahi venden XD. De última, buscás una gitana que te lo venda jajaj
Y chicas, a ver...el capitulo anterior las identificó? Bueno, vayan a a un psicólogo, eso es malo jajjaa
Me despido con un beso a todas, cuidense!