01 febrero 2013

Capitulo 54 Cosas Raras.


El timbre sonó. Apreté los párpados, las mandíbulas, los puños....todo. Miré por la ventana de mi habitación: un auto negro, algo viejo, dos maletas en la vereda, y mi madre, charlando con...mi padrastro. Hice una mueca, y bajé las escaleras con deliberada lentitud. Que esperaran, qué mierda.
Antes de abrir, tomé aire. Me sentía una traidora, entraría mi padrastro a mi casa....¿qué diría mi padre de todo esto?
Tocaron timbre una vez mas y puse la mano sobre el picaporte. Suspiré, y abrí.
-¡Hola hijita! –exclamó mi madre, dándome un abrazo y un beso -¿Cómo estás?
-Bien....-respondí dudando y sin entusiasmo, mirando de reojo al tipo.
-Bueno, te presento a Harry Smith, ya sabés....quien es. –dijo con algo de incomodidad.
Lo miré altanera, de arriba a abajo. Era un tipo mayor, alto y algo gordo, tenía un sobretodo marrón y un sombrero negro. Parecía de esos tipos “bonachones”, sin maldad. Pero era mi padrastro y eso no tenía perdón.
-Hola Mercy, qué gusto me da conocerte personalmente, tu mamá me habló mucho de vos, y vi fotos tuyas.
-Ah, qué bien. Un gusto señor Smith. Bueno...pasen.
Entraron cargando sus maletas; Harry dijo algo respecto al clima que mi madre afirmó. La miré, se veía bien, pero me producía algo...como rechazo. Sería por verla con otro hombre que no fuera mi padre.
-¿Dónde van a dormir?
-Yo en mi habitación, y Harry en la de huéspedes.-respondió mi madre, como si fuera algo obvio.
-Ah, pensé que ya dormían juntos –dije con extrema dureza. Por mas que intentara suavizarme, no podía.
Mi madre me miró de una extraña forma, podría decir que....con odio.
-Iré a preparar la habitación para él. –dije.
-Si estás ocupada no lo hagas ahora, no hay apuro –dijo Harry con una sonrisa.
-Lo haré ahora. ¿Quieren té? Tengo agua caliente.
-Yo sí. –contestó Harry.
-Yo no.-contestó mi madre.
-Prepararé su té, señor Smith
-Oh no querida, si hay agua caliente lo prepararé yo mismo, no te preocupes. Andá a arreglar la habitación.
-Bien, como quiera.
Fui hasta la habitación de huéspedes, mi madre ya estaba allí, abriendo cajones del armario.
-En la carta te dije que lo trataras bien –dijo con rencor, mientras extendía una sábana.
Tomé la otra punta de la sábana, para ayudar a colocarla en la cama.
-No me sale. Y tampoco me sale tratarte bien a vos.
-No me vengas con reproches Mercy Wells –dijo acercándose, peligrosa, llena de enojo, pero si embargo trataba de hablar bajo, algo raro en ella.
-¿No te parece demasiado pronto para tener otro tipo? Cuando fui a Londres ya lo tenías, ¿no? Ya estabas con él y no me lo dijiste. ¿Y cuando papá estaba vivo también ya estabas con...?
Levantó la mano para darme un cachetazo, pero se contuvo. No me inmuté.
-Te callás, o sabés muy bien que te la doy –dijo, amenazante.
-Ni siquiera me importa, a golpes no me vas a sacar lo que pienso –tiré la otra sábana sobre la cama y subí corriendo las escaleras para encerrarme en mi habitación. Apretaba los dientes, no quería llorar.
No salí de allí en todo el día, sólo bajé a cenar. Notaba cómo mi madre charlaba y reía con Harry, como hacía años que no hacía, o como quizás jamás había hecho con mi padre.
Me sirvió la comida, mirándome mal.
-¿Está todo en orden en el cementerio? Me refiero a si está el pasto cortado y todo bien cuidado, siempre está todo desarreglado. Hay que ver como son estos de Liverpool, abandonados....
-No sé, no fui –contesté revolviendo la sopa.
-¿Hace cuánto que no vas?
-No fui nunca.
Su expresión de enojo cambió a sorpresa. Miró a Harry, y volvió a mirarme a mí.
-¿Por qué nunca fuiste? –trató de sonar suave.
-Porque mi padre no está ahí. Mi padre no está muerto. –arrojé la servilleta sobre la mesa y otra vez corrí a encerrarme.
Me tiré en la cama, y comencé a golpear la almohada, llorando. ¿Por qué me pasaban estas cosas? ¿Por qué me pasaba todo junto? No podía aceptar tener en mi casa a un tipo que andaba con mi madre, ni aceptar que mi padre estaba muerto ni...Richard. Ay, ¡¿Por qué Richard siempre metido en el medio de todo?! Y encima, John en Hamburgo. Hacía tres días que se había ido, y aún no me había llegado ni una carta.

Me desperté con frío, me había dormido vestida. Me acurruqué mas pero ya no pude volver a conciliar el sueño. Me levanté y abrí la puerta, despacio. Abajo. “esos dos”, como los había comenzado a llamar, desayunaban.
-Elizabeth, tendrías que ser mas flexible con Mercy, tenés que entender que todo esto le debe doler mucho.
-Yo entiendo, pero esas actitudes que tiene, esos desplantes.....Podría disimular un poco.
-No le saldrá. Dejá que te demuestre lo que siente, aunque sea doloroso.
-Hola –saludé secamente bajando las escaleras.
-Hija, tu desayuno está listo –mi madre forzó una sonrisa.
Me senté y comencé a comer, sin mirar mas que a mi té con leche y tostadas.
-Mercy, ¿vos tocás ese piano? –preguntó Harry.
-Sí.
-Qué bien. ¿Y algún otro instrumento?
-La guitarra.
-¡Mi instrumento favorito! ¿Podrías mostrarme cómo tocás?
-No. Está desafinada y mi profesor se fue de viaje. Yo no sé cómo se hace.
-Yo sí, si querés te la afino.
Lo miré. Sí, pretendía congraciarse conmigo. Estaba demasiado cansada de todo como para pelear, o hacerle la guerra. Y también de hacer caritas lindas. Así que le mostré lo que sentía, como él quería.
-De acuerdo, ya que vino, se la daré.
Me puse de pie para buscar a Violeta. Mientras subía lo escuché decir a mi madre: “¿Lo ves? Tenés que tratarla bien.”

-Aquí tiene. Cuídela. –le entregué la guitarra. La miró asombrado.
-Vaya...nunca vi una guitarra así, es muy bonita.
Asentí, y él comenzó a afinarla. Estuvo mucho rato, bueno, a comparación de George, que en cinco minutos afinaba, cualquiera tardaba mucho rato.
-Creo que ya está –me la entregó -¿Por qué no tocás algo?
-N...no....-le respondí, desconfiada.
-Ya que están entre instrumentos, te digo que venderé la acordeón de tu padre
-¿Qué? ¡Mamá, por Dios! ¡No podés hacer eso!
-Tu padre dejó muchas deudas, y vendiéndola pagaré algunas.
-¡Pero es lo mas preciado que tengo de él! ¡Amaba a esa acordeón! –empecé a angustiarme.
-Sí, la amaba mas que vos y que a mí.
-¡No seas cínica!
-Lo lamento, pero tengo que hacerlo, necesito el dinero.
-Ayy...¡te odio!
-¡Cómo vas a decirme eso, desgraciada! ¡Vení para acá!
Y otra vez lo mismo, a llorar encerrada. Lo peor, era que no sabía cuánto tiempo me dudaría el suplicio, y viendo como estaban las cosas, seguiría derramando muchas lágrimas mas.



-Si no cambiás esa cara, me espantarás a toda la clientela
-Uy perdón Cris, tenés razón.
-Y claro que la tengo. Nadie quiere venir a un lugar donde la linda chica que atiende está con cara de traste.
-Uy...ni que fuera un burdel...
-Buena idea me diste....
-Te conseguís otra que atienda, entonces.
Rió un poco, y se quedó mirándome.
-¿Seguimos con mal de amores?
-No...Bueno, sí. Pero tengo otros agregados. Eso para que veas que soy una chica variada.
-Eso no lo dudada –me pasó una mano por los hombros, mientras le daba un sorbo a su café.
-¿Qué anda pasando ahora?
-Volvió mi madre con mi....padrastro.
-Auch, que feo suena eso.
-Él parece un tipo bueno, pero mi madre no sé que tiene, pareciera que me odiara.
-No digas eso, ¿cómo te va a odiar tu propia madre?
En ese momento llegó un distribuidor, y ella lo llevó a su oficina, seguramente para regatearle y prometerle vaya a saber qué. Reí por pensar eso, y comencé a secar unas tazas y contar si tenía el suficiente cambio en la caja registradora. Cuando terminé, levanté la vista y grande fue mi sorpresa cuando vi a Harry entrando a la cafetería.
-Hola Mercy.
-Hola señor Smith...-contesté extrañada.
-Por favor, llamame Harry, tuteame.
-No creo que pueda....
-Como quieras –se sentó frente a la barra, cruzó sus manos y me miró.
-¿Qué necesita?
-Necesito hablar con vos. En tu casa no puedo, con tu madre.
Bufé, algo fastidiada. No quería charlas ni sermones. Él sonrió apenas.
-Mirá Mercy, sé que me tendrás un odio irracional, y lo entiendo. Yo también tuve una madre que se casó con un tipo, y que incluso tuvo mas hijos con él.
-¿Se van a casar? –pregunté asustada.
-No, seguro que no, pero, escuchame, no quiero que pienses que vengo a ocupar el lugar de tu padre, porque esa no es mi intención. Yo no sé cómo habrá sido él, sólo sé lo que me contó tu madre, pero como hija lo considerarás de otra manera.
-Tuvo sus errores, lo sé, pero era muy bueno con la gente y...Pese a que no me dejó nada, estoy feliz porque la mejor herencia que me pudo dejar es su carácter. Creo que soy bastante parecida a él –bajé la vista, no quería que viera que tenía los ojos empañados.
-Bueno, yo no te pido que lo olvides, ni que me quieras. Ni siquiera te pido que no me odies. Lo único que te pido es que no pienses lo que no soy, no soy un mal hombre. Sólo quiero a tu madre, y quiero cuidarla. Ella....ella me aprecia, no creo que me quiera, debe amar aún  a tu padre, a pesar de todo lo que me que contó. Pero yo no quiero hacerte mal, ni separarte de ella....
-Mire...yo no sé qué me pasa con usted, pero no lo odio. Sólo sé que es mi padrastro, no sé si le alcanza con esa definición....
Sólo asintió, y se quedó callado. Yo continué secando tazas, sin quitarle la vista de encima., me sentía algo incómoda, que de pronto llegara un extraño a hablarte de si tu madre lo quiere o no, de que ella sigue amando a tu padre, y que te cuente algo difícil de su pasado, era algo muy extraño para mí. En realidad, no sabía cómo calificarlo.
-Sé que sos buena chica, se te nota. Si necesitás algo, podés contar conmigo.
-Gracias. Usted parece un buen tipo, y no tiene maldad. La que parece que la tiene es mi madre.
-Oh no, ella te adora, pero está....alterada. Debe ser por todo esto de las deudas y eso.
-No creo. Desde hace mucho que está así, desde que nos mudamos a Liverpool. A ella nunca le gustó vivir acá, y siempre se peleó con mi padre, después murió la abuela, las peleas se hicieron cada vez mas fuertes, se separaron y....-no pude aguantar mas, y me quebré. Todo eso me dolía mucho, por eso trataba de no recordarlo nunca. –Perdón, por esto.
-Si querés podés desahogarte, podés contarme....
-No, no –reprimí un sollozo, y me sequé las lágrimas –Váyase señor Smith, por favor. Ya entendí lo que me quería decir.
Se puso su sombrero y salió rápidamente. Me escondí en la cocina, y allí  me lavé la cara.
-Mercy, ¿qué pasó? ¿Qué te dijo ese hombre? –Cris me tomó de los brazos, evidentemente preocupada.
-Nada, no me dijo nada, soy yo que estoy tonta.
-¿Pero quién era?
-Mi padrastro. Pero tranquila, no me hizo nada.



Caminé a casa con lentitud. Los problemas me pesaban demasiado como para caminar rápido. Miré mi anillo del humor, últimamente del único color que estaba era del negro. Sonreí un poco, pensando si Richard aún tendría el que yo le había regalado. Richard....¿Dónde estaría? ¿Qué haría? Cerré apenas los ojos, y pasé mi lengua por mis labios. Aún podía sentir el sabor de los suyos. Tenía el consuelo de que lo había besado, aunque las circunstancias fueran nefastas. A veces veía eso como un gran error,  y a veces como un oasis en mi despelotada vida.
Cuando entré a casa, Harry estaba en la sala, acomodando un cuadro sobre la pared.
-¿Cómo estás? –preguntó dudando, pero con una sonrisa.
-Bien....¿Mi mamá?
-En el jardín, arreglando unas plantas. Recién llegó esta carta para vos –me entregó un sobre, que tomé con ansiedad.
-¡John! –exclamé al ver el remitente.
Harry sonrió e interpreté enseguida lo que pensaba
-Ehh....no, no es lo que usted piensa. John es mi amigo, lo quiero como a un hermano.  
-Está bien, está bien, no tenés porqué darme explicaciones –rió un poco.
Caí en cuenta de lo que había hecho; tenía razón, no tenía que darle explicaciones de nada sobre mi vida, pero me había salido así. Rasgué el sobre con rapidez, y dentro encontré dos papeles: uno con unos dibujitos todos raros y feos, que John solía dibujar, y el otro la carta propiamente dicha.
“Hola fea:
               Como ves, llegamos a Hamburgo. No me equivoqué, ésta ciudad es brutal, y es una suerte que no estés acá porque vivirías pegándome y quejándote. Hay cada mina....
               Nosotros estamos bien, todo está bien, y tocamos mucho. Pensé que no diría esto pero...te extraño, y también extraño (aunque sea un poquito) a Liverpool. ¡No vayas a contarle lo de las minas a Mimi, por favor!
               Bueno, seguiré pasándote información, desde las tierras del enemigo muejeje.
                              Cariños,
                                                       John Winston I ‘el deseado’
P/D: Te mandan saludos los salvajes estos.”


Me reí un poco al terminar de leer la carta, pero había algo que no encajaba del todo. Tantos halagos, ese énfasis en que estaban bien, eso de extrañarme a mí y a la ciudad, y lo último, el “cariños”, eran cosas impropias de John. Sin embargo, la carta estaba escrita por él, era su asquerosa letra.
-¿Pasó algo con tu amigo? -preguntó Harry con temor, al ver mi expresión.
-Según él, no, pero no le creo.



En clase, bostezaba y trataba de mantener los ojos abiertos. Pero se me estaba haciendo difícil. Tomar apuntes con un profesor que saltaba de un tema a otro si explicar ninguno y yéndose por las ramas, era tarea imposible. Para matar el tiempo, decidí escribirle mi contestación a John.

“John:
         Qué bueno que estén bien, pero ¿te digo algo? No te creo NADA. Perdón por ser tan directa, pero es así.
         Con respecto a las minas...te recuerdo que acá dejaste a dos, a la puta de Marcia, y a Cris. Así que dejate de joder con las alemanas, no quiero verte lleno de hijos nazis dentro de un tiempo.
                    A pesar de todo, te quiero.
                                                                    Mercy.

P/D: Cuidate mucho.”

Salí de la clase, dispuesta a dejar esa pudrición e ir al correo, para enviar enseguida la carta. Allí mismo me encontré a Abby, que estaba despachando varias cartas, en contestación a las que Paul le había enviado. Después de charlar un rato de trivialidades, fui al grano.
-¿Vos creés que estén bien?
-Ay Mercy, ¿por qué decís eso?
-Es que....desconfío. No sé, hay algo que no me cierra.
-Paul me dijo que está todo muy bien, no tengo porqué dudar de él.
-Bueno...espero que me equivoque.


Por la noche, daba vueltas en mi cama, sin poder dormir. Tenía muchas razones para desvelarme, y todas iban pasando por mi mente como una película. Claro que, siempre me detenía en una “escena”. Sí, Richard. Mierda carajo, ¿cuándo me resignaría? Era un pibe, nada mas, y había millones como él, pero claro, ninguno de ellos me movía el piso como lo hacía él. ¿Qué tenía de especial? Ni lo sabía. Quizás que fuera imposible era lo que lo diferenciaba, y me tenía al borde de la obsesión. No entendía porqué las cosas eran así, porque yo había nacido Mercy Wells, y no Geraldine no sé cuánto.
Me senté en la cama y agarré a Violeta. Estuve un rato abrazada a ella, hasta que comencé a rasgar unos acordes, despacio, para no hacer barullo, y a canturrear.
-Put your head on muy shoulder....
Recordar esa vez que había bailado con él, en la que casi había pasado “algo”, me calmaba, y trataba de imaginar otra cosa, no descubrir nuevamente que estaba con otra y no conmigo.
-Mercy dejá de hacer ruido, son las dos de la mañana –dijo mi madre detrás de mi puerta.
Dejé a Violeta en su lugar, me tiré en la cama y apagué la luz. A soñar en mis sueños.


Pasó una semana, en la que habían llegado dos cartas mas de John, en las que juraba y perjuraba que todo estaba bien, que vivían bien, que ganaban bien y no sé cuántas cosas que estaban “bien” o “muy bien”. Pero seguía sin creerle, y así se lo decía en mis contestaciones. Pero ya no me quejaba tanto, sino que le contaba como iban las cosas por aquí, principalmente en mi casa.
Mi madre se había calmado, ya no parecía odiarme y me trataba mejor. Harry...bueno, por mas que quería, no podía tratarlo mal. Era muy amable, y hasta me comprendía, o eso me parecía ver en sus oscuros ojos marrones. Le hablaba, pero siempre tratándolo de “señor”. No insistía en preguntarme cosas, y cuando le hablaba me escuchaba con atención. En la mesa siempre daba su opinión cuidadosamente, para no lastimar a nadie. O sea, muy a mi pesar, era un buen tipo.
En la universidad, las cosas no iban muy bien. En mi casa, hacía lo mismo que John: aseguraba que todo estaba en orden, aunque era un completo desastre. Quería dejar todo, pero a la vez no. Me sentía muy confundida, y mis notas no me ayudaban.
Para un parcial que debía aprobar sí o sí, con temas de los cuales no entendía un pito, le pedí ayuda a Deri. De paso, lo conocería mas.
Así quedamos en vernos en la biblioteca de la universidad. Allí me explicó todo cuanto sabía, y me sorprendió ver que sabía muchísimo, y que coincidíamos en muchas cosas, cosas importantes o estupideces. Él me pidió unos apuntes prestados de la clase de idiomas, ya que quería dar el examen como libre. Por eso, cuando volví a casa y los busqué, escribí una pequeña nota en el margen de la primer hoja: ¡Hola Deri! Espero que entiendas mi letra, cualquier cosa preguntame. Ojalá esto te sirva, y suerte en el examen. Mercy”.
No sé porqué lo hice. Estaba mareada, desesperadamente quería sacarme a Richard de la cabeza, del corazón, y de cualquier otro lugar donde lo tuviera pegado. Deri me gustaba, y mucho, quizás él fuera EL chico para mí. Ya no tenía caso insistir con Richard, tenía que jugarme por Deri. Aunque no tenía ganas de nada y prefería estar sola, no podia dejar pasar el tren. Todo sonaba a que usaría a Friederich, y la verdad era que.....sí. Pensaba eso, y me daba cuenta de lo mala mujer que era.
Por eso, cuando un viernes llamó por teléfono, lo atendí gustosa. Pero enseguida quedé descolocada con su pregunta.
-¿Mañana hacés algo?
-Eh...-no podía mentirle, si lo hacía inventaría algo poco creíble –No, no tengo nada que hacer.
-¿Querés....salir conmigo?
Tragué saliva. ¿Aceptar o no aceptar? No tenía nada para perder...
-Ok! ¿Adónde?
-Mm...¿algún parque, a la tarde? Digo porque a lo mejor no te dejan salir de noche.
-Tenés razón, no creo que me dejen –reí, pero era verdad, con mi madre ahí sería difícil salir de noche, y con un desconocido para ella -¿Dónde nos encontramos?
-En la esquina de la universidad. Desde allí podemos ir caminando. ¿A las 3 está bien?
-Sí, genial. Nos vemos.
Colgué, y cuando me giré para ir hacia la cocina y tomar algo porque tenía la garganta seca, me encontré con que mi madre había visto y escuchado todo.
-Era un chico, ¿no?
-Ehh...sí. Un  compañero –respondí nerviosa.
-¿Vas a salir con él? –no lo preguntó de mala forma, sino como...comprensiva.
-Sí, me invitó. No sé si tengo muchas ganas de ir....
-Andá. ¿Cómo se llama?
-Friederich, pero le dicen Deri.
-Y...¿te gusta?
La miré, entre asustada y sorprendida. No sabía muy bien qué decirle, porque tampoco sabía cómo iba a reaccionar.
-Ehh...bueno...sí. Sí, me gusta.
-Bueno entonces andá a esa cita.
-¿No...no te enojás?
-Hija, ¿porqué tendría que enojarme? Algún día esto pasaría, es la ley de la vida. Y es lindo saber que estás con alguien, la soledad no es buena, y mas en una jovencita. Además....¿de qué tendría derecho a quejarme? Si yo estoy haciendo lo mismo...
Estaba sorprendida por sus palabras, después de sus actitudes anteriores, pensaba que me diría de todo. Eso me dio un poco mas de confianza en ella, algo que se había desaparecido hacía ya mucho tiempo.
Por eso, cuando llegó el sábado de “la cita” (no sabía si llamarla así o no) fui con mas seguridad. No me produje mucho porque en realidad no sabía a qué iba. Pero bueno, pasar un buen rato con Deri y reírnos de pavadas no estaba mal.
-¡Hola! –saludó ni bien me vio –Ey, qué linda estás con vestido de mangas cortas.
-Deri, hoy  hace calor, vos sos el único loco que está con suéter –reí, y él también.
-Mmm...¿a dónde querés ir? Yo tenía pensado un lugar, pero me vas a mandar a la mierda cuando te lo diga.
-¿Por? Decime.
-Es que....yo nunca fui, y capaz que vos tampoco, y como los dos estudiamos lo mismo, pensé que....
-Ay, dejá de dar vueltas, ¿adónde?
-Al museo.
-¿Museo? ¡Está buenísimo! Nunca fui porque ni tenía tiempo, ¡pero me encantan!
-Ahhh....qué alivio...
Me reí de su cara y caminamos juntos hacia el museo. No era una cita común y corriente, no. Para muchos sería aburridísimo, pero a mí la idea me había gustado mucho.
La pasamos bien, observando todo, a veces riéndonos de los cuadros, y diciendo cualquier barbaridad. Cuando salimos compramos unos helados.
-Me imagino que alguna vez anduviste en barco, ¿no?
-No.
-¿Cómo que no? ¿Una inglesa que nunca anduvo en barco?
-Ni en bote. Ni en nada que flote. No sé nadar, con eso te digo todo.
Se rió, sin poder creerlo. Después, de la nada, me tomó una mano.
-¿Qué te parece si andamos en barco hoy? Sólo por un rato, en ferry.
Miré mi mano tomada por él, y después miré su rostro. Se veia contento, sus ojos negros brillaban.
-Mmm...no sé....-respondí dudando
-Vamos, para que sepas lo que es. Prometo cuidarte.
-Bueno, está bien.
-Genial, vamos al puerto.
Nos levantamos del banco donde estábamos sentados y caminamos algo apurados. Por alguna extraña razón, él no me soltaba la mano, y yo me sentía incómoda y muy, muy nerviosa.
Al fin llegamos al puerto y subimos a un ferry. Pese a que seguía incómoda, estaba entusiasmada porque nunca había viajado en un “coso” de esos. Me aferré a la baranda, ansiosa porque partiéramos de una vez.
-Veo que estás emocionada.
-¡Ay si! Ahora sólo me falta viajar en avión.
-Eso me gustaría a mí también. Si un día soy piloto te llevaré.
-O sea, nunca.
-Exacto –rió –Ey, no mires fijo el agua, vas a marearte y podés descomponerte.
-Uy no, no quiero arruinar todo.
Salimos, y la verdad es que a los diez minutos ya estaba mareada, pero no me importaba, ya que me la pasaba yendo de un lado a otro del barco, mirando todo, y Deri por detrás como si persiguiera  a una niñita inquieta. Por fin me quedé tranquila, mirando todo desde la popa del barco. Él se paró a mi lado, sin decir nada, sólo mirando hacia donde yo miraba.
-¿Te gustó el paseo?
-¡Claro! El museo es super interesante, los helados estaban riquísimos, y esto está genial. ¡Gracias!
-¿Gracias? Por favor Mercy, no me agradezcas nada, con saber que la pasaste bien me alcanza.
No lo miré, sólo sonreí. Seguramente estaría roja de vergüenza.
-Y vos...¿la pasaste bien? –pregunté con cierta dificultad. No quería que hubiera ese silencio incómodo.
-Sí, muy bien.
Y otra vez nos quedamos callados. “Decí cualquier gilada” me repetí, pero no se me ocurría nada. Al final, me quedé mirando el horizonte, ya que la tarde estaba acabando, pero mientras seguía pensando qué decir. Nuevamente me tomó la mano, y no se porqué yo se la apreté. Estuvimos unos minutos así, donde sentía que el corazón me latía muy fuerte. Él se acercó mas a mí, y en un rápido movimiento, me robó un beso.
El robo mas dulce de todos.  



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Son dos hogares, dos destinos, que dividen mi camiiinoooooo
La que mira la telenovela Dos Hogares sabe porqué canto esto jajajja 
Como les va muchachas? Perdón por la tardanza, pero sepan que van a esperar MÁS. Por qué? No sé, vayan y preguntenle a la Universidad Nacional de Luján, que adelantó las fechas de examenes  de febrero. Por lo tanto, a meterle pata a Historia Clásica a fullll
Juli, escuché la canción de Los Gardelitos, y a verdad que re pega con el fic, sobre todo en que fuma marihuana ahh no jajaja en la parte en que se va con los pibes de la esquina ;) 
Bueno niñas/niños, espérenmeee, no me olviden! 
Volveré y seré sillones! XDDD


  

22 enero 2013

Capitulo 53 Despedida.


Domingo. Ocho de la mañana. Todos estamos de acuerdo en que no es el mejor día ni el mejor horario para tocar timbre como un maniático en la casa de tu jefa. Bueno, al parecer, yo no estaba de acuerdo con eso. De otro modo no se explicaría que estuviera allí, despeinada, con una cara propia de funeral, temblando de frío, insistiendo en que alguien me atendiera para....no sé. Porque lo peor de todo era que no sabía porqué estaba ahí.
Escuché un “¡Ya voy!” bastante malhumorado y después la puerta se abrió, donde vi a una somnolienta Cris en bata. Ni bien me miró, despertó de golpe.
-¡Mercy! ¿Qué te pasa? ¿Por qué estás así?
-Ehh....-reaccioné, ni sabía qué decirle.
-Pero...¿qué te pasa? ¿Te...te hicieron algo en la calle? –preguntó con temor.
-No...no....Ehh....en realidad....bueno....yo...
-¡Por Dios, decime qué te pasa!
-No sé.
Me miró con cara de “¿Me estás cargando?”. Me agarró de un mano y me hizo entrar  a su casa.
-Cris no sé porqué vine. Me desperté y...necesito que alguien mayor me dé un consejo, o por lo menos que me escuche. Ya sabés, no tengo padre, mi madre está lejos....Bueno, si los tuviera no podría hablar con ellos porque me darían una paliza.
Me miró seria, seguramente presentía que algo habría hacho.
-¿Qué hiciste?
-Uff....¿tenés tiempo?
-Ya estoy levantada así que...sentate. ¿Te traigo té?
-Si por favor, tengo mucho frío.
Diez minutos después, tomaba té mientras me lloraba todo, y ella me escuchaba sin decir una palabra, como una psicóloga.
-Y ahora....si él llega a recordar lo que pasó estaré perdida....¡No entiendo porqué hice eso! Se suponía que si un día lo besaba sería super romántico y todo eso ¡y no así! –me soné la nariz, furiosa -¡Me odio!
-Ya, ya, ya. No te odies, las cosas no son siempre como queremos, esto pasó así, sólo te dejaste llevar, es normal. Voy a calmarte diciéndote que si estaba tan  borracho no lo recordará jamás, y si lo recuerda pensará que lo soñó o que es su imaginación.
-Bueno...mejor. Perdoname por venir así. Me voy, necesito dormir, el piso en muy duro y frío como para estar ahí toda la noche, como estuve.
-No, no te vayas. Dormí ahí –señaló el sofá donde estaba sentada yo –Te traigo una manta.
Sin decir nada, me acurruqué allí y ella me tapó.
-Los domingos acostumbro a levantarme después del mediodía y ni siquiera vos me lo impedirás. Voy a acostarme de vuelta –rió y se fue.
Suspiré y me tapé mejor, pero reí un poco porque al parecer, Cris estaba condenada  a aguantar las noches mas críticas de mi vida.


-Ey, el almuerzo ya está.
-No quiero comer, tengo el estómago cerrado.
-Mercy Wells vas a comer quieras o no.
-Ay...está bien –de mala gana me levanté, y fui al baño a lavarme la cara.
-Hice fideos, ¿te gustan?
-Si Cris, dame cualquier cosa –contesté con poco ánimo, sentándome. Agarré un tenedor y con paciencia infinita comencé a enroscar los fideos.
-¡Comé de una vez!
-Ay, ya voy....No tengo ganas.
-Tenés que alimentarte.
-¿Para qué? ¿Para pensar con mas fuerza en él?
-No, para que no mueras de inanición. Si no te nombraré la empleada mas famélica del mes.
-Por lo menos lograré algo en la vida....
-No digas tonterías, y comé.
Probé un bocado y al parecer se me abrió el apetito, porque acabé con todo.
-Cris, si John está con Marcia, o lo que sea que haga con ella, ¿cómo no te ponés como yo?
-Porque....digamos que yo sé que a John le pasa algo conmigo, sólo que está encaprichado con la pendeja esa.
-Ah...claro. Richard está con esa Geraldine, pero no le pasa nada comigo. Ahí está la diferencia. Será mejor que le tome odio, así después termino olvidándolo.
-No, no, el odio hace mal. No sé, quizás puedas darle una oportunidad a algún otro chico, aunque sea para conocerlo. No te quedes encerrada y amargada.
-Creo que me gusta Deri, es un compañero de la uni. Podría intentar ser su amiga, y conocerlo mas....Quién sabe, quizás termine siendo mejor y mas interesante que Richard.
-Bien, ésa es la actitud.
-Pero tampoco tengo muchas ganas.....No sé si podré sacarme algún día a Richard de la cabeza, todo me recuerda a él.
-No me digas que sos de las que les ofrecen un vaso de cerveza y dicen “Ay, él también toma cerveza”.
-Sí, el toma cerveza.
-Ok, el ejemplo no fue el indicado. A ver...esto jamás te puede hacer recordarlo –miró el pañuelo que yo tenia en la mano –Pañuelo.
-Me acuerdo cuando él me pidió pañuelos porque estaba enfermo y...
-Chocolate.
-Una vez me ofreció unos caramelos de chocolate...
-No puede ser....Algo insólito. ¡Ya sé, ésta es imposible que la relaciones con él! ¡Payaso!
-La feria. Había un payaso y yo lo estaba mirando, y Richard se me puso al lado.
-Ayy....otra: árbol.
-¡Actuamos de árboles en la obra de la escuela!-lloriqueé.
-Yo no puedo creerlo....la última: ¡Bondi!
-Cris...la primera vez que lo vi fue en un bondi, yendo a la escuela...estaba tan lindo....y tenía esos oj...
-¡Enchufe!
-¿Enchufe? Ay, mirá...no hay nada relacionado con él y los enchufes...
-¡Al fin! Bien, cuando no quieras pensar en él, pensá en enchufes. Al parecer es lo único que existe que no te hace recordarlo.
-Pero Cris, no me parece la solución....Además los enchufes son feos, una puede meter los dedos y electrocutarse...
-No pienses eso.
-Está bien. ¿Tenés una lapicera?
Señaló un lapicero, sobre un mueble. Busqué una y escribí en mi mano.
-En....chu....fe.....Es horrible.
-Hacé como quieras.
-De acuerdo. Bien, tengo que irme, tu comida estuvo muy rica. Gracias por todo, de verdad.
-¿Mañana irás a trabajar?
-Por supuesto. Y...por favor, de esto ni una palabra a John, él no dudaría en asesinar a Richard y después asesinarme a mi, no quiero mas problemas.
-No te preocupes, de mi boca no saldrá nada.



Al día siguiente, miraba por la ventana, apoyada en la barra, totalmente ida en mis pensamientos. No sabia cómo me sentía, sólo estaba...cansada.
-¡HERMANA!
-¡AYYY! –grité, dando un salto –¡John cuándo se te irá esa costumbre de entrar por la puerta de atrás!
-¡Qué importa eso! ¡Estoy feliz!
-¿Te ganaste la lotería?
-¡Mejor! ¡Nos vamos a Hamburgo! ¡Se nos dió!
-¿Qué? –pregunté extrañada.
-¡Siiii! ¡Nos vamos, nos vamos! –siguió gritando, mientras me sacudía -¡Dale, felicitame!
-John, para felicitarte necesito que dejes de zamarrearme así....-dejó de hacerlo, y me miró con sus ojitos llenos de alegría –Ehhh....ay John, no puedo. Me da miedo esa ciudad, tiene fama de ser cualquier cosa.
-Jeje, por eso me gusta.
-Es enserio, me preocupa.
-No pasará nada, nos vamos a cuidar, tampoco voy  solo. Vamos, felicitame.
-Ya que insistís tanto....-reí, y me abrazé a él –Te felicito hermano feo.
-El abrazo y lo de “feo” están de mas –dijo separándome –Nos va a ir bien, ya verás.
-¿Adónde te va a ir bien? –preguntó Cris, apareciéndose debido al escándalo.
-Oh Cris,...debo decirte que el amor de tu vida, o sea yo, se va a Hamburgo.
Escupió el café que estaba tomando y nos miró.
-¿El qué?
-Tranquila cariño, es por una temporada, no me voy a por toda la vida.
-Hamburgo es horrible. La llaman Babilonia.
-¿No era Sodoma?
-Da igual...
-Pero mujeres, será emocionante. Está lleno de alemanes a los que les gritaré de todo sin que me entiendan, y comeré mucho chukrut y hamburguesas.
-Si vos lo decís....
-¿Me vas a extrañar, Cris?
-Puede que sí, puede que no...



Al fin llegó mi día de clase de guitarra. Con cuidado, coloqué a Violeta en su estuche y salí de casa. Para lo único que tenía entusiasmo era para eso, para hacer música.
Llegué a la esquina de la casa de George, y los vi a él, a John, a Paul y a Stu, parados allí. Mas bien no los vi, sólo los reconocí por la manera de parase, ya que cada vez estaba mas miope y ni en sueños quería usar los lentes; en eso era igual a John. Por eso a la gente no la veía, sólo la reconocía.
Allí estaban parados, haciéndose los teddy boys aunque mas bien parecían ladrones esperando que cayera una víctima. Me acerqué a ellos.
-Hola delincuentes –saludé.
-Hola hermana fea.
-Hola bestia.
-Hola Wells salvaje.
-Hola linda.
-Aprendan de Stu, él sí sabe tratar a las mujeres.
Stu sólo esbozó una sonrisa galante.
-No pretendas que te saludemos bien si nos llamás “delincuentes”.
-Parecen eso, querido Macca. ¿Cómo estás, adorable Stu? –dije con el fin de picarlos mas a los otros.
-Ahora que te veo, excelente.
-Ey, ey, ¿desde cuándo se tienen tanta confianza? –John nos miró mal.
-No te metas Lennon, con Stu seremos novios algún día, ¿no?
-Cuando quieras linda.
-¿¿¿Qué mierda te pasa con mi hermana???
-¡John, estábamos bromeando, no te tomes todo a pecho! –traté de calmarlo, Stu sólo se reía de la cara de furia de John.
-Ah, les convenía.
-Igual Stu me gustó hace un tiempo.
-Doy fe.
-¿QUÉ?
Todos nos reímos de John y sus ataques sulfurados de celos.
-Bestia, ¿viniste a que te de clases?
-Claro.
-Ufa...
-Entonces te perdés el dinero.
-¡Está bien! Necesito dinero para Hamburgo.
-Un momento. ¿Vos vas a ir?
-Claro –contestó Paul -¿Porqué no podría ir?
-Porque es men....
-¡Shhh! –todos chistaron al unísono.
-George entrará y tocará igual, será como mercancía de contrabando.-John sonrió como mafioso, mirando a George, que se hacía el superado.
-Si él no puede yo podría...
-No. Ni sueñes Wells que irás con nosotros, ni que estarás en la banda.
-Machista.
-Te lo dije  muchas veces.
-De acuerdo. Bueno, mercancía de contrabando, ¿me darás clase o no?
-Ok...Oigan, no le dijimos lo otro.
-Ah si –dijo Paul –Cambiamos de nombre.
-Faa....ustedes cambian de nombres como de calzones. Bueno, no sé si se cambiarán los calzones.
-Wells, no seas soez.
-Uy habló la educación hecha chico Lennon. Y bien, ¿cómo diablos se llaman ahora?
-Beatles.
-¿Beetles? ¿Por qué insisten con los escarabajos? Me da asco ese bicho, todos cascarudos, feos....
-Porque en el Antiguo Egipto el escarabajo era símbolo de inmortalidad –dijo Stu, con seguridad.
-Esa obvio que eso se le iba a ocurrir al único culto del grupo.
-Gracias linda.
-Paren ustedes dos de tirarse flores. ¿Y? ¿Ahora te gusta el nombre?
-Deduzco que pretenden ser inmortales.
-Lo pretendemos y los seremos.
-Claro,  y yo pretendo se astronauta y llegar a los anillos de Saturno. Ay, dije anillos....mejor me voy a casa.
-Jaja, ¡eso te pasa por mala! –se burló John –Si querés, no nos creas, ya vas a dar entrevistas diciendo “Yo vi nacer a este genial grupo, eran mis vecinos. Lástima que los maltraté tanto y ahora NO ME DAN DINERO”.
-Al cabo que ni quería.
-Ya, dejen de pelearse –dijo Paul, cansado. Hay otra cosa. No somos “Beetles”. Somos ”Beatles”. Con una A en el medio.
-Y encima analfabetos....
-Todo tiene su razón, Wellcita. Hacemos música beat. Por lo tanto, la A en medio va bien. Y también es como que queda “los sin-ritmo”. ¿Entendés? Es un juego de palabras.
-Que genial, para algo usan la cabeza. Espero que no terminen en una comisaría alemana, ahí todo debe doler mucho.
Lanzaron suspiros de desaprobación  y George se fue a su casa, seguido de mi. De mala gana me dio clase, y yo lo miraba con atención. Me parecía muy chico para ir a Alemania. Bueno, no sólo él, sino todos.




-Puto teléfono de mierda.
-Ay Mercy, ¿qué te pasa que puteás así?
Miré a Abby y me eché a reír. A veces escandalizaba a la gente por mi manera de hablar, poco propia de una señorita.
-Este teléfono hace tres días que no funciona, no tiene tono. Si mi madre está llamando, se estará preocupando mucho.
-Las operadoras le deben haber informado, no sos la única, hay mucha gente en Liverpool que se quedó sin teléfono. Dicen que hay problemas con los cables, o algo así.
-Bueno, espero que le hayan dicho, sino tendré que llamarla de algún lado.
-Ya me tengo que ir, tengo que ayudar a Paul a armar su maleta.
-Abby....¿vos estás de acuerdo en que se vayan?
Desvió su mirada por unos segundos, y cuando volvió a posar sus ojos en mí, los noté húmedos.
-Yo....no, no estoy de acuerdo. Me da mucho miedo, tanto por lo que le pueda pasar como....¿mirá si me deja por una alemana? Esas son altas, rubias, con pecas...
-Oh Abby.....-la abracé y ella se aferró a mí –tranquila, todos sabemos que para Paul sos la mujer de su vida. Eso no pasará, y esperemos que nos le pase nada malo tampoco, son varones y se saben cuidar entre ellos.
Asintió, se separó de mi y se secó los ojos con las manos.
-Sí, seguramente no pasará nada –sonrió.
Le sonreí yo también y le palmeé un hombro. Luego la acompañé hasta la puerta. Ni bien abrí, nos encontramos con John, que estaba a punto de tocar el timbre.
-Ey, me ganaron, ¿cómo están?
-Bien –respondí -¿Qué es eso que tenés en la mano?
-Una carta, estaba tirada acá.
-Chicos, ya me voy, los veo después –Abby de despidió y se fue.
-Pasá –le dije a John. Él entró y me dio la carta.
-¿Qué hacías?
-Ordenaba ropa en mi habitación. Vení si querés. –subí las escaleras y él me siguió.
-Vaya despelote Wells –dijo ni bien entró –Ésta no es la habitación de una mujercita.
-Parecés tu tía hablando así –reí –Sentate si querés.
Se sentó y encendió un cigarrillo, mientras me miraba doblar ropa y meterla en el armario. A veces agarraba un vestido o una camisa, los miraba, y después los dejaba a un lado con cara de asco.
-John, estoy doblando la ropa y en cuanto me doy vuelta está todo desarreglado.
-No fui yo, son los duendes.
Me reí, y negué con la cabeza, mientras metía unas medias en un cajón.
-¿No vas a leer la carta que te llegó?
-Uy cierto, ya me había olvidado –la busqué entre la ropa, ya que había quedado sepultada allí. –Veamos de quién es....Ah, mi madre.
Me senté en la cama, junto a él, y rasgué el sobre. Comencé a leer en voz alta.
-“Mercy, hijita...”
-Hijita jaja
-Shh...dejame leer. Voy de vuelta.
 “Mercy, hijita:
                       Estuve llamando, como todos los días, pero me dijeron que hay problemas con los teléfonos de Liverpool. Espero que estés bien. Quiero avisarte que en unos días estaré por allí, debo terminar los trámites de la sucesión de tu padre, y de paso quiero verte. Debo decirte que no iré sola. Mer, hija....esto tendría que decírtelo personalmente, o aunque sea por teléfono, pero no tengo otra alternativa que decírtelo por aquí, mas que nada para que no te lleves una sorpresa quizás desagradable para vos. Lo que quiero decirte es que estoy con alguien, no vivo con él, ni quiero aún, pero él me acompañará a Liverpool, y se quedará unos días. Se llama Harry, es un hombre muy bueno  y amable, me cuida mucho y me quiere, y yo también creo que lo quiero, ya sabés, no es fácil olvidar a un hombre como tu padre... Mercy, cuando vayamos, por favor tratalo bien...”

No seguí leyendo, solamente dejé caer la carta al piso, con cierto desprecio.
-Se llama Harry, igual que el padrastro de Richard.
-Gracias por terminar de cagarme el día, Lennon.
Se quedó callado, visiblemente arrepentido.
-Esto te enoja, ¿no?
-Si. Bueno...no sé. No sé qué pensar.
Me dejé caer en la cama, y suspiré. Él se echó a mi lado y nos quedamos mirando el techo, perdidos en nuestros pensamientos.
-John....¿nunca sentiste que todo lo malo te pasa a vos?
-Si, muchas veces....
-Qué bien, no soy la única. Pienso que la vida se me caga de risa en la cara. Esto parece una broma. ¿Mi madre, con novio? Tiene mas suerte que yo....
No dijo nada, se quedó casi inmóvil, de no ser porque movía la boca masticando un chicle.
-Te voy a extrañar Johnny...-instintivamente le tomé la mano, pero no se quejó.
-Yo también hermana. ¿Sabés? Creo que sos de las pocas cosas que elegí y que me salieron buenas. Te elegí como hermana y....eso, sos buena. Emm...perdón por llamarte “cosa” –rió, y volvió a ponerse serio -Me parece que te quiero.
Largué una carcajada y le di un golpecito en el hombro.
-¿Cómo “Me parece”? Pensé que lo nuestro era seguro. –dije entre risas.
Me miró y se rió también.
-A mi no me parece nada, yo te quiero y punto. Sos mi mejor hermano.
-Jaja, si tenés uno solo....Ey, Mercy, cuando esté en Alemania no hagas ninguna locura, portate bien. Te voy a vigilar desde allá.
-Vos también portate bien, y no te tires a cuanta mujer se te cruce.
-Ese era mi objetivo.
-¡John!



Pasaron unos pocos días, y allí estábamos, en el puerto. Yo cargaba un montón de maletas y bolsas, digamos que me usaban de mula. ¿Caballeros? No, no eran eso, para nada.
-Acá dejo sus porquerías –puse las cosas sobre el piso, pero ellos ni me escucharon, estaban ocupados viendo si tenían los pasajes y si faltaba mucho o poco para embarcarse.
Mimi los miraba con desaprobación, la señora Harrison cuidaba de que su pequeño no se olvidara de nada, Pete y su madre fumaban despreocupadamente, Abby no se despegaba de Paul, y Stu miraba todo con diversión.
-Esta escena tan rara me inspira para un cuadro.
-Pintalo cuando llegues a Hamburgo –le dije convidándole un cigarrillo
-Sí, quizás....
-Ey, ¿vas a conseguirte una alemana?
-¿Una? Unas cuantas...-rió
-Ay que malo, entonces no serás mi novio.
-Wells, no seas regalada –me retó John.
Stu y yo nos reímos, ni en un momento así John dejaba de celarme.
Se apareció el tipo que los llevaría, y miró su reloj pulsera.
-Bien muchachos, ya es hora de subir.
Asintieron, y comenzaron a despedirse. Stu me saludó enseguida, le dije que se encargara de todos porque, sinceramente, era al único que le tenía confianza. Cos Paul nos saludamos con nuestra habitual sacada de lengua, pero después nos reímos y nos abrazamos. Le advertí que no hiciera nada malo que afectara a Abby, o se las vería conmigo.
-Paul, mirame, decime que no vas a hacer nada.
-No, no, ya te lo prometí, además le tengo miedo a tu puño vengador –me guiñó un ojo –Nos vemos.
-Bestia, te vas a perder unas cuantas clases magistrales mías
-Qué pena –reí.-Comeles toda la comida a éstos, no les dejes nada.
-¡Por supuesto que lo haré! Y...por favor, cuidame a Juliet.
Sonreí por verlo bastante sonrojado y le pellizqué los cachetes, era imposible no hacerlo, era muy adorable el chiquito.
-Perdé cuidado, lo haré.
Sonrió otra vez y siguió a Paul, que ya estaba subiendo al barco.
-Hermana.
-Hermano.
-No me extrañes, ¿eh?
-Johnny....eso será imposible –lo abracé fuerte y le di un gran beso en la mejilla.
-Ojo Mercy, cuidado con lo que hacés.
-Lo mismo digo. Tratá de no vomitar en el viaje.
-Si lo hago será pensando en vos.
-¡Que malo sos, eh!
Gritaron que ya subieran todos, porque ya zarparían. Me saludó una vez mas moviendo su mano y subió apurado.
Desde arriba, saludaron desparramando besos como si fueran grandes artistas. No me cabía duda de que algún día lo serían, pese a que eran un desastre.  Con esa lentitud enfermante de los barcos, se fueron alejando lentamente, hasta que casi los perdimos de vista.
-¿Quieren venir a tomar té a casa? –dijo la señora Harrison, secándose las lágrimas.
-Me parece buena idea –respondió Mimi, que disimulaba muy mal su tristeza –Mercy, ¿venís?
Miré a Abby, que se sonaba la nariz, ella asintió.
-Si, vamos. –contesté.
Las cuatro caminamos hacia la salida del puerto, sin decir una palabra.



************* 
HOLAAAAAAAAAAAA!!!!!!
Sí, sé que me extrañaron, que ya estaban dando vueltas, ansiosas porque yo no subía, y es que ya lo sé, soy su adicción, me siento Paul McCartney (?)
Bueno, me dejo de decir giladas y agradezco que no hayan armado el fueguito para tirarme ahí por el capitulo anterior jajaja. Como vi, están armando un ejército, y yo también quiero estar, anótememe, quiero estar en la banda de música y tocar el redoblante XD Ok, armen todos los ejércitos pro-defensa de Mercy cuando y como quieran. 
Ahora las dejo, y no me presionen para subir que necesito toda mi concentración y poderes mentales para hacer el final del oootro fic (esto me pasa por tener tantos jaja)
Besos! 

11 enero 2013

Capitulo 52 Un paso en falso


-Se llama Geraldine, es de tercer año, y va a mi misma escuela –Juliet, encaramada frente a la barra, me pasaba información que había recolectado aunque yo no se la hubiera pedido.
-Geraldine...-repetí sin emoción.
-No va al mismo curso de Abby, va a la parte de ciencias naturales, por eso ellas nunca se vieron. Pero yo sí. Es delgada, rubia y...una más del montón. No se destaca ni por las notas, ni por deportista, ni por nada. Es una chica común y corriente.
-Bueno...gracias por los datos –dije comenzando a limpiar.
-Ya me tengo que ir, George me espera y....
-¿Tenés algo con George?
Mi pregunta había sido demasiado directa para la indefensa chica. Me miró con sus ojos abiertos de par en par.
-Ehh...ehh...sólo somos amigos.
-¿Amigos? –se me dibujó una sonrisita.
-Si....amigos.
-Vamos Juliet, no te conozco mucho pero...¿estás segura que sólo “amigos”? A mí me parece que hay algo mas –la miré, expectante por que reconociera la verdad. Pese a que estaba desilusionada del amor, aún creía que a los demás les podía ir bien.
-Bueno....yo...este...
-Te gusta. Vamos, es así. Sino negámelo, pero mirándome a los ojos.
-Pues...-miró a todos lados, visiblemente nerviosa –Está bien, ganaste. Me gusta.
-¡¡¡Bien!!! ¿Para cuándo el noviazgo?
-¡Mercy! Yo no sé si George....
-Sí, George también.
Si Harrison se enteraba de lo que acababa de hacer, no dudaría en asarme a la parrilla por mas que pareciera no ser capaz ni de matar una mosca. Ya lo conocía demasiado bien al chiquito.
La cara de Juliet chispeó de alegría, pero enseguida la llamita se apagó.
-No me sirve de nada –dijo mirando a su dedo índice, que frotaba la madera de la barra –Que yo le guste y que él guste de mí, no me sirve.
-¿Eh? ¿Por qué?
-Mis padres. No quieren que tenga novio hasta los 18. Y cuando lo tenga, exigen casamiento.
-Mierda.....eso sí que es jodido.
-Ya lo ves....
-Quizás puedan andar a escondidas, no sé....Si necesitan alguien que los cubra, cuenten conmigo. Pero bueno, no quiero acelerar nada, vayan ustedes pasito a pasito.
-¿Te parece?
-Juliet, los dos se quieren. Aunque sea háganlo por mí.
-Tenés razón....-me miró con tristeza –Bien, ya me voy.

Suspiré y comenzé a secar unos vasos, que luego, lentamente, fui acomodando sobre un estante. Me detuve cuando me sentí cansada, pero cansada mentalmente. A cada instante volvía a ver esa maldita escena. Así que esa chica se llamaba Geraldine....¿Desde cuándo serían novios?
-¡Mercy Wells!
Espantada, casi tiro un vaso al suelo.
-¡Cris, me asustaste!
-¡Mujer, hace media hora que estoy hablándote y ni caso!
-No te escuché...
-¿Estás bien?
-Si, ¿por?
-Mirame –me obligó a mirarla a la cara –Vos no estás bien, ¿qué te pasa? ¿Es por el estudio?
-No, mirá que voy a estar mal por eso...
-¿Por tu mamá?
-No.
-¿Por tu papá?
-Tamp....Bueno sí, lo extraño, pero ahora no estoy mal por eso.
-¿Y porqué entonces?
Tomé aire, y traté de que no se me humedecieran los ojos.
-Ay Cris...-mi voz sonó demasiado angustiada.
-No me asustes, ¿qué tenés?
-Richard...
-Tuve que suponerlo. Mal de amores.
-Tiene novia....
-Ay hija....vení conmigo –me extendió los brazos, pero me alejé casi con brusquedad.
-No, no, si me abrazás voy a llorar. Y no quiero llorar.
-¿Qué tiene de malo?
-No –dije que con firmeza –Ya lo he dicho antes. Nunca, pero nunca, voy a llorar por un hombre. Por el único que he llorado es por mi padre, y así lo seguiré haciendo. Los demás no se merecen nada.
-Pero...
-Nada. Y ahora, voy a dejar de penar. Está bien, no es su culpa, nunca fui explícita, y no se dio cuenta de lo que me pasaba con él, aunque....bueno, una vez se lo dije. Pero fue hace mucho y seguramente lo olvidó. Bien, no me quiere. ¿Qué puedo solucionar poniéndome mal? Que sea feliz con su...¿cómo era? Geraldine. Yo voy a seguir con la frente bien alta –estiré con firmeza la remera que tenía puesta y me fui a la cocina. Cuando volví, Cris estaba apoyada en la barra, esperándome.
-Te felicito por el discurso. Faltaron los aplausos de un montón de feministas.
-No me cargues.
-Está bien, pero pese a tus palabras, te noto mal. Si querés dejá todo y andá a tu casa a descansar.
-No quiero, acá me distraigo.
-Encima sos caprichosa....Ah, ¿sabés una nueva? Tu hermano anda con Marcia la marciana.
-¡Estúpido idiota! –exclamé –Tranquila, mi hermano será para vos. Yo me voy a encargar de la zorra esa.
-Dejalo. Cuando se dé la cabeza contra la pared, vendrá.
-Admiro tu paciencia.
-No es paciencia, es experiencia. Por algo soy mayor.
-Y ya que sos mayor y tenés experiencia, ¿qué me recomendás con Richard?
-Nada, ya está con otra, no vas a ir a quitárselo. Lo único que te pido es que no hagas algo de lo que te arrepientas.
Caminó con tranquilidad hasta la puerta, y allí se encendió un cigarrillo. La seguí con la mirada, tratando de dilucidar el porqué de sus palabras. Yo me conocía bien, no era capaz de locuras....





-Esta clase es un bodrio, yo me voy –cerré de un golpe el cuadernillo de clase, mientras miraba a Evelyn -¿Qué vas a hacer?
-Me quedo un rato mas. Si dicen algo importante te aviso.
-No creo que digan algo –reí –Nos vemos.
Salí del aula pasando frente al aburrido profesor, que me miró con cara de pocos amigos.
Tomé por una de las calles arboladas de la universidad, en dirección a la salida. Había escapado una hora y media antes, y la verdad, no tenía mucho para hacer, salvo volver a casa y ponerme a estudiar. Un plan feo.
-¡Ey!
Miré a todos lados, buscando a quien me habría llamado. Vi a Friederich corriendo hacia mí.
-Hola, veo que también escapaste.-le dije.
-Estaba harto de Platón. ¿Volvés a tu casa?
-En realidad, no sé qué hacer.
-Tengo que retirar un libro de la biblioteca, ¿después querés que compremos unos helados? Aunque sea para pasar el rato...
-Claro, me encantaría.
Caminamos rumbo a la biblioteca. Comenzó a hablarme de su profesor, que tenía fama de ser un témpano de hielo. No hice mas que reírme de lo bien que lo imitaba.
Enseguida encontró el libro y  lo retiró.
-Cerca de acá hay una heladería, pese a que aún hace frío, creo que sigue abierta, ¿vamos?
-Sí, vamos.
-¿Me averiguaste lo de la batería?
Ya me parecía que llevaba mucho tiempo pasándola bien. Creo que en la cara me saltó un gesto de dolor.
-Ehh...no pude. Mis amigos no saben nada, y el baterista de su grupo se fue de viaje –mentí descaradamente.
-Ah, no te preocupes, ya conseguí asesoramiento. El amigo de un amigo –rió- de George, toca en una banda de Birmingham, y lo llamé por teléfono. Me dio algunos consejos que me guiaron bastante.
-Qué bien. ¿Cuándo la comprarás?
-Seguramente la semana que viene.
Llegamos a la heladería, que por suerte estaba abierta, y casi vacía. Pedimos nuestros helados, que él, muy caballero, pagó, y nos sentamos allí mismo a comerlos.
-¿Puedo hacerte una pregunta? -dije saboreando mi helado de chocolate blanco.
-La que quieras.
-¿Tenés algún apodo, o sobrenombre? Friederich es un nombre largo.
Rió, y comió un poco de su helado.
-En Leeds me llaman Deri.
-¿Deri?
-Si. Por FrieDERIch. Un asco.
-Ey, no está mal. Creo que es de la única forma que te podrían llamar.
-Sí, tengo un nombre complicado. Pero el apodo parece de mujer.
-Para nada, me gusta. Y...¿seguís tocando la armónica, Deri?
Otra vez rió.
-Veo que te va a costar poco acostumbrarte a mi apodo. Y respondiendo a tu pegunta, sí, sigo tocando. La llamo “la armónica de la suerte”, porque el año pasado la traía a la universidad todos los días, y cuando había exámenes todos la tocaban un poco para que les fuera bien.
-¿Y funcionaba?
-Y...a veces si, y a veces no. No la traje mas, porque los compañeros que tenía dejaron la carrera, sólo quedaron desconocidos, excepto George. La armónica quedó en el olvido, salvo para mí.
-Traela, así la toco yo y me da suerte. Aunque...si no estudio, dudo que sus poderes puedan ayudarme.
Otra vez rió y me quedé viéndolo. Ese chico, hasta hacía poco tiempo me gustaba, y mucho. Pero había quedado en un rincón cuando me jugué todas las fichas con Richard. Y perdí. Ahora podia volver con Friederich pero eso sería...usarlo. Y eso no estaba nada bien. Todo sería cuestión de darle tiempo al tiempo, todavía no quería saber nada del amor.
Seguimos a las risas, a veces eran tan fuertes que los empleados de la heladería nos miraban mal.
-Bien, está anocheciendo, voy a irme –dije riéndome después de que él me contara un chiste que podía ir al infierno de tan malo que era.
-Te acompaño
-Voy sola, no te preocupes.
-Mercy, no está tan lejos, te acompaño. De paso sigo contándote chistes.
-Jaja, ok, está bien.
El trayecto se hizo corto, y cuando legamos vi a John apoyado en la puerta de la que era su casa. Enseguida cruzó la calle y se plantó frente a nosotros, con una mirada de hielo.
Hola –lo saludó Deri, con una sonrisa.
-Hola Friederich –respondió John. Lo miré con severidad.
-Bien Mercy, fue un gusto acompañarte. Nos vemos.
-¡Adiós Deri! ¡Y no te olvides de la armónica de la suerte!
-¡Ya la llevaré, no te preocupes! –respondió ya alejándose.
-¿¿¿Qué hacés con este tipo??? –John me tomó del brazo y me miró con furia.
-¡John soltame, me hacés mal!
-Te dije que ese tipo no me gusta nada.
-John Winston Lennon te recuerdo que para discutirme algo estás en inferioridad de condiciones. ¿Sabés por qué? ¡Porque me enteré que estás con Marcia!
-¿Quién te dijo eso? ¡Es mentira!
-Me dijo Cris.
-Ey...¿Cris? Y...¿estaba celosa? –borró su furia y me miró con interés.
-¡Eso no viene al caso, pedazo de cuadrado! ¿Por qué estás con esa puta?
-¡Yo no estoy! Me la cruzé un par de veces y charlamos, eso es todo. Reconozco algo: ella me busca.
-Animal rastrero....La voy a reventar.
-Vos ocupate de la tuyo, que demasiado tenés. ¿Qué onda con el infeliz éste que te acompañó?
-Ay nada John, eso, me acompañó. Antes tomamos helado, nada mas.
-¿¿¿Tomaron helado???
-¡Dejá de hacer escándalo por cualquier gilada!
-Está bien. Estás grande y creo que sabés lo que hacés. Pero ya te dije una vez: en eso de que un clavo saca a otro clavo, te podés martillar un dedo.
-Dejame tranquila Lennon –me giré y entré al jardincito delantero de mi casa, que por cierto, estaba bastante descuidado. Él me siguió.
-Se va a Hamburgo el lunes. Tenés una última oportunidad.
-No quiero mas oportunidades. Te dije que me dejes tranquila.
-El sábado hay una fiesta en su casa, estarán todos ellos, y nosotros y otros de otras bandas también. Vos estás invitada, él me lo dijo.
-¡Qué hipócrita que es!
-Mercy él no sabe nada....
-¡¿Cómo que no sabe nada?! ¿Cómo nunca se dio cuenta? ¡Cómo puede estar tan ciego, Dios! –me apoyé en el marco de la puerta, y respiré hondamente, tratando de calmarme –Ya....tengo la respuesta: nunca se dio cuenta porque nunca me quiso. Normal.
-Mercy, ¿vas a ir?
-No seas tarado –lo miré con rabia.
-Es tu última oportunidad.
-No hay mas oportunidades John, tiene novia, fin de la cuestión.
-Vas a ir igual, todos vamos a ir. Olvidate que será en su casa, aprovechá para disfrutar. Hasta podés darle celos, si es que alguna vez le pasó algo con vos....
-No voy a ir. No quiero sufrir mas.
-Como quieras. Pero el sábado vengo, por si cambiaste de idea.



El viernes y el sábado fueron días espantosos para mí. Primero: no había dormido nada en las noches, tenía una pesadilla tras otra. Eso me daba la pauta de que vivir sola me estaba costando...Segundo: un parcial en el que había puesto todo mi empeño fue estampado con un aplazo grande como un piano. Y tercero.....no podía dejar de extrañar a mi papá. Llorándolo a él, lloraba por todas las cosas que me pasaban.
Por eso, el sábado a la tarde, me senté frente al televisor para consumir toda la mierda que quisiera venderme. Me preparé algo para comer y allí estuve bastante rato, masticando frente a un concurso de talentos donde los talentos brillaban por su ausencia. El timbre sonó a eso de las 9 de la noche.
-Hola hermana –saludó John con una sonrisa -¿Y? ¿Venís?
-¿Adónde? –pregunté desorientada.
-¿Te olvidaste?
Hice memoria y lo recordé. Lo miré con cansancio.
-No voy a ir. Dejame sola –intenté cerrarle la puerta en la cara, pero él me detuvo.
-Pará. No te hace bien estar sola. Vení conmigo, van a estar las chicas, charlás, tomás algo, te reís un rato y listo. Si te sentís muy mal nos volvemos. Al él ni lo saludes, no es necesario.
No sé porqué acepté. Quizás era porque John tenía algo que hacía que yo jamás me negara a nada, o quizás, simplemente, era una masoquista. Sólo lo seguí, sin siquiera cambiarme mi camisa y mis raídos pantalones negros. Tomamos un bondi y casi no dije una palabra, sólo lo escuchaba, asentía y miraba por la ventanilla.
Llegamos a la casa de Richard, y yo seguía en esa especie de “no-estado”, no pensaba en absolutamente nada, tenía la mente en blanco.
Como parecía que todos entraban y salían a su antojo, John ni tocó timbre, directamente entró. Allí estaban todos de mucha arana, tomando alcohol como locos. Y en un rincón, Richard y la famosa Geraldine. La miré, primero como a una rival, y después....después ya no. La chica no tenía la culpa de nada. Era flaquita, mas que yo. De hecho, yo parecía un gigante a su lado. Rubia, de cabello rizado y unos grandes ojos verdes. Si las cosas continuaban bien para ellos, en poco tiempo tendrían unos hijitos preciosos...
John me llevó directo al fondo, donde estaban Paul, Stu, Abby, George y Pete. Me sumé a ellos, aunque lo único que hacían era contar cuentos verdes. Pero John tenía razón, me había olvidado de dónde estaba. Hasta que lo escuché.
-Hola Mercy ¿cómo estás?
-Hola Richard –mi voz salió seca, sin vida. Y mi mirada hacia él era igual, o eso creía.
-Creo que de todos los que estamos acá, vos sos la única que no conoce a Rory, ¿Puede ser?
-No, no lo conozco. –volví a responder con la misma sequedad.
-Vení –me llevó hasta un sillón, donde el dichoso Rory tomaba cerveza y charlaba con tres tipos mas.
-Ey Rich, ¿quién es ésta chica tan linda?
-Soy Mercy Wells, un gusto Rory –respondí sin darle tiempo a Richard a contestar.
Extendí mi mano, que Rory besó caballerosamente.
-Mercy, el gusto es mío, conocer a un dama tan fina como vos....
-Bueno...gracias...-reí nerviosa. Me di cuenta que Richard nos miraba a los dos, algo sorprendido. En ese momento, él estaba completamente de más.
-¿Y de dónde se conocen?
-Éramos compañeros de colegio –respondió Richard.
-Ah...ya lo veo....
-Wells, vení –John me tomó del brazo y me obligó a seguirlo hasta dond estaban  los chicos, sin darme tiempo ni a saludar a Rory.
-No sé si agradecerte o qué –le dije.
-Quedate acá.
-Bestia, ¿qué te parece si hacemos una competencia? –propuso George.
-¿Competencia de qué?
-Fondo blanco. El que toma más rápido, gana.
-Wells no puede tomar.
-John, me traés acá para sufrir, aunque sea dejame tomar un vaso de algo.
-Uff...está bien, pero poco.
El “poco” de John, se transformó en “demasiado”. Pero a la vista quedó que George tenía menos aguante que yo, porque al rato no paraba de decir estupideces, se reía, y pedía por favor que no le sirvieran mas. McCartney, por su parte, fue un duro contrincante, pero dejó la competencia cuando Abby se enojó, y con toda la razón. Por eso, ellos fueron los primeros en irse, mientras Abby arrastraba a Paul, le decía que jamás volvería a salir con él. John, para esas alturas, también estaba entrando en un estado deplorable, pero no paró de brindar por Hamburgo.
Al quedarme casi sola, salvo por tener a George ya durmiendo en mi hombro y babeándose, me dediqué a tomar, mas de lo que había tomado. Los efectos no tardaron en aparecer, y pronto estaba mareada y....llorando. Si, lloraba escondida, en realidad me hacía la dormida sobre la mesa para que nadie me viera. Era la primera vez que al pasarme de copas, me daba por llorar y no por reírme.  Cuando paré de hacerlo y levanté la vista, ya pocos quedaban en la fiesta. Esos pocos estaban o dormidos, o borrachos. Pero también escuché voces fuertes, como una discusión. Traté de centrar mi vista, buscando a los que pelearían, y para mi sorpresa, eran Richard y su novia. Él estaba mas muerto que vivo, y ella parecía muy sobria, y así se fue, dando un portazo.
George seguía durmiendo, John estaba a punto de hacerlo y los otros chicos también. Rory charlaba muy cerca de una rubia, y el resto de los desconocidos charlaban o se besaban como si nada.
Me paré, como pude, y busqué mi chaqueta. La tenía John y la estaba usando para taparse en la silla donde se habia quedado dormido. Pensé en despertarlo, pero estaba en un estado terrible, y llevarlo a rastras no podía, porque yo tampoco estaba en condiciones. Le saqué mi chaqueta, él siguió roncando, y caminé hacia la puerta, mientras me la ponía. Pero no llegué. A la pasada, Richard me tomó de una mano y me atrajo hacia él, con fuerza.
-¿Qué hacés? –dije casi gritándole.
-Vamos a bailar –dijo apenas, la lengua se le trababa.
-No podés estar ni parado, soltame –intenté zafarme, pero él, pese al alcohol que llevaba encima, tenía mucha fuerza.
-Pero dale...-me agarró de la otra mano, y me pegó mas a él. Tragué saliva, intentando no mirarlo. Si lo miraba, podía caer, y no al piso, justamente.
-Richard te dije que me sueltes, estás mal, y yo....también. Me voy, estoy muy mareada.
-Un ratito mas –rogó.
Y ahí lo miré. Pese a que no tenía que hacerlo, lo miré. Y vi a quien me tenía loca, de amor y de dolor. Sentí esa fuerza irrefrenable que no sabía de dónde venía, que me empujaba a él. Esa vez no me resistí, cedí. Lo hice porque ya no podía aguantarme mas.
Y lo besé. Sin saber besar, pegué mis labios a los suyos y sentí, por un instante alegría. Pero después no. Ese no era el beso que muchas veces había soñado darle. Era un beso lleno de culpa, dolor, rabia....
Para mi sorpresa, él me correspondió, y lo hizo de una forma desconocida para mí, una forma apasionada, casi brutal, a la que poco me costó acostumbrarme.  Me agarró la cara,  y siguió besándome así, mientras para mis adentros me repetía una y otra vez que eso no estaba bien, que eso me causaría mas dolor que el que tenía. Pero no podía parar, era él, Richard, el que me besaba y no me importaba qué tanto apestaba a cerveza, o si tenía novia, o si estaba consciente de lo que hacía.....Me importaba que me besaba, y punto. Creo que fue el acto mas egoísta de mi vida.
A tientas, me hizo caminar, chocándonos con todo, hasta que abrió una puerta. Era la habitación donde estaba su batería, aquella habitación a la que una vez yo había entrado cuando lo visité porque estaba enfermo y él me pidió que le buscara pañuelos....
Me soltó, entramos, y cerró con llave. Me arrinconó contra una pared y siguió besándome, mientras dentro mío tenía un debate del mismo infierno. Sentí sus manos en mi cintura, que entraban debajo de mi camisa. Y después sentí  sus labios locos en mi cuello. Me mordí, y le agarré el pelo. Lo deseaba ciegamente, quería acostarme con él ahí mismo. Pero la conciencia llamó a mi puerta. ¿Qué estaba haciendo? Jamás había pensado algo así, nunca había sido una puta que se entregaba a la primera de cambio....Estaba por hacer algo de lo que podía arrepentirme toda la vida, con el tipo que amaba, sí, pero ese tipo tenía novia, y él estaba completamente borracho. Yo también lo estaba, pero tenía una gota de conciencia, cosa que él no. No podía aprovecharme de eso. No podía ser tan basura.
Por eso le di un empujón para apartarlo. Me miró desconcertado, y yo me vi agitada, con la camisa casi desprendida del todo.
-¿Qué pasa? –preguntó enojado.
-Richard...Richard...-le tomé la cara con las manos, buscado en esos ojos la mirada de la que me había enamorado, pero no la encontré.
-¿Qué pasa? –volvió a preguntar.
Mirame, decime quien soy, decime que sabés quien soy –lo dije con desesperación, esperando que me contestara que sí, que sabía. Creo que si hacía eso me hubiera entregado a él completamente, sin un pero.
-N...no sé...¿Qué tiene que ver eso? –respondió perdido, pero volvió a lanzarse sobre mi, empecinado en besarme los hombros y desabrocharme el pantalón.
Pero otra vez lo separé, ya llena de tristeza.
-¿Y ahora qué?
-¿No sabés que soy Mer...? Nada, dejá. Será mejor que me vaya.
-Pero....-no lo dejé terminar, porque le di un beso suave, dulce, de esos que alguna vez creí que podría darle. Me separé, con los ojos llenos de lágrimas y lo miré otra vez.
-Adiós Ritchie....
Lo solté, quité la llave de la puerta y salí, dejándolo solo a él, que seguía completamente desconcertado. Levanté mi chaqueta que estaba tirada en el suelo y miré hacia donde John, por suerte, seguía durmiendo. No se había enterado de nada.
Salí a la calle, prendiéndome los botones, y abrigándome con la chaqueta. Era demasiado tarde, ya no había bondis, así que caminé cargada de angustia. Cuando al fin llegué a casa, cerré la puerta de un golpe y me apoyé sobre ella, deslizándome lentamente hasta quedar sentada en el suelo. Me pregunté una y otra vez qué había hecho, porqué lo había hecho. Me desconocía. Si Richard alguna vez lo recordaba, no sé qué pasaría. No entendía porqué me había dejado llevar y agradecía al cielo el hecho de haber parado a tiempo.
Y entonce se acosté en el piso, y empecé a llorar, a llorar por ese amor que tanto me dolía. A llorar por él. ¿Había roto mi promesa? No lo sabía y tampoco me importaba. Lo único que sabía era que lo amaba, y no lo tenía. Creo que si el diablo se me presentaba, le hubiera vendido el alma como Fausto, con tal de conseguir ese amor no correspondido. Pero eso no sucedió. Llorando así, me quedé dormida.


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Ya sé. Todas están juntando leña para armar una hoguera y tirarme ahí. Si, vieron? Aparte de mala, soy vidente XD
Si les sirve de consuelo, estos dos últimos capitulos los hice casi llorando, porque yo los tenía planeados, pero cuando llega el momento de escribirlos da una cosa.....Si fuera por mi, estos dos ya estaría casados, llenos de hijos y cabras, pero si eso pasara, la novela ya hubiera terminado. Aparte, la vida real es triste y dura, y esto no puede ser taaaaan cuento de hadas, entienden? Ya lo sé, me van a quemar igual,  mi explicación no las convenció XD
Bueno, quiero dedicárselo a mi Cris, que siempre está ahí, en las buenas y...no tan buenas.
Juuli, te aviso que entre las lectoras hay una chica muy enamorada de Rory (Aye, te estoy llamando XD) y te va a matar. Meeentira, la verdad es que Rory era muy lindo, y el galán de Liverpool, mas que McCartney. Hay que apreciar la belleza, muchachas!
Bienvenida Patricia! En serio estás obsesionada conmigo? No lo puedo creer, soy objeto de obsesión! jajajajja, espero que sigas leyendo mis desastres llamados fics.
Y bueno, un saludo a todas las que leen! Prometo que los próximos capis ya no serán tan dramáticos, pero eso no quiere decir que no haya sorpresas  muejeje
Saludos!